Monómeros sigue en pie, pero Colombia no resuelve su dependencia de fertilizantes

La Supersociedades confirmó la reorganización de Monómeros, la empresa que produce el 40% de los fertilizantes compuestos del país. Pero el problema de fondo sigue intacto: Colombia importa más del 80% de sus fertilizantes.
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La Superintendencia de Sociedades confirmó esta semana el acuerdo de reorganización empresarial de Monómeros Colombo Venezolanos S.A., la compañía que produce cerca de 800.000 de las 2 millones de toneladas de fertilizantes compuestos que necesita el agro colombiano. El aval llegó después de una audiencia realizada entre el 3 y el 10 de julio, con el 99,569 % de los votos de los acreedores a favor.

Colombia sigue sin producción propia de agroinsumos

Detrás de la cifra hay un problema que no se resuelve con un acuerdo: Colombia sigue sin producción propia de agroinsumos y depende del mercado internacional para algo tan básico como fertilizar la tierra. Esa dependencia se ha sentido con fuerza en los últimos años, primero con la invasión a Ucrania —uno de los grandes productores de agroinsumos del mundo— y más recientemente con el cierre del estrecho de Ormuz tras la guerra con Irán, un paso por el que circula entre el 30 % y el 35 % de la urea mundial y entre el 20 % y el 30 % del amoniaco, según la FAO.

El presidente ejecutivo de la Asociación Hidrógeno Colombia, Brayaham Villa Lara, ha puesto cifras a ese problema: "Colombia importa más del 80 % de los fertilizantes". Según explicó, esos insumos dependen de la producción de amoníaco, que a su vez se obtiene a partir del hidrógeno, y hoy ese hidrógeno se produce casi todo con gas natural.

Esa cadena es la que conecta el precio del fertilizante con el mercado internacional de combustibles fósiles. "Cuando ocurre un evento geopolítico que amenaza la cadena de suministro del petróleo, también la cadena de fertilizantes se ve afectada", advirtió, con efectos directos en los costos de producción agrícola y en el precio de los alimentos.

Pérdidas acumuladas e incumplimientos de pago

Monómeros, constituida en Colombia en 1967, es hoy 100 % propiedad de la estatal venezolana Pequiven, del grupo PDVSA. Llegó a este proceso de insolvencia, iniciado de oficio en marzo de 2025, por una historia de caída en los ingresos, pérdidas acumuladas e incumplimientos de pago que se remonta al gobierno de Iván Duque, cuando la junta directiva de la empresa quedó en manos de representantes de Juan Guaidó. En septiembre de 2021 la Supersociedades tuvo que intervenirla por irregularidades en su financiación; entre 2022 y 2023 sus ingresos cayeron 20 %.

Con el regreso de la administración del chavismo bajo el gobierno de Gustavo Petro, la empresa mostró una recuperación relativa —22 % de crecimiento en ventas en 2024—, pero los problemas de fondo no se tocaron. Para diciembre de ese año, la Supersociedades ya tenía a Monómeros bajo el máximo grado de supervisión, con la facultad de frenar la venta de sus activos, como ocurrió cuando impidió que la colombiana Nitrofert la adquiriera.

El acuerdo confirmado esta semana obliga a la compañía a un plan de negocios con garantías de flujo de caja, disciplina fiscal, seguimiento financiero permanente y restricciones a la distribución de utilidades. La apuesta, dicen los conocedores del sector, es mantener estable el precio de un insumo que no da espera.

Villa Lara plantea que la salida de fondo no es solo sostener la operación de una empresa, sino producir el insumo dentro del país. Su propuesta es desarrollar hidrógeno local a partir de fuentes renovables, aprovechando el potencial solar y eólico de la costa Caribe: "aprovechar esos recursos renovables que son de alta calidad… y ponerlos en servicio de producción de nuestro propio hidrógeno para hacer nuestros propios fertilizantes". Según él, ese camino permitiría reducir la dependencia de fertilizantes importados y avanzar hacia una industria nacional de insumos agrícolas.

La inflación sigue presionando el bolsillo

El momento no es menor: la inflación sigue presionando el bolsillo, el Ideam proyecta un fenómeno de El Niño más fuerte de lo normal este año, y el sector agrícola concentra cerca del 82 % de los daños y pérdidas por sequía en el país, según el Ministerio de Agricultura. Sin fertilización ni pesticidas adecuados, ese riesgo se agrava. Y aun con la reorganización resuelta, Monómeros sigue dependiendo en más del 80 % de materia prima importada para operar.

Sobre la mesa sigue una pregunta que el Gobierno Petro no ha resuelto: la compra de la empresa por parte del Estado colombiano, una intención que ha repetido en varias ocasiones sin traducirla en un acuerdo formal. Hace un año se firmó un pacto de confidencialidad con Venezuela para intercambiar información sobre la compañía, cuyo valor se estimaba en 2025 en unos 350 millones de dólares. Hasta hoy, no hay compraventa ni proceso en marcha.

Esa decisión ya no está en manos de Petro. Le corresponderá al gobierno electo de Abelardo de la Espriella definir si el Estado colombiano finalmente se queda con la empresa que sostiene buena parte del abastecimiento de fertilizantes del país, mientras el sector privado insiste en que la solución de fondo pasa por dejar de depender del hidrógeno y el gas que llegan de afuera.

1. ¿Cuánto fertilizante importa Colombia?
Colombia importa más del 80 % de los fertilizantes que consume, según el presidente de la Asociación Hidrógeno Colombia, Brayaham Villa Lara.

2. ¿Qué pasó con la reorganización de Monómeros?
La Superintendencia de Sociedades confirmó el acuerdo de reorganización empresarial de Monómeros, tras una audiencia realizada entre el 3 y el 10 de julio con el 99,569 % de votos favorables de los acreedores.

3. ¿Por qué depende Colombia de fertilizantes importados?
Porque los fertilizantes dependen del amoníaco, que se obtiene del hidrógeno, y ese hidrógeno se produce hoy con gas natural, lo que liga el precio del insumo a la volatilidad del mercado internacional de combustibles.

4. ¿Quién puede comprar Monómeros en Colombia?
El Gobierno de Gustavo Petro ha expresado interés en comprar Monómeros, estimada en unos 350 millones de dólares, pero la decisión final quedará en manos del gobierno electo de Abelardo de la Espriella.