Carlos Torres es uno de los actores con mayor reconocimiento en Colombia. Hace poco, el barranquillero, de 37 años, fue invitado al programa de Juanpis González, donde habló sobre su carrera artística, pero también se refirió a episodios personales que, hasta ahora, no eran ampliamente conocidos por el público.
Durante la conversación, un hecho en particular llamó la atención. El actor reveló que, tiempo atrás, fue víctima de una fanática que desarrolló una obsesión hacia él. Según explicó, la situación ocurrió en medio de un evento público al que fue invitado como parte de su trabajo.
Torres relató que a dicho evento llegó una mujer que había viajado desde Cali con el único propósito de verlo en persona. Una vez el actor arribó al lugar, ella se le acercó con una actitud muy efusiva, comportándose como si mantuvieran una relación cercana desde hacía varios años. De acuerdo con su testimonio, la mujer había construido en su mente la idea de que ambos sostenían una relación sentimental.
“Vine por ti para que nos regresemos a Cali”, fueron las palabras que la mujer le dijo, según contó el actor, mientras le entregaba unos chocolates y una carta extensa. Torres explicó que el contenido del mensaje reforzaba la creencia de una relación inexistente.
Las personas que acompañaban al actor intervinieron para ayudar a manejar la situación y evitar que escalara. Posteriormente, Carlos Torres descubrió que la mujer le había escrito de manera constante durante un largo periodo a través de Instagram. Fue entonces cuando comprendió que la historia amorosa que ella había construido se basaba en las publicaciones que él compartía en esa red social, las cuales ella interpretó como mensajes personales.
Obsesión con figuras públicas y redes sociales
El caso relatado por Carlos Torres expone un fenómeno que se ha intensificado con el uso de redes sociales: la obsesión con figuras públicas. La exposición constante a contenidos personales, imágenes y mensajes puede generar una sensación de cercanía que, en algunos casos, deriva en interpretaciones erróneas.
Las interacciones unilaterales sostenidas en el tiempo, como los mensajes reiterados sin respuesta directa, pueden alimentar narrativas personales que no corresponden con la realidad. En este caso, el contacto nunca fue recíproco, pero la persistencia de la comunicación llevó a la construcción de una historia afectiva imaginaria.
Este tipo de situaciones no solo afecta a quienes desarrollan estas creencias, sino también a las personas públicas involucradas, quienes se ven obligadas a extremar medidas de cuidado en espacios presenciales y digitales.
Este comportamiento ha sido estudiado por la psicología, que ha identificado patrones en personas que idolatran a figuras famosas hasta el punto de creer que existe un vínculo amoroso real. Este fenómeno se denomina erotomanía, también conocido como síndrome de Clérambault, según BMC Psychiatry, y se define como “un síndrome psiquiátrico caracterizado por la creencia delirante de ser amado por otra persona, generalmente de un estatus social superior”.
Qué es la erotomanía y cómo se manifiesta el síndrome de Clérambault
En la práctica clínica, la erotomanía puede extenderse durante días, meses o incluso años, dependiendo de cada caso. Las personas que la padecen suelen interpretar cualquier gesto del supuesto objeto de amor como una confirmación de la relación.
Los pacientes con este síndrome pueden ser diagnosticados con paranoia verdadera u otras formas de trastorno paranoide, así como con esquizofrenia paranoide, de acuerdo con PubMed. El proceso delirante puede afectar de manera integral la experiencia de vida, con ideas de persecución, grandeza, celos y autodesprecio.
Asimismo, se han identificado temas secundarios recurrentes, como la creencia de que el objeto de amor no puede ser feliz sin el sujeto; que su matrimonio es inválido o inexistente; o que existe una comunicación indirecta constante. Un estudio realizado por la Universidad de Cambridge señala también la presencia de una tríada afectiva compuesta por esperanza, amor y orgullo, elementos que refuerzan la convicción del vínculo imaginario.
Las fuentes coinciden en que el tratamiento de la erotomanía depende de la magnitud de cada caso y debe ser abordado exclusivamente por especialistas en psicología y psiquiatría, quienes determinan el seguimiento clínico, la psicoterapia y, si es necesario, el uso de fármacos adecuados para cada paciente.