“La amenaza sísmica no cambia porque ya tembló”: experto de la Universidad del Quindío pide reconstruir con mejores sistemas

El sismo del pasado 10 de agosto en era esperado por la ciencia, pero no su fecha ni su magnitud.
Estragos del terremoto del pasado 10 de junio en Manizales Crédito: Colprensa

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Carlos Arturo García advierte que la amenaza sísmica permanece y llama a reconstruir sin repetir errores del pasado.Crédito: La FM Armenia

rlos Arturo García Ocampo, ingeniero civil geotecnista, profesor del programa de Ingeniería Civil y director de la Maestría en Gestión del Riesgo de Desastres de la Universidad del Quindío, explicó que el terremoto del 10 de agosto estaba contemplado dentro de los escenarios de amenaza sísmica estudiados para la región, aunque ningún análisis científico permitía establecer cuándo ocurriría.

El experto destacó que la respuesta de la población y la evolución de las normas de construcción han marcado una diferencia frente a la tragedia de 1999, pero advirtió que los daños actuales, especialmente en muros y elementos no estructurales, todavía representan riesgos que deben ser atendidos antes de avanzar en la reconstrucción.

Un sismo contemplado en los estudios científicos

García Ocampo explicó que el movimiento registrado en agosto corresponde a un sismo de subducción, asociado al proceso mediante el cual la placa de Nazca se introduce por debajo de la placa Suramericana. Según señaló, esta posibilidad ya había sido identificada en estudios científicos desarrollados para establecer las fuentes sismogénicas de la región, entre ellos el estudio de microzonificación sísmica de Armenia.

“Este era un sismo esperado. Era un sismo de subducción que hacía algún tiempo se había dicho que podía pasar”, afirmó el ingeniero, quien aclaró que la ciencia podía identificar la amenaza, pero no establecer el momento exacto en que se produciría.

En ese sentido, recordó los análisis realizados por investigadores como el fallecido profesor Hugo Monsalve y otros especialistas que estudiaron durante años el comportamiento sísmico del territorio.

La explicación también permite entender por qué el terremoto no significa el final de la amenaza. García Ocampo indicó que Colombia mantiene una exposición permanente debido a su ubicación geológica, por lo que un nuevo evento puede producirse en otra fuente sísmica, incluso en zonas diferentes a la que originó el movimiento de agosto. “Puede seguir temblando, va a seguir temblando. La condición de amenaza sísmica no cambia porque ya tembló”, sostuvo.

¿Por qué el impacto fue diferente al terremoto de 1999?

Uno de los principales cambios frente al terremoto del 25 de enero de 1999 está relacionado con la evolución de la construcción y, especialmente, con la cultura de prevención adquirida durante estos años. Para García Ocampo, la población del Quindío mostró una respuesta considerablemente más preparada al momento de evacuar y priorizar la protección de la vida por encima de los bienes materiales.

“Yo celebro que la ciudad ha adquirido una mayor cultura de sismorresistencia”, señaló el especialista, quien destacó que actualmente existe mayor conocimiento sobre cómo actuar durante una emergencia. Como ejemplo, mencionó que durante la evacuación en la Universidad del Quindío los estudiantes dejaron atrás computadores y otros elementos de valor para salir de las edificaciones, una conducta que, a su juicio, demuestra el aprendizaje adquirido después de la tragedia de 1999.

García Ocampo recordó que después del terremoto de Popayán se estableció el Código Colombiano de Construcciones Sismorresistentes de 1984 y posteriormente surgieron nuevas disposiciones que modificaron los criterios de diseño. Para el terremoto de 1999, la norma de 1998 todavía no había entrado plenamente en vigencia, por lo que buena parte de las edificaciones existentes en Armenia habían sido construidas bajo estándares anteriores o sin una regulación sismorresistente equivalente a las actuales.

Posteriormente, la NSR-10 incorporó nuevos criterios para mejorar el comportamiento de las estructuras frente a los movimientos telúricos. El ingeniero explicó que los sistemas actuales buscan evitar el colapso de las edificaciones y, al mismo tiempo, controlar mejor los daños que pueden producirse en sus componentes no estructurales.

Los muros afectados siguen siendo un riesgo

Aunque la evolución de las normas permitió mejorar el comportamiento de las edificaciones, García Ocampo llamó la atención sobre un aspecto que puede pasar inadvertido: una estructura puede conservar sus elementos principales en condiciones adecuadas y, aun así, presentar riesgos importantes por daños en muros, fachadas y otros componentes no estructurales.

“La mampostería es la sangre de las edificaciones”, explicó el experto para dimensionar la importancia de estos elementos. De acuerdo con su análisis, algunos muros pueden quedar parcialmente desprendidos o debilitados después del sismo y posteriormente colapsar por efecto de réplicas, vibraciones o incluso movimientos generados por el tránsito de vehículos.

Por esa razón, recomendó que las personas no permanezcan en lugares donde existan muros sueltos o elementos que puedan desprenderse. Cuando no sea posible realizar inmediatamente las reparaciones o demoliciones necesarias, planteó que se debe evitar permanecer cerca de esas zonas hasta que sean intervenidas por personal competente.

“Si te sientes inseguro en tu casa, no estés en tu casa. Si tienes un muro suelto, es mejor que busques un sitio para estar hasta cuando se reponga el sitio”, advirtió García Ocampo, quien además recomendó contar con elementos básicos para responder ante una emergencia, entre ellos linterna, silbato y un kit de emergencia.

¿Qué debería cambiar en la reconstrucción?

Para el director de la Maestría en Gestión del Riesgo de Desastres, la reconstrucción debe convertirse en una oportunidad para corregir vulnerabilidades y no limitarse a reparar los daños visibles. En ese proceso, considera necesario incorporar nuevas tecnologías y sistemas constructivos que reduzcan el peso y el riesgo asociado a los muros de mampostería.

“Simplemente aprendamos de lo que hay, no volvamos a construir igual, construyamos mejor”, planteó García Ocampo. Su propuesta apunta a utilizar muros más livianos y soluciones constructivas que, en caso de producirse nuevos movimientos, disminuyan la posibilidad de que el desprendimiento de elementos provoque lesiones o pérdidas humanas.

El especialista considera que la misma lógica debe aplicarse a Armenia y a los demás departamentos afectados, de manera que la recuperación posterior al terremoto permita reducir la vulnerabilidad existente y fortalecer la capacidad de respuesta ante futuros eventos.

¿Puede volver a presentarse un terremoto de gran magnitud?

El Quindío continúa ubicado en una zona de alta amenaza sísmica, con exposición tanto a movimientos asociados a la subducción como a fuentes sísmicas locales relacionadas con las fallas que atraviesan la región. Por ello, el terremoto de agosto no debe interpretarse como un evento que agotó la amenaza existente.

García Ocampo recordó que Colombia forma parte del denominado Cinturón de Fuego del Pacífico y que la actividad sísmica se distribuye en diferentes zonas del territorio nacional. También mencionó antecedentes de grandes terremotos asociados a la subducción en el límite entre Colombia y Ecuador, así como otros eventos que han afectado históricamente al departamento.

¿Qué significa esto para los habitantes del Quindío?

La principal conclusión es que no existe una fecha que permita anticipar el próximo terremoto, pero sí es posible reducir sus consecuencias mediante mejores construcciones, mantenimiento, evaluación de edificaciones, preparación familiar y una respuesta adecuada durante las emergencias.

¿Por qué no se puede predecir cuándo ocurrirá otro sismo?

Porque la ciencia puede identificar las fuentes sísmicas, estimar la amenaza y estudiar el comportamiento del territorio, pero no establecer con precisión el día y la hora de un terremoto. Por eso, la preparación debe mantenerse de manera permanente.

¿Qué diferencia al terremoto actual del ocurrido en 1999?

La evolución de las normas sismorresistentes, los cambios en las prácticas constructivas y una mayor cultura ciudadana de evacuación contribuyeron a reducir la vulnerabilidad, aunque persisten edificaciones antiguas y elementos no estructurales que requieren intervención.

¿Qué debe hacerse ahora con las edificaciones afectadas?

La recomendación es no ocupar espacios que presenten daños o muros inestables hasta que sean evaluados y reparados, mientras que la reconstrucción debe incorporar soluciones más seguras y livianas que permitan disminuir el riesgo frente a futuros movimientos sísmicos.