Los Emiratos Árabes Unidos anunciaron este martes su salida de la OPEP a partir del 1 de mayo, en una decisión que marca un punto de inflexión para el histórico cartel energético y que podría debilitar aún más su capacidad de influir en la oferta y los precios mundiales del crudo.
La retirada de uno de sus principales productores representa un golpe estructural para la organización, que en los últimos años ya enfrentaba tensiones internas y una pérdida progresiva de peso frente a nuevos actores globales. Desde hace tiempo, se especulaba con esta decisión debido a las crecientes discrepancias entre Abu Dabi y otros miembros del grupo, especialmente en torno a las cuotas de producción, consideradas por los emiratíes como restrictivas frente a sus ambiciones de expansión.
“Tras haber invertido fuertemente en la expansión de la capacidad de producción de energía en los últimos años, la realidad es que los Emiratos Árabes Unidos estaban ansiosos por bombear más petróleo”, señaló la consultora Capital Economics en un análisis. La firma también advirtió que “los lazos que unen a los miembros de la OPEP se han debilitado”, una tendencia visible desde la salida de Qatar.
¿Una disputa entre los reinos del golfo?
El trasfondo geopolítico también resulta clave. Las relaciones entre los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita, líder de facto del cartel, se han tensado en los últimos años por diferencias económicas y estratégicas en Oriente Medio. Estas fricciones se han intensificado en el contexto de la guerra regional que involucra a Irán, alterando los equilibrios tradicionales de cooperación.
Aunque la salida no modifica de inmediato el bloqueo del estrecho de Ormuz —una arteria por la que transita cerca de una quinta parte del petróleo global—, sí podría acelerar una eventual normalización de los precios una vez finalice el conflicto. Según Michael Brown, estratega sénior de Pepperstone, el incremento de la producción emiratí contribuiría a presionar los precios a la baja en el mediano plazo.
El peso productivo de los Emiratos en el mercado
Antes del inicio de la guerra el 28 de febrero, los Emiratos producían alrededor de 3,4 millones de barriles diarios, con capacidad para alcanzar los 5 millones. Esa flexibilidad productiva, ahora fuera del marco de la OPEP, limita la capacidad del grupo para gestionar la oferta global. Como advirtió Jorge León, de Rystad Energy, “una OPEP estructuralmente más débil tendrá cada vez más dificultades para estabilizar los precios”.
El impacto inmediato en los mercados, sin embargo, es limitado. El crudo Brent se mantiene por encima de los 111 dólares por barril, impulsado por las tensiones en Oriente Medio y las restricciones logísticas en Ormuz. Además, la creciente producción de Estados Unidos —que supera los 13 millones de barriles diarios— ha erosionado aún más la influencia del cártel, históricamente dominado por Arabia Saudita.
¿Cuál es la posición del presidente Trump?
Desde Washington, el presidente Donald Trump ha sido un crítico recurrente de la OPEP, cuestionando su papel en la fijación de precios del petróleo.
Más allá del corto plazo, la decisión refleja una estrategia de autonomía energética. Analistas como Karen Young, de la Universidad de Columbia, sostienen para la AP que Abu Dabi busca mayor flexibilidad para negociar directamente con grandes consumidores como China y competir más agresivamente con Arabia Saudita.
El anuncio, difundido por la agencia estatal WAM, incluye también la salida del grupo ampliado OPEP+, impulsado por Rusia. Según el gobierno emiratí, la medida responde a una “visión estratégica y económica a largo plazo”, con planes de introducir producción adicional de forma gradual según las condiciones del mercado.
La decisión también evidencia el debilitamiento de los mecanismos de cooperación regional, como el Consejo de Cooperación del Golfo, en un contexto marcado por rivalidades crecientes y fallas en la coordinación en materia de seguridad y defensa.
En paralelo, los Emiratos mantienen una política energética dual: mientras impulsan inversiones en energías limpias —tras haber sido anfitriones de la COP28—, continúan expandiendo su capacidad petrolera. Esta aparente contradicción ha sido objeto de críticas por parte de activistas climáticos, aunque desde Abu Dabi insisten en que la demanda global de energía seguirá en aumento en las próximas décadas.