A un año del cierre de USAID, nuevo estudio afirma que podría haber 9,4 millones de muertes en 2030

De ese total, alrededor de 2,5 millones corresponderían a niños menores de cinco años.
La administración Trump argumentó que necesitaba semanas adicionales para reanudar los pagos suspendidos el 13 de febrero. Crédito: AFP

Un año después de que la administración de Donald Trump desmantelara la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), los efectos de los recortes a la ayuda exterior comienzan a reflejarse en cifras alarmantes, con millones de vidas potencialmente en riesgo en los países más vulnerables del mundo.

Desde comienzos de 2025, el cierre de clínicas de VIH en Sudáfrica, la suspensión de programas médicos en Afganistán y la cancelación de iniciativas contra la desnutrición y enfermedades prevenibles marcaron el inicio de una nueva etapa en la política exterior estadounidense, caracterizada por la reducción drástica del financiamiento humanitario.

A estos recortes se sumaron decisiones similares en países como Reino Unido, Alemania y Canadá, que anunciaron disminuciones presupuestarias que entrarán en vigor entre 2026 y 2027, amplificando el impacto global de la reducción de fondos.

En este contexto, un nuevo estudio publicado en la revista médica The Lancet buscó cuantificar el costo humano de estas decisiones. Según el informe, los recortes a la ayuda internacional podrían causar al menos 9,4 millones de muertes adicionales para 2030, si se mantiene la tendencia actual de financiación.

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De ese total, alrededor de 2,5 millones corresponderían a niños menores de cinco años, uno de los grupos más afectados por la disminución de programas de salud y nutrición.

Un modelo basado en datos de 93 países

El estudio, revisado por pares, fue elaborado por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), con financiación del gobierno español y la Fundación Rockefeller. Los investigadores analizaron información de 93 países de ingresos bajos y medios que dependen de la cooperación internacional para sostener sus sistemas sanitarios.

El informe comparó dos escenarios: uno en el que los recortes continúan en línea con los promedios recientes, y otro en el que la ayuda se mantiene en los niveles de 2023.

Además, modeló una situación más extrema, en la que los recortes se profundizan hasta finales de la década, lo que elevaría el número de muertes adicionales hasta 22,6 millones.

“Nuestros análisis muestran que la ayuda al desarrollo se encuentra entre las intervenciones de salud global más eficaces disponibles”, afirmó Davide Rasella, coordinador del estudio. “En las últimas dos décadas, ha salvado un número extraordinario de vidas”.

“Retirar este apoyo ahora no solo revertiría el progreso duramente conseguido, sino que se traduciría directamente en millones de muertes evitables”, agregó.

Los logros en riesgo

El informe también recordó los avances alcanzados gracias a la cooperación internacional entre 2002 y 2021. En ese periodo, la ayuda global contribuyó a reducir la mortalidad infantil en un 39 %, según los investigadores.

Asimismo, se registraron descensos del 70 % en las muertes por VIH/sida, del 56 % por malaria y del 56 % por deficiencias nutricionales, consolidando a la cooperación internacional como una de las herramientas más eficaces en salud pública.

La respuesta del gobierno estadounidense

Estados Unidos financió cerca del 47 % del llamamiento humanitario global en 2024, de acuerdo con datos de Naciones Unidas, lo que lo convirtió en el principal donante mundial. Históricamente, la ayuda exterior ha representado alrededor del 1 % del presupuesto federal.

Consultado por el estudio, un alto funcionario del Departamento de Estado descalificó a The Lancet como una “revista fallida” y aseguró que “algunos ‘estudios’ se basan en ideas obsoletas”.

“El antiguo sistema creó una cultura global de dependencia, agravada por una ineficiencia considerable”, sostuvo. Según el funcionario, el nuevo enfoque prioriza “el comercio sobre la ayuda y la inversión sobre la asistencia”.

En julio pasado, el secretario de Estado, Marco Rubio, definió esta política como una estrategia que busca reemplazar la cooperación tradicional por relaciones económicas.

“La gente ya está muriendo”

Expertos humanitarios reconocen que los modelos estadísticos tienen limitaciones, pero coinciden en que el impacto ya es visible en el terreno.

“Lo que podemos afirmar con seguridad es que estos recortes ya están matando gente”, declaró Jeremy Konyndyk, presidente de Refugees International. “No se están recopilando datos. Estamos actuando a ciegas”.

“Vemos evidencia de que los sistemas que salvan vidas están colapsando”, añadió.

Lee Crawfurd, investigador del Center for Global Development, coincidió en que las cifras deben interpretarse con cautela, pero advirtió que “la conclusión general probablemente sea correcta: la gente morirá en grandes cantidades”.

Un análisis de ese centro estimó que solo los recortes de USAID pudieron haber provocado entre 500.000 y 1.000.000 de muertes en 2025, y que las reducciones futuras podrían causar hasta 1,6 millones de fallecimientos anuales.

Nuevas estrategias y riesgos

En paralelo, países como Kenia, Ruanda y Nigeria han firmado acuerdos bilaterales con Estados Unidos para canalizar la ayuda directamente a través de sus gobiernos, como parte de la llamada “Estrategia de Salud Global América Primero”.

Sin embargo, expertos han advertido sobre riesgos de corrupción, exclusión de poblaciones vulnerables y falta de atención a áreas como la salud maternoinfantil y la nutrición.

La ONU, por su parte, inició un proceso de austeridad para reducir costos administrativos y concentrar recursos en programas esenciales.

Konyndyk señaló que muchas comunidades están adoptando estrategias de supervivencia a corto plazo, como vender bienes, endeudarse o retirar a los niños de la escuela.

“El costo de esto es que menos personas encuentren trabajo y que la pobreza aumente”, afirmó. “La idea de que se puede recortar drásticamente la ayuda y compensarlo con eficiencia es una quimera”.