Una nueva revisión científica ha encendido las alarmas sobre los efectos del vapeo en la salud. Investigadores de la Universidad de Nueva Gales del Sur, Australia, concluyeron que los cigarrillos electrónicos no están exentos de riesgos y podrían estar vinculados al desarrollo de cáncer de boca y pulmón, en lo que representa una de las evaluaciones más completas realizadas hasta la fecha.
El equipo analizó estudios publicados entre 2017 y 2025 y encontró evidencia preocupante: el vapeo puede provocar cambios en el ADN de los usuarios, lo que incrementa el riesgo de alteraciones celulares asociadas con el cáncer. Además, los investigadores identificaron daños en los tejidos del tracto respiratorio y alteraciones en la microbiota oral, factores que favorecen procesos inflamatorios y enfermedades graves.
El profesor Bernard Stewart, autor principal del estudio, fue contundente: “La investigación demuestra que vapear no es una alternativa al tabaco ni a las drogas ilícitas. No es una alternativa a nada en lo que respecta a la seguridad”. Y añadió: “Es peligroso, y ese es el mensaje”.
El riesgo doble para quienes fuman y vapean al tiempo
Uno de los hallazgos más inquietantes es el impacto del “uso dual”, es decir, personas que fuman cigarrillos tradicionales y también vapean. Según el análisis, esta combinación puede cuadruplicar el riesgo de padecer cáncer de pulmón, lo que pone en duda la idea de que los cigarrillos electrónicos son una herramienta efectiva de transición para dejar el tabaco.
El estudio también documenta casos clínicos alarmantes, como el de un joven de 19 años con historial intensivo de vapeo que desarrolló un carcinoma oral poco común en personas sin infección por virus del papiloma humano. Este tipo de evidencia, aunque aún limitada, refuerza la preocupación de los científicos sobre los efectos a largo plazo de estos dispositivos.
En términos de salud pública, los datos siguen siendo preocupantes. En Inglaterra, solo el 60% de los pacientes con cáncer oral sobrevive cinco años tras el diagnóstico, mientras que en el caso del cáncer de pulmón, apenas un 10% supera los diez años de supervivencia. Estas cifras reflejan la gravedad de enfermedades que podrían estar asociadas, en parte, al uso creciente de cigarrillos electrónicos.
El profesor Freddy Sitas advirtió que la situación podría seguir una trayectoria similar a la del tabaco en el siglo XX: “No deberíamos esperar 100 años para actuar. Estamos viendo una evolución similar con los cigarrillos electrónicos”. Además, cuestionó que estos dispositivos se promocionen como una alternativa segura para dejar de fumar sin controles más estrictos.
¿hay diferencia para la salud entre vapear y fumar?
Sin embargo, no todos los expertos coinciden plenamente con estas conclusiones. El profesor Peter Hajek, de la Universidad Queen Mary de Londres, señaló que el vapeo expone a los usuarios a niveles mucho menores de carcinógenos que el tabaco tradicional, y advirtió que exagerar los riesgos podría desincentivar a fumadores que buscan alternativas menos dañinas.
En la misma línea, el investigador Lion Shahab, del University College London, pidió evitar la “sensacionalización” y defendió el uso del vapeo como herramienta de reducción de daños en fumadores, aunque subrayó que no debe ser utilizado por personas que nunca han fumado.
A pesar del debate científico, varios gobiernos ya han comenzado a tomar medidas. En el Reino Unido, por ejemplo, se han restringido los cigarrillos electrónicos desechables y se evalúan nuevas regulaciones para limitar su uso, especialmente entre jóvenes.
El consenso emergente es claro: aunque el vapeo puede ser menos dañino que fumar, no es seguro. La evidencia acumulada apunta a efectos biológicos relevantes (como inflamación, estrés oxidativo y daño genético) que podrían traducirse en enfermedades graves con el paso del tiempo.
En un contexto de aumento de casos de cáncer de cabeza y cuello en personas jóvenes, los expertos coinciden en que la prioridad debe ser la prevención y la regulación temprana, antes de que el impacto del vapeo en la salud pública alcance niveles comparables a los del tabaco tradicional.