La guerra en Medio Oriente, iniciada tras los ataques del 28 de febrero, entra en una fase de alta incertidumbre diplomática marcada por exigencias cruzadas, mensajes contradictorios y una creciente desconfianza entre Estados Unidos e Irán. Mientras el presidente Donald Trump asegura que existen avances en contactos indirectos, desde Teherán niegan cualquier negociación y elevan el tono retórico.
De acuerdo con un informe de The Wall Street Journal, la República Islámica habría presentado una lista de condiciones para avanzar hacia un alto el fuego que ha generado frustración en funcionarios estadounidenses, al ser consideradas “poco realistas”.
Entre las exigencias destacan el control económico del estratégico estrecho de Ormuz, un cese de hostilidades entre Israel y el grupo Hezbolá en el Líbano, y la posibilidad de continuar su programa de misiles balísticos sin restricciones.
Demandas "poco realistas"
A estas demandas se suman otras ya conocidas, como el desmantelamiento de bases militares estadounidenses en la región y compensaciones económicas por los daños derivados de la guerra. Sin embargo, todas estas condiciones chocan frontalmente con las líneas rojas planteadas por Washington, que incluyen la limitación del programa de misiles iraní, el fin del apoyo a milicias regionales y el desmantelamiento completo de sus capacidades nucleares.
Las tensiones se profundizan por la ausencia de diálogo directo. Según el mismo reporte, las exigencias iraníes fueron transmitidas a través de intermediarios, lo que refleja el deterioro de los canales diplomáticos tradicionales.
Desde Teherán, las señales han sido incluso más contundentes. El portavoz militar Ebrahim Zolfaqari desestimó públicamente cualquier posibilidad de acercamiento, afirmando que “nadie como nosotros hará un trato con ustedes. Ni ahora ni nunca”, en una declaración difundida por medios estatales. En el mismo mensaje, cuestionó que Washington esté “negociando consigo mismo” y calificó el poder estratégico estadounidense como un “fracaso”.
En la misma línea, el portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Esmaeil Baghaei, aseguró que no existe ningún proceso de negociación en curso, argumentando que Irán ha tenido una “muy mala experiencia con la diplomacia estadounidense”, especialmente tras ataques previos ocurridos durante instancias de diálogo en los últimos dos años.
El plan de paz de 15 puntos presentado por EE.UU.
Pese a estas negativas, fuentes diplomáticas de Pakistán y Egipto confirmaron que Teherán sí recibió una propuesta estadounidense de 15 puntos. Este plan incluiría alivio de sanciones, cooperación nuclear civil, supervisión del programa atómico por parte del Organismo Internacional de Energía Atómica, restricciones a los misiles y garantías de libre navegación por el estrecho de Ormuz.
Un mediador egipcio describió la iniciativa como “un acuerdo integral”, aunque advirtió que requeriría “inmensos esfuerzos” para concretarse, en línea con la complejidad de negociaciones recientes en la región.
En paralelo, Trump ha optado por una estrategia ambivalente: por un lado, ha amenazado con intensificar la ofensiva —incluyendo ataques a infraestructura energética iraní— si no se garantiza el tránsito por Ormuz; por otro, ha concedido plazos adicionales para permitir avances diplomáticos. El mandatario incluso aseguró que Irán había hecho un “regalo muy importante” relacionado con el flujo petrolero, tras permitir el paso de buques “no hostiles”.
La fluctuación de los precios del petróleo
Este gesto tuvo un impacto inmediato en los mercados: el precio del crudo cayó cerca de un 6 %, en medio de una crisis energética global provocada por el cierre parcial de esta ruta, por donde transita cerca de una quinta parte del petróleo mundial.
En el frente militar, el conflicto mantiene una intensidad elevada. Desde el inicio de la guerra, Irán ha lanzado más de 400 misiles balísticos contra Israel, mientras que el ejército estadounidense reporta una tasa de interceptación del 92 % en ataques dirigidos a zonas pobladas. A su vez, la Fuerza Aérea israelí ha ejecutado cientos de bombardeos sobre territorio iraní, con más de 13.000 bombas dirigidas a infraestructura militar y nuclear.
Al menos 15 civiles han muerto en Israel, mientras que autoridades israelíes estiman unos 5.000 soldados iraníes fallecidos, además de decenas de miles de heridos.