Elecciones en Rusia: el escenario que enfrenta Putin tras cuatro años de guerra

Las elecciones parlamentarias en Rusia se desarrollan en medio de la guerra en Ucrania, una oposición con cada vez menos espacio y un escenario político dominado por Vladimir Putin.

Rusia vuelve a las urnas este 18 de septiembre para unas elecciones parlamentarias que se desarrollan en medio de la guerra en Ucrania y bajo el control político del Kremlin. El resultado es considerado previsible, pero el proceso electoral permite observar el escenario que enfrenta Vladimir Putin después de más de cuatro años de conflicto.

Hay que recordar que el Kremlin es el complejo político y administrativo ubicado en el centro de Moscú que alberga la sede oficial de la Presidencia de Rusia. Por extensión, el término se utiliza habitualmente para referirse al Gobierno ruso y al entorno de poder encabezado por Putin.

Las elecciones de este año son las primeras parlamentarias que se realizan desde el inicio de la invasión a gran escala de Ucrania en febrero de 2022. En este tiempo, el sistema político ruso ha reducido el espacio para sectores opositores, mientras la economía se ha adaptado en buena medida a las necesidades de la guerra.

En entrevista con Aquí y Ahora de La FM, Mira Milosevic, investigadora y especialista en Rusia y Eurasia del Real Instituto Elcano, explicó que el resultado de las elecciones no es necesariamente el aspecto más importante de estas votaciones. Según su análisis, la victoria de Rusia Unida, el partido asociado al poder de Putin, es previsible y el interés está en observar cómo funciona el proceso y qué señales envía el Gobierno ruso.

Elecciones en Rusia: el resultado es previsible, pero el proceso importa

Para Milosevic, los comicios tienen una función política que va más allá de definir quién ocupará los escaños de la Duma Estatal.

“El resultado es muy previsible. Rusia Unida va a ganar”.

La investigadora explicó que las elecciones son también un mecanismo para legitimar al poder y mostrar los mecanismos mediante los cuales el Kremlin mantiene su estructura política.

Por eso, más allá de la cantidad de escaños que obtenga cada partido, considera relevante analizar quiénes pueden participar, cuáles son las condiciones de la competencia y qué espacio existe para las fuerzas que cuestionan al Gobierno.

La oposición llega a las urnas con menos espacio

Uno de los principales cambios en el escenario político ruso está relacionado con las condiciones para que los sectores críticos participen en las elecciones.

Milosevic explicó que existe una diferencia entre la llamada oposición sistémica, integrada por partidos que hacen parte del sistema político y que suelen respaldar al Gobierno en asuntos fundamentales, y la oposición no sistémica.

Según la investigadora, desde las protestas de 2011 el Kremlin ha endurecido progresivamente las condiciones de competencia política.

Uno de los casos que destacó es Yábloko, partido liberal que ha mantenido una posición abiertamente contraria a la guerra.

Para Milosevic, su exclusión tiene especial importancia porque se trata de una de las pocas fuerzas políticas rusas que mantiene una postura claramente crítica frente al conflicto.

El caso también muestra, de acuerdo con su análisis, hasta dónde puede llegar el poder político ruso para limitar la presencia de determinados candidatos y organizaciones.

Los partidos que todavía compiten dentro del sistema ruso

La existencia de varias colectividades es otro elemento que Milosevic considera necesario analizar para entender las elecciones.

La investigadora mencionó al Partido Comunista, al Partido de los Pensionistas, al Partido Liberal Democrático de Rusia, Rusia Justa-Patriotas-Por la Verdad, los Verdes, Rodina y otras agrupaciones.

Sobre los comunistas, explicó que conservan un electorado con “nostalgia por la Unión Soviética”, especialmente entre los sectores de mayor edad.

Sin embargo, señaló que su posición frente al Gobierno suele ser diferente a la de una oposición frontal y que, en asuntos fundamentales, terminan respaldando a Putin.

También habló del Partido Liberal Democrático de Rusia y advirtió que su nombre puede inducir a error.

La colectividad, explicó, tiene una orientación “extremadamente nacionalista” y está vinculada con la tradición política de Vladímir Zhirinovski.

Para Milosevic, el conjunto de estos partidos permite mostrar formalmente un escenario de “multipartidismo”, aunque las condiciones de participación no sean iguales para todas las fuerzas.

¿Está perdiendo popularidad Putin?

Otro de los asuntos que abordó Milosevic fue el respaldo que mantiene Putin después de más de cuatro años de guerra.

La investigadora señaló que el centro de investigación Levada es considerado una de las referencias más objetivas para medir la opinión pública rusa.

Según su lectura de esos datos, la popularidad del presidente “probablemente está bajando”.

Sin embargo, hizo una precisión importante: una reducción en los niveles de aprobación no significa que Putin enfrente necesariamente una amenaza política inmediata.

Milosevic sostuvo que, incluso con una eventual caída, el apoyo al mandatario continúa siendo “muy alto” en comparación con otros dirigentes occidentales.

Por eso, consideró que las elecciones no deben analizarse únicamente como una medición de popularidad, sino como una expresión de un sistema político donde el poder presidencial mantiene un amplio control.

La guerra también transformó la economía rusa

La economía es otro de los factores que, según Milosevic, ayuda a explicar por qué la guerra no ha producido el efecto político que algunos esperaban.

La investigadora señaló que el conflicto ha generado una “economía de guerra” que ha fortalecido sectores vinculados con la industria militar.

También explicó que la guerra ha creado empleos asociados con la producción destinada al conflicto.

Aunque Rusia está en una situación peor que antes de la invasión, Milosevic hizo una comparación con la crisis de finales de los años noventa y recordó que los rusos actualmente viven mejor que durante el colapso de 1998.

En ese contexto destacó la gestión de Elvira Nabiúllina, presidenta del Banco Central ruso, a quien atribuyó parte de la estabilidad económica.

Milosevic también explicó que Putin ha tratado de evitar dos fenómenos simultáneos que podrían generar un mayor descontento social: la movilización general y una inflación descontrolada.

Según su análisis, el sistema de pagos y beneficios económicos para quienes participan en la guerra también ayuda a sostener el esfuerzo militar sin recurrir a una movilización generalizada.

¿Qué puede pasar con la guerra en Ucrania?

El futuro de la guerra fue uno de los temas más relevantes de la entrevista.

Milosevic planteó que Ucrania podría enfrentar un escenario de desgaste y que una parte de la población podría terminar cansándose de la guerra.

En ese contexto habló de la posibilidad de un “conflicto congelado, semicongelado”.

La investigadora también planteó que un eventual acuerdo podría terminar dejando una división territorial, aunque aclaró que se trata de un escenario y no de un resultado asegurado.

Uno de los puntos que utilizó para explicar la dificultad de hacer pronósticos fue lo ocurrido al comienzo de la invasión.

Milosevic recordó que en marzo de 2022 existían análisis que daban por probable una rápida victoria ucraniana y un colapso ruso.

Ese escenario, señaló, no ocurrió, por lo que considera necesario mantener cautela frente a cualquier predicción sobre el final de la guerra.

Rusia mira a Estados Unidos más que a Europa

La relación con Washington también ocupa un lugar central en el análisis de Milosevic.

Según explicó, Rusia “toma a Estados Unidos más en serio que a Europa” cuando se trata de asuntos estratégicos y de una eventual negociación sobre Ucrania.

La razón, en su análisis, está en el peso político, militar y nuclear de ambas potencias.

Para Moscú, explicó, Estados Unidos y Rusia siguen siendo “dos superpotencias” con capacidad para discutir directamente los grandes asuntos estratégicos.

La investigadora también señaló que Europa enfrenta un escenario diferente porque no ha tenido el mismo papel dentro de las conversaciones entre Washington y Moscú.

En ese contexto se refirió a la política de Donald Trump y a su intención de establecer una relación más “previsible” con Rusia.

También explicó que Washington ha tratado el conflicto como un problema fundamentalmente europeo, una posición que genera preocupación en varios países del continente.