Cambian las reglas de la F1 en 2026: las 3 claves del nuevo reglamento y su impacto en pista

La Fórmula 1 aplicará en 2026 una reforma técnica histórica: más potencia eléctrica, combustibles sostenibles y aerodinámica activa para mejorar el espectáculo.
Los nuevos monoplazas de 2026 serán más ligeros y contarán con mayor protagonismo eléctrico, en una apuesta por eficiencia y adelantamientos más dinámicos. Crédito: AFP

La cuenta atrás hacia 2026 ya ha comenzado en la Fórmula 1. Mientras la actual generación de monoplazas todavía libra sus últimas batallas, equipos, ingenieros y fabricantes trabajan en una transformación técnica que promete redefinir el ADN del campeonato.

No se trata de un simple ajuste aerodinámico: es uno de los cambios reglamentarios más profundos de las últimas décadas.

El nuevo marco normativo, aprobado por la Federación Internacional del Automóvil (FIA), entrará en vigor en 2026 y afectará de manera simultánea a chasis, aerodinámica y unidades de potencia. El objetivo es lograr coches más ligeros, eficientes y sostenibles, sin renunciar al espectáculo en pista. Pero ¿cómo se traducen estas intenciones en el asfalto? Estas son las tres grandes claves y su impacto real en carrera.

La Fórmula 1 alista para 2026 un cambio histórico aprobado por la Federación Internacional del Automóvil que transformará chasis y motores sin sacrificar el espectáculo.Crédito: Colprensa

Revolución aerodinámica: adiós al DRS y bienvenida la aerodinámica activa

La primera gran clave del reglamento 2026 es la desaparición del DRS (Drag Reduction System), el sistema que desde 2011 permitía reducir la resistencia aerodinámica en zonas habilitadas cuando un piloto estaba a menos de un segundo del rival.

En su lugar, la FIA introduce un concepto más ambicioso: aerodinámica activa. Los nuevos coches contarán con dos configuraciones principales. El “modo Z” estará pensado para curvas, aumentando la carga aerodinámica, mientras que el “modo X” reducirá la resistencia en recta para maximizar la velocidad punta.

Además, habrá un modo manual de adelantamiento que permitirá liberar energía adicional cuando el piloto esté a un segundo del coche precedente. A diferencia del DRS, no dependerá únicamente de una zona fija, sino de una gestión más estratégica.

El impacto en pista puede ser decisivo. Por un lado, se espera que los adelantamientos sean menos artificiales y más trabajados. Por otro, la gestión energética y aerodinámica cobrará un papel central, elevando la complejidad táctica de las carreras.

Coches más pequeños, ligeros y ágiles

La segunda clave es el rediseño físico de los monoplazas. Los coches serán 30 kilos más ligeros, 20 centímetros más cortos y 10 centímetros más estrechos respecto a los actuales. El peso mínimo bajará hasta los 768 kg y la distancia entre ejes se reducirá de 3,6 a 3,4 metros.

También habrá cambios en los neumáticos —que mantendrán las llantas de 18 pulgadas— pero con menor ancho tanto delante como detrás. El objetivo es reducir la resistencia y mejorar la agilidad en curva.

A nivel aerodinámico, el alerón delantero será 100 mm más estrecho, el suelo también se reducirá y el difusor perderá potencia. Desaparece el alerón de viga y los coches pasarán de 2 metros de ancho a 1,9 m.

En pista, esto debería traducirse en monoplazas más manejables y menos sensibles al aire sucio. Si el reglamento cumple su promesa, los pilotos podrán seguirse más de cerca en zonas técnicas sin perder carga aerodinámica, un punto crítico en la era actual.

En 2026, la Fórmula 1 dirá adiós al DRS y estrenará aerodinámica activa avalada por la Federación Internacional del Automóvil, junto a autos más pequeños y ligeros para favorecer duelos más cerrados.Crédito: Freepik

Nueva era híbrida: más electricidad y combustible 100% sostenible

La tercera clave está en el corazón del coche: la unidad de potencia. En 2026, la Fórmula 1 dará un salto hacia un mayor protagonismo eléctrico. La potencia eléctrica aumentará casi un 300% y habrá un reparto más equilibrado entre el motor de combustión interna y la parte eléctrica.

Desaparece el MGU-H y se introducen controles más estrictos, como la medición de la relación de compresión también en caliente, para evitar lagunas reglamentarias. Además, el combustible será 100% sostenible, producido a partir de fuentes no fósiles o carbono capturado.

En pista, esto implicará una gestión energética mucho más determinante. Los pilotos deberán administrar mejor la recuperación y el uso de energía, especialmente en circuitos con largas rectas, donde el despliegue eléctrico será clave.