América Latina y el Caribe encara los próximos años con un panorama de crecimiento limitado, y Colombia no escapa a esa tendencia. Así lo señala el más reciente informe del Banco Mundial, que proyecta para la región una expansión de apenas 2,1 % en 2026, por debajo del 2,4 % estimado para 2025, consolidándola como una de las zonas de menor dinamismo económico a nivel global. En ese contexto, la economía colombiana avanzaría un 2,2 % en 2026 y un 2,4 % en 2027, cifras que reflejan una recuperación gradual pero insuficiente frente a las necesidades estructurales del país.
El informe dibuja un escenario donde el crecimiento existe, pero carece de fuerza, con un PIB per cápita que apenas mejora y una economía que continúa dependiendo principalmente del consumo privado. En Colombia, como en buena parte de la región, el gasto de los hogares sigue siendo el principal motor, aunque su impulso es cada vez más moderado debido a la lenta recuperación de los ingresos reales y a los altos costos de financiamiento en términos reales. Este comportamiento evidencia que la reactivación no se apoya en bases sólidas, sino en una dinámica de corto plazo que no logra traducirse en una expansión sostenida.
La inversión, en cambio, sigue siendo el gran talón de Aquiles, tanto para Colombia como para América Latina en su conjunto. El Banco Mundial subraya que las empresas mantienen una postura cautelosa ante la incertidumbre global y doméstica, así como frente a condiciones financieras aún restrictivas. La falta de señales claras sobre el rumbo de las políticas económicas y el entorno internacional ha llevado a que los proyectos de largo plazo se mantengan en pausa, limitando la capacidad de crecimiento estructural.
El mediocre crecimiento económico de Colombia
En este contexto, Colombia se ubica en una posición intermedia dentro de la región. No enfrenta el estancamiento más marcado de economías como Brasil o México, pero tampoco presenta el dinamismo de algunos países más pequeños que han logrado superar el promedio regional. Esta situación refleja una economía que ha logrado cierta estabilidad, pero que aún no encuentra los motores necesarios para acelerar su crecimiento de manera sostenida.}
Este es el listado de las proyecciones de crecimiento de PIB en 2026:
Guyana: 16,3
Argentina: 6,2
Paraguay: 4,4
Surinam: 4,0
Panamá: 3,9
Guatemala: 3,7
Costa Rica: 3,6
República Dominicana: 3,6
Honduras: 3,4
Nicaragua: 3,4
El Salvador: 3,2
Granada: 3,1
San Vicente y las Granadinas: 3,0
Dominica: 2,8
Barbados: 2,7
Perú: 2,7
Ecuador: 2,5
Belice: 2,4
Chile: 2,4
Bahamas: 2,2
Colombia: 2,2
Santa Lucía: 1,9
Brasil: 1,6
Uruguay: 1,6
México: 1,3
Trinidad y Tobago: 0,7
Haití: 0,6
Jamaica: -1,0
Bolivia: -3,2
Inflación y tasas de interés
Uno de los elementos más críticos del informe es la inflación, cuya trayectoria sigue siendo un factor determinante para la política económica. En términos generales, se prevé que la mayoría de las economías de América Latina y el Caribe volverán a ubicar la inflación dentro de sus rangos objetivo, o cerca de ellos, para 2026-2027. Sin embargo, Colombia se presenta como la principal excepción a esta tendencia. Según el documento, la inflación en el país se mantendrá persistentemente por encima de la meta del banco central durante todo el horizonte de proyección, lo que introduce un desafío adicional para la conducción de la política monetaria.
Este comportamiento ha condicionado las decisiones del banco central colombiano, que ha tenido que actuar con mayor cautela que sus pares regionales. Mientras varias economías han iniciado procesos de relajación monetaria, Colombia ha enfrentado la necesidad de desacelerar ese ritmo o incluso de realizar ajustes al alza en sus tasas de interés, en línea con lo ocurrido también en Brasil. Esta divergencia refleja la dificultad de controlar la inflación en un contexto donde los precios de los servicios siguen mostrando rigidez, impulsados por dinámicas salariales, indexación y presiones de costos.
El informe destaca que la llamada “última milla” de la desinflación se ha vuelto especialmente compleja, ya que los componentes más persistentes de la inflación no responden con la misma rapidez a las políticas monetarias. En Colombia, este fenómeno se traduce en una prolongación del ciclo restrictivo, lo que a su vez impacta negativamente la inversión y el consumo, creando un equilibrio delicado entre estabilidad de precios y crecimiento económico.
El entorno internacional añade nuevas capas de complejidad. Un cambio relevante fue el debilitamiento del dólar estadounidense en 2025, que contribuyó a aliviar parcialmente las presiones externas al moderar el traspaso cambiario y la inflación importada. Este factor redujo la necesidad de aplicar políticas monetarias más agresivas para defender las monedas en varias economías de la región, incluido Colombia. Sin embargo, este alivio ha sido limitado y no se ha traducido en una mejora sustancial de las condiciones financieras.
Colombia, la oveja negra de la región
De hecho, el Banco Mundial advierte que las tasas de interés globales han disminuido más lentamente de lo esperado y que el apetito por el riesgo sigue siendo contenido. Como resultado, los costos de financiamiento soberano y corporativo se mantienen elevados, restringiendo el acceso al crédito y limitando la capacidad de expansión de las economías. Las entradas de capital, en este contexto, solo han mejorado en un grupo reducido de países con fundamentos más sólidos, lo que ha hecho que la recuperación financiera sea desigual y selectiva.
A estos factores se suma la volatilidad derivada de tensiones geopolíticas, en particular el conflicto en Medio Oriente, que ha impactado los precios de la energía. Aunque el efecto inflacionario ha sido contenido hasta ahora, el aumento en los costos de energía y transporte representa un riesgo adicional para la trayectoria de desinflación, especialmente en economías como la colombiana, donde estos factores tienen un impacto directo sobre los precios internos.
Más allá de la coyuntura, el informe del Banco Mundial pone el énfasis en problemas estructurales que limitan el crecimiento de Colombia y de la región. Uno de ellos es la baja capacidad de innovación y la limitada disposición de las empresas a asumir riesgos. El desarrollo económico, señala el documento, implica “hacer apuestas”, es decir, invertir en nuevos procesos, productos o mercados. Sin embargo, las empresas latinoamericanas tienden a ser más conservadoras, lo que reduce las oportunidades de crecimiento.
En el caso colombiano, el informe resalta que mejores prácticas de gestión empresarial están asociadas con una mayor sofisticación de las exportaciones y un mejor acceso a mercados internacionales. Este vínculo sugiere que existe un potencial importante para elevar la productividad, pero también evidencia que dicho potencial aún no se ha materializado plenamente debido a limitaciones en el acceso a financiamiento y a mercados.
¿Colombia está implementando políticas proteccionistas?
Otro eje clave del análisis es el resurgimiento de la política industrial, tanto a nivel global como en América Latina. El documento señala que países como Colombia han incrementado el uso de medidas de protección comercial, en línea con una tendencia internacional donde incluso economías desarrolladas han adoptado políticas más intervencionistas en sectores estratégicos. Este giro responde a la necesidad de impulsar el crecimiento y de aprovechar nuevas oportunidades asociadas a la transición energética y a la reconfiguración del comercio global.
No obstante, el Banco Mundial advierte que estas estrategias deben estar acompañadas de reformas profundas. Reducir la incertidumbre de política, cerrar brechas en infraestructura, fortalecer el capital humano y mejorar la calidad institucional son condiciones necesarias para que el sector privado responda con inversión cuando el entorno global sea más favorable.
En este sentido, Colombia enfrenta un reto doble: gestionar los desafíos inmediatos de inflación y crecimiento moderado, mientras avanza en transformaciones estructurales que le permitan aprovechar las oportunidades del nuevo orden económico global. La transición energética, por ejemplo, abre un espacio significativo para países con recursos naturales y matrices energéticas relativamente limpias, pero capitalizar estas ventajas requiere una estrategia clara y sostenida.
De cara a 2027, el panorama sigue siendo de cautela. El crecimiento proyectado del 2,4 % para Colombia indica una mejora marginal, pero insuficiente para generar cambios sustanciales en el bienestar de la población o en la reducción de brechas económicas. El riesgo, advierte el informe, es que el país continúe atrapado en una senda de crecimiento bajo, donde los avances son graduales pero no transformadores.
En última instancia, el diagnóstico del Banco Mundial es claro: Colombia no enfrenta una crisis inminente, pero sí un desafío estructural profundo. El crecimiento está presente, pero es débil; la inflación está cediendo, pero con dificultades; y las oportunidades existen, pero requieren decisiones de política más ambiciosas. Sin un impulso decidido en inversión, productividad e innovación, el país corre el riesgo de permanecer en una dinámica de expansión limitada, incapaz de responder plenamente a sus desafíos sociales y económicos.