¿La Junta de Paz para Gaza reemplazará a la ONU? Esta la apuesta de Donald Trump

Vladimir Putin y Benjamin Netanyahu ya han aceptado la invitación de Trump a pertenecer a la Junta; Macron la declinó.
Uno de los puntos centrales de la agenda será el frágil alto el fuego en Gaza, que en octubre puso fin a una devastadora guerra de dos años. Crédito: AFP

La sugerencia del presidente estadounidense, Donald Trump, de que su nueva “Junta de Paz” podría reemplazar a la Organización de las Naciones Unidas, ha encendido alarmas diplomáticas en varias capitales.

Además, ha profundizado el temor de que el organismo, presentado formalmente como un mecanismo para supervisar la reconstrucción de Gaza, termine funcionando como una plataforma paralela destinada a disputar el rol de la ONU, creada hace ocho décadas para preservar la paz mundial.

Las declaraciones de Trump, realizadas el martes, llegaron cuando ya existía inquietud entre diplomáticos por el diseño institucional de la Junta, su composición inicial y, sobre todo, por el hecho de que un asiento permanente esté disponible a cambio de una contribución de US$ 1.000 millones.

El contexto político añade tensión: Trump llegaba esta semana al Foro Económico Mundial en Davos, mientras enfrenta crecientes fricciones con aliados de la OTAN por su insistencia en que Estados Unidos debería controlar Groenlandia.

Blair, Witkoff y Rubio, al frente de la Junta

La Casa Blanca anunció el viernes la conformación de una “Junta Ejecutiva fundadora” integrada por figuras estrechamente vinculadas al presidente: su yerno Jared Kushner, el secretario de Estado Marco Rubio, el enviado especial Steve Witkoff y el ex primer ministro británico Tony Blair.

Según un borrador de la carta fundacional, Trump ejercerá como presidente indefinido del organismo, un mandato que podría extenderse más allá de su segundo periodo en la Casa Blanca.

El documento establece que Trump solo podrá ser reemplazado por “renuncia voluntaria o incapacidad, determinada por un voto unánime de la Junta Ejecutiva”.

Un funcionario estadounidense precisó que un futuro presidente podría designar a un representante adicional de Estados Unidos ante la Junta, pero no necesariamente sustituir a Trump.

En los últimos días, la Casa Blanca envió invitaciones a decenas de países para sumarse a la iniciativa y prevé organizar una ceremonia de firma en Davos.

Sin embargo, el grado de adhesión sigue siendo incierto. Mientras Emiratos Árabes Unidos y Bahréin confirmaron su participación, otros países no han tomado una decisión y Francia rechazó formalmente integrarse.

Putin aceptó de inmediato

Uno de los puntos que más controversia generó fue la lista de invitados. Rusia figura entre los países convocados, lo que desató preocupación por la posibilidad de que una potencia involucrada en un conflicto armado activo participe en un organismo que se presenta como garante de la paz. China y Belarús también recibieron invitaciones.

Putin sin duda utilizaría la membresía de Rusia en la ‘Junta de Paz’ para socavar a la ONU y, por extensión, sembrar más divisiones en las alianzas de Estados Unidos”, advirtió Robert Wood, exembajador adjunto de EE.UU. ante Naciones Unidas.

Desde Londres, la secretaria de Relaciones Exteriores británica, Yvette Cooper, fue aún más tajante: “Putin no es un hombre de paz y no creo que pertenezca a ninguna organización que tenga la palabra paz en el nombre”.

Las dudas no se limitan a los países invitados. El borrador de la carta fundacional define a la Junta como “una organización internacional que busca promover la estabilidad, restaurar la gobernanza confiable y legal, y asegurar una paz duradera en áreas afectadas o amenazadas por conflictos”, pero no menciona explícitamente a Gaza, el territorio cuya reconstrucción fue presentada inicialmente como la razón de ser del organismo.

Trump pareció reforzar los temores al criticar abiertamente a Naciones Unidas y sugerir que su Junta podría ocupar su lugar.

“La ONU simplemente no ha sido muy útil. Soy un gran admirador de su potencial, pero nunca ha estado a la altura”, dijo en una rueda de prensa en la Casa Blanca.

“La ONU debería haber resuelto todas las guerras que yo resolví. Nunca acudí a ellos, ni siquiera lo consideré”, añadió.

Entre los aliados, Francia fue uno de los primeros países en marcar distancia. “Cuando lees la carta, no se aplica solo a Gaza, mientras que la resolución que votamos en el Consejo de Seguridad estaba dirigida específicamente a Gaza y Medio Oriente”, explicó Pascal Confavreux, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores francés.

También advirtió que el proyecto plantea “una preocupación muy importante respecto a la racionalidad con la Carta de las Naciones Unidas”.

Irlanda, por su parte, adoptó una posición más cautelosa. La ministra de Asuntos Exteriores, Helen McEntee, dijo que su país analizará la invitación, aunque subrayó que el nuevo organismo “tendría un mandato más amplio que la implementación del Plan de Paz para Gaza”.

En un comunicado, defendió el rol central de la ONU: “Las Naciones Unidas tienen un mandato único para mantener la paz y la seguridad internacionales… aunque imperfecta, la ONU y la primacía del derecho internacional son ahora más importantes que nunca”.

Desde la propia organización, el principal funcionario humanitario de la ONU, Tom Fletcher, aseguró que la “Junta de Paz” no reemplazará a Naciones Unidas.

No obstante, expertos en diplomacia internacional ponen en duda la viabilidad del proyecto. Aaron David Miller, exnegociador estadounidense para Medio Oriente, calificó la iniciativa como desconectada de la realidad.

“Todo esto está atado a una galaxia muy, muy lejana, no a las realidades aquí en el planeta Tierra”, dijo.

Miller cuestionó la capacidad operativa del organismo y recordó que los conflictos no se resuelven mediante estructuras externas, sino a través de mediación directa entre las partes. A su juicio, incluso con sus falencias, la ONU es demasiado grande, demasiado duradera y demasiado integral como para ser reemplazada.

Millonario monto para garantizar un asiento

El diseño financiero de la Junta es otro foco de controversia. Los miembros servirán por periodos de tres años, pero quienes aspiren a un asiento permanente deberán comprometer US$ 1.000 millones.

Según un funcionario estadounidense, no se trata de una tarifa de ingreso obligatoria y los fondos se destinarían a la reconstrucción de Gaza. Aun así, diplomáticos consultados admiten que la cifra representa un obstáculo político y presupuestario significativo.

No todos los países que pueden pagar US$ 1.000 millones están necesariamente mejor preparados para supervisar la paz y la seguridad internacionales”, advirtió Wood.

Un embajador de un país invitado reconoció que el monto requiere un análisis profundo del equipo económico y del proceso presupuestario antes de tomar una decisión.

Aunque algunos gobiernos no invitados han expresado interés en participar —incluso considerando pagar la elevada contribución—, la iniciativa de Trump avanza envuelta en escepticismo.

Para muchos diplomáticos, el futuro de la Junta dependerá menos de sus declaraciones grandilocuentes y más de si logra resultados concretos en Gaza, sin erosionar el frágil consenso internacional que aún sostiene a Naciones Unidas.