Detrás del trágico hallazgo del cuerpo del profesor Kevin Santiago Ángel Garzón, abandonado dentro de una maleta en una ciclorruta de El Tintal en la madrugada del pasado 21 de mayo, se escondía una historia de manipulación que expone la crudeza del crimen organizado en el suroccidente de Bogotá.
La Fiscalía General de la Nación, a través de su Unidad Especial de Investigación, sacó a la luz los detalles de un plan milimétrico diseñado por una célula vinculada al Tren de Aragua. El objetivo de este grupo era quitar del camino a un ciudadano que, impulsado únicamente por un deseo de cambio social, se había convertido en una amenaza incómoda para las finanzas de las mafias locales que se beneficiaban especialmente por la venta de estupefacientes.
Lo que el profesor no dimensionó fue que su labor social estaba interfiriendo directamente con las zonas de distribución y control de drogas de la banda transnacional. Para los líderes de esta red, las actividades del maestro generaban pérdidas económicas y resistencia en la comunidad.
La trampa de alias Alondra por medio de las redes sociales
El plan para acabar con la vida del docente comenzó a ejecutarse desde los primeros días de mayo. La banda criminal designó el perfilamiento a una mujer conocida en como alias Alondra. Utilizando un nombre falso en las redes sociales, la mujer contactó a Kevin Santiago y empezó a ganarse su confianza de manera paulatina.
Durante semanas, mantuvieron conversaciones constantes de carácter personal e íntimo, ella le enviaba fotografías suyas y le hacía creer que tenía un interés sentimental genuino hacia él. Cuando sintió que la confianza era absoluta y que el profesor no sospechaba absolutamente nada, alias Alondra le propuso un encuentro presencial para la noche del 20 de mayo en un apartamento ubicado en la localidad de Kennedy (Bogotá).
La orden se dio desde Venezuela por cuenta del 'Tren de Aragua'
De acuerdo con el expediente de la Fiscalía, una vez que Kevin Santiago ingresó a la vivienda, fue sometido a brutales golpizas y torturas antes de ser asesinado. Durante la madrugada del 21 de mayo, miembros de la Policía que patrullaban la zona notaron una actitud sospechosa en dos hombres que se movilizaban en un motocarro por una ciclorruta. Allí la policía les realizó una requisa de rutina y descubrieron rastros de sangre en las manos de uno de ellos, lo que desató la alerta y llevó al posterior hallazgo del cuerpo desmembrado.
Las investigaciones posteriores de la Fiscalía revelaron que el crimen se dio por orden explícita de los máximos jefes de la organización criminal desde Venezuela. A nivel local, la operación estuvo coordinada por un hombre conocido como alias Osmer, señalado como uno de los principales cabecillas financieros de la red en la capital.
Cabe señalar que un operativo conjunto entre el CTI, el Gaula Militar y la Policía logró la captura de ocho implicados en Bogotá y Pamplona (Santander). Sin embargo, a pesar del contundente material probatorio, ninguno de los procesados aceptó los cargos de homicidio, tortura y desaparición forzada que les imputó el juez.