Un ex alto ejecutivo de Chevron dio información clave a la CIA para moldear la operación en Venezuela

Ali Moshiri fue quien aconsejó a la Casa Blanca dejar a Delcy Rodríguez en el poder, según WSJ
Delcy Rodríguez y Chevron Crédito: AFP

Meses antes de que comandos estadounidenses sacaran al autócrata venezolano Nicolás Maduro de su recinto fortificado, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) buscó el consejo de un hombre poco convencional: Ali Moshiri, exejecutivo de la petrolera Chevron con décadas de experiencia en Venezuela y una red de contactos que pocos occidentales podían igualar. Su diagnóstico fue tan influyente que terminó moldeando la estrategia de Washington para la era post-Maduro, y su nombre (hasta ahora inédito en este contexto) emerge como una pieza clave en uno de los movimientos geopolíticos más audaces de la administración Trump, según información publicada por el diario The Wall Street Journal.

Moshiri advirtió a la agencia que instalar a la líder opositora María Corina Machado al frente del país sería un error de proporciones históricas. Su argumento era directo: Machado no contaba con el respaldo de los servicios de seguridad venezolanos ni con control sobre la infraestructura petrolera del país. Intentarlo, sostuvo, sería repetir los errores de Irak y Afganistán. Su recomendación fue pragmática y polémica a partes iguales: mantener en el poder a Delcy Rodríguez, exvicepresidenta de Maduro y artífice de su política económica, una figura que, pese a su historial autocrático, ofrecía continuidad institucional y garantizaba el flujo de petróleo. Esa evaluación fue presentada posteriormente a Trump en un informe secreto de la CIA.

Horas después de la operación que derrocó a Maduro, el propio Trump pareció hacer eco de ese razonamiento. Declaró que sería "muy difícil" para Machado asumir el poder, y describió a Rodríguez como una figura "magnífica". La coincidencia entre el análisis de Moshiri y las palabras del presidente no fue casual.

Un hombre entre dos mundos

La trayectoria de Moshiri es tan singular como su influencia. Nacido en Irán, llegó a Oklahoma para estudiar ingeniería petrolera, se incorporó a Chevron en 1978 y desarrolló una carrera que lo llevó a Angola, México, Colombia y, sobre todo, Venezuela. Aprendió español, se casó con una venezolana y cultivó un estilo propio: trajes de diseñador, gafas de montura de cuerno y una habilidad casi instintiva para moverse entre ideologías políticas opuestas sin perder credibilidad en ninguna de ellas.

Su activo más valioso fue la confianza que se ganó de Hugo Chávez, el líder socialista que utilizó las reservas petroleras de Venezuela para desafiar a Washington durante más de una década. Chávez lo llamaba "querido amigo". Esa cercanía le permitió a Moshiri convertirse en un canal informal pero determinante entre el régimen venezolano y los intereses estadounidenses en un momento en que la CIA tenía escasa presencia en el país y pocos interlocutores confiables.

Incluso, el diario habla sobre los vínculos de Moshiri con el expresidente Álvaro Uribe. Menciona: "Cuando Colombia, liderada por Álvaro Uribe, figura emblemática de la derecha latinoamericana , se resistía a vender a Venezuela el gas natural que Chevron extraía en el país, Moshiri encontró la manera de superar las diferencias. Con Chávez y Uribe presentes en una conferencia regional en Colombia, Moshiri instó a Chávez a que le comunicara a Uribe que Venezuela construiría un gasoducto. De lo contrario, afirmó Moshiri, Uribe no aceptaría el acuerdo. Chávez le aseguró a Uribe en ese mismo momento que PdVSA lo construiría, y firmaron el acuerdo".

Según el periódico, desde la época de Chávez y con aprobación de los altos ejecutivos de Chevron, Moshiri proporcionó información sobre los líderes venezolanos a la agencia de inteligencia. Chevron, por su parte, niega haber autorizado ese tipo de colaboración y afirma no mantener ninguna relación comercial con Moshiri desde que finalizó su contrato de consultoría en 2024. El propio Moshiri se negó a confirmar o desmentir sus contactos con la CIA, limitándose a decir: "Sabes que no puedo revelar nada de eso."

La apuesta de Chevron y sus décadas de paciencia estratégica

Mientras otras petroleras como Exxon Mobil abandonaban Venezuela tras las nacionalizaciones de Chávez en 2006, Moshiri convenció a Chevron de quedarse. Su argumento era que el acceso al crudo venezolano tendría un valor estratégico a largo plazo que justificaba los riesgos del presente. Con el tiempo, esa apuesta pareció más una obstinación que una visión: la producción se desplomó, PdVSA acumuló una deuda millonaria con Chevron y el país se hundió en una crisis económica sin precedentes.

Pero el tablero giró. Hoy, con Maduro fuera del poder y Rodríguez en el centro del nuevo orden venezolano, Chevron se posiciona como la única gran petrolera estadounidense capaz de incrementar rápidamente su producción en el país, con el objetivo declarado de aumentarla hasta en un 50% en los próximos 18 a 24 meses. Venezuela posee lo que algunos consideran las mayores reservas de petróleo del mundo, y Chevron —gracias precisamente a su decisión de no irse cuando todos se marcharon— tiene ahora una ventaja competitiva que sus rivales no pueden replicar de la noche a la mañana.

La presencia de la compañía en la nueva etapa es visible y simbólica a la vez. Cuando el secretario de Energía Chris Wright visitó Venezuela el mes pasado, representantes de Chevron lo acompañaron, transportaron a la delegación en vehículos blindados y los recibieron en sus instalaciones de Morichal. La agenda del viaje dejaba pocas dudas sobre el papel de la compañía: "Todos los viajeros deberán vestir overoles y botas de Chevron", indicaba el documento.

La CIA reconstruye su presencia y recurre a veteranos del sector privado

Durante años, la agencia había priorizado la lucha antiterrorista y la vigilancia de China, relegando a Venezuela a un segundo plano. El cierre de la embajada estadounidense en Caracas en 2019 supuso la pérdida de cobertura diplomática y, con ella, de capacidad operativa sobre el terreno.

John Ratcliffe, el director nombrado por Trump, encontró una agencia con recursos limitados en la región y se propuso reorientarla hacia operaciones encubiertas de mayor impacto en el hemisferio occidental. Para llenar el vacío de inteligencia, la CIA echó mano de personas como Moshiri: ejecutivos del sector privado con décadas de contactos en los círculos más cerrados del régimen venezolano.

El plan para derrocar a Maduro tomó forma en paralelo con las negociaciones diplomáticas. Trump envió al enviado Richard Grenell a Caracas para explorar una salida negociada, pero Maduro rechazó varias ofertas de amnistía. Ante ese escenario, la CIA montó un equipo de captura que incluyó a agentes de su división antiterrorista con experiencia en operaciones contra militantes de Al Qaeda. La operación, finalmente, fue ejecutada con éxito.

Un nuevo capítulo con viejos protagonistas

Rodríguez, la figura que Moshiri avaló como la opción más estable para una transición, se mantiene en el poder. El petróleo vuelve a fluir. Chevron amplía su presencia. Y Moshiri, lejos de retirarse, recorre Brasil y otros países reclutando profesionales del sector para la nueva era de PdVSA, mientras su Fondo Amos levanta 3.000 millones de dólares para proyectos petroleros venezolanos.