Las lluvias intensas registradas en las últimas semanas provocaron una alteración sin precedentes del régimen hidrológico en amplias zonas del país.
De acuerdo con la información del Ministerio de Ambiente, el fenómeno estuvo asociado al desplazamiento anómalo de un frente frío, que generó concentraciones extraordinarias de precipitación en regiones donde no se esperaban eventos de esa magnitud.
El impacto se extendió principalmente a los departamentos de Córdoba, Antioquia, La Guajira, Sucre, Bolívar, Cesar, Magdalena y Chocó.
La emergencia ha dejado 69.235 familias afectadas, 252.233 personas impactadas, 10 fallecidos y 3 heridos, además de daños severos en viviendas, infraestructura vial, servicios públicos y sectores productivos.
Las inundaciones fueron el evento más crítico, al concentrar la mayor parte de las afectaciones, con 11.955 viviendas averiadas, 4.158 destruidas, 111 vías dañadas y 39 puentes vehiculares afectados, junto con impactos en centros educativos, de salud y comunitarios.
Cambios urgentes en la gestión del agua
Ante este escenario, el Ministerio de Ambiente emitió un decreto que contiene un conjunto de medidas ambientales extraordinarias, orientadas a reducir el riesgo y evitar la ampliación de los daños.
Una de las principales decisiones es la revisión temporal de la operación de las hidroeléctricas, que deberán evaluar su capacidad de manejo de crecientes bajo escenarios extremos con períodos de retorno de al menos 500 años.
La medida busca reforzar la protección de comunidades y ecosistemas ubicados aguas abajo, luego de que algunos embalses, como Urrá I y Playas, superaran el 100% de su volumen técnico durante el evento.
Según el ministerio, la respuesta hidrológica fue simultánea y sostenida en varias cuencas, lo que evidenció la insuficiencia de los esquemas operativos tradicionales frente a lluvias de comportamiento atípico.
La entidad señaló que estos ajustes son transitorios y se aplican exclusivamente en el marco de la emergencia, con el objetivo de prevenir crecientes súbitas, reducir la presión sobre los sistemas regulados y proteger la vida humana.
Uso anticipado de información ambiental clave
Otra de las decisiones centrales es la habilitación temporal del uso de información técnica de los Planes de Ordenación y Manejo de Cuencas Hidrográficas (POMCA), incluso cuando estos no hayan sido adoptados formalmente.
Esta información permitirá a las autoridades ambientales y territoriales tomar decisiones inmediatas sobre ordenamiento del suelo, gestión del riesgo y protección de ecosistemas.
La medida cobra especial relevancia en cuencas con alta exposición a inundaciones, donde ya se identifican amenazas elevadas y vulnerabilidades estructurales.
Entre las zonas priorizadas se encuentran cuencas de los ríos Sinú, Canalete, Alto San Jorge, Fundación, Aracataca, Chimicuica, Corozal, Frío y Sevilla, ubicadas principalmente en Córdoba, Bolívar y Magdalena.
Rondas hídricas y nuevas herramientas técnicas
El paquete de medidas también incluye acciones transitorias sobre rondas hídricas, con base en información geomorfológica y ecosistémica existente.
El objetivo es preservar la capacidad natural de los ríos para amortiguar crecientes, evitar la ocupación de planicies de inundación y orientar la recuperación de áreas afectadas.
De forma complementaria, se ordena avanzar en la modelación hidro-sedimentológica de cuencas estratégicas, en especial la del río Sinú. Estos modelos permitirán analizar la interacción entre cauces, ciénagas y planicies de inundación, así como los procesos de erosión y sedimentación que influyen en la magnitud de las inundaciones.
Las autoridades consideran que estas herramientas técnicas son clave para la planificación territorial y la gestión futura del riesgo, especialmente en departamentos como Córdoba y Magdalena, donde se concentra el mayor número de familias afectadas, viviendas destruidas y daños en infraestructura básica.
Las medidas adoptadas se mantendrán vigentes mientras dure la emergencia y según el ministerio buscan evitar que la crisis ambiental se profundice o se extienda a nuevas regiones, en un contexto marcado por la persistencia de lluvias y la posibilidad de nuevos eventos climáticos extremos.