El desierto del sur de California tendrá tintes tropicales. Entre nueve escenarios y miles de fanáticos, Carolina Giraldo Navarro hará historia como la primera latina en encabezar el renombrado festival de música del Valle de Coachella, en Indio, California.
Karol G estará el 12 y el 19 de abril, dos domingos consecutivos, en la cima de la industria musical. La expectativa no solo está marcada por la futura lista de éxitos de la ‘Tropicoqueta’, sino por el protagonismo que tantea darle a la política migratoria estadounidense.
Bajo la segunda administración de Donald Trump, la población migrante vive con miedo. Las redadas del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), han provocado arrestos y deportaciones vastamente denunciadas.
Giraldo ha tentado la posibilidad de confrontar a la autoridad desde el escenario. “No solo quiero decir ‘Fuera ICE’ y que nada surja de ello”, le dijo a la revista Playboy, que el 7 de abril exhibió su portada de primavera con varias fotos de la paisa y el título ‘Mujer en la cima’.
La cita desértica arrancó la tarde del viernes, 10 de abril, con una oferta diversa en el Empire Polo Club, el epicentro tradicional del Festival de Música y Artes del Valle de Coachella, el nombre de pila que suele resumirse en, simplemente, Coachella.
Mientras las temperaturas rozaban los treinta grados, los colores de las tarimas se mezclaban con los brillos de los atuendos de los miles de visitantes que agotaron la boletería en más o menos una semana en septiembre de 2025.
Karol G, entre el hito musical y la presión política
California es el estado de Estados Unidos con más migrantes, con cerca del 22% de la población nacida en el extranjero residente en todo el país, de acuerdo con el Instituto de Políticas Públicas (PPIC), un centro de estudios establecido en 1994 y con sede en San Francisco.
Allí residen unos 10,9 millones de migrantes. Karol G afirmó que busca representar a su comunidad latina. “No estoy diciendo que no lo voy a hacer”, le explicó a Playboy refiriéndose a si lanzaría o no reparos contra ICE: “Lo haría, y lo haría con el alma”.
“La gente te dirá ‘es mejor que no lo hagas’. ¿Por qué? Porque si dices algo, quizá al día siguiente recibas una llamada, ‘oye, te vamos a quitar la visa’. Te conviertes en carnada, porque algunas personas quieren demostrar su poder”, añadió la artista.
Giraldo, de 35 años y de Medellín, debutó en Coachella en 2022 con un espectáculo que homenajeó a estrellas de la música latina como Selena Quintanilla, Celia Cruz y Daddy Yankee. Ahora se prepara para un show al nivel de Justin Bieber y Sabrina Carpenter.
La de Pensilvania, de hecho, fue la headliner de este viernes. Tras una puesta en escena a blanco y negro que le dio paso al color y a ‘House Tour’ sobre la medianoche, Carpenter, de veintiséis años, llevó a un desfile de hombres disfrazados de perros para ‘Manchild’.
Susan Sarandon tuvo un poderoso espacio en medio del concierto. La ganadora del Oscar, el Bafta y el Premio del Sindicato de Actores —conocida también por su activismo propalestino— interpretó a una versión mayor de Sabrina en un intermedio de siete minutos.
Un Coachella con sorpresas, alto voltaje escénico y presencia colombiana
El 10 de abril Sabrina, quien ha llevado más de treinta de sus temas al escalafón Hot 100 de Billboard —‘Please Please Please’ y ‘Espresso’, por ejemplo—, le prometió a la revista Perfect que su presentación en Coachella sería la más ambiciosa de su carrera.
Teddy Swims acaparó parte del protagonismo antes. El dos veces nominado al Grammy invitó al escenario principal de Coachella a Joe Jonas para cantar a dúo ‘When You Look Me in the Eyes’, y luego a Vanessa Carlton para la inmortal ‘A Thousand Miles’.
La nostalgia se mezcla con el alborozo de cara a este sábado. El canadiense Justin Bieber, que regresó a la música con una presentación sorpresa en abril de 2019 precisamente en Coachella, será cabeza del festival por primera vez en su carrera.
Morat, la banda de los hermanos —Martín y Simón Vargas— y los Juan Pablo —Villamil e Isaza—, acudirá a la cita por primera vez desde su formación en 2011. Serán la cuarta representación bogotana en Coachella, después de Aterciopelados, Diamante Eléctrico y Ela Minus.
Entonces, el cruce entre espectáculo y coyuntura vuelve a convertir el desierto de Indio en algo más que una vitrina musical: un termómetro cultural y político.
Allí, entre luces, nostalgia y nuevos himnos, Karol G no solo se juega un lugar en la historia del pop global, sino también la posibilidad —incierta y riesgosa— de amplificar la voz de millones de migrantes que, lejos del escenario, viven en la sombra del miedo.