Miles de manifestantes en las calles de Irán desafían como nunca a la República Islámica, en una movilización de alcance inédito que pone en tensión al régimen teocrático. Sin embargo, persiste la incógnita sobre si la magnitud y persistencia del movimiento serán suficientes para provocar su caída.
¿Por qué estas manifestaciones representan un desafío sin precedentes para la República Islámica?
Los analistas consultados por la AFP mantienen una postura prudente sobre el desenlace de las protestas, principalmente por la unidad que han demostrado las autoridades hasta ahora. No obstante, coinciden en que las manifestaciones se han intensificado de manera constante desde su inicio, el 28 de diciembre.
Para Nicole Grajewski, profesora del Centro de Investigaciones Internacionales de Sciences Po, estas movilizaciones constituyen “el desafío más serio que ha enfrentado la República Islámica en años”, tanto por su dimensión como por la claridad de sus demandas políticas.
En la misma línea, Clément Therme, investigador asociado del Instituto Internacional de Estudios Iraníes, señala que el movimiento actual es distinto porque articula protestas económicas, reclamos por la igualdad de género, movilizaciones estudiantiles y el descontento de las clases medias, hoy afectadas por un proceso de empobrecimiento.
Para Jason Brodsky, director de United Against a Nuclear Iran, las manifestaciones son históricas y, en la medida en que se prolongan, “inyectan mayor inestabilidad en el corazón del régimen”.
¿Qué factores internos y externos pueden definir el desenlace de la crisis en Irán?
Los factores internos son considerados decisivos para un eventual colapso del poder. En particular, los analistas subrayan la importancia de posibles deserciones dentro de las fuerzas de seguridad o fracturas en el entorno del guía supremo. Según Therme, la caída del régimen dependería del abandono del aparato represivo y de una eventual confraternización con los manifestantes.
Hasta ahora, no se han registrado señales de un quiebre sistémico en las fuerzas del orden ni fisuras visibles en los Guardianes de la Revolución, el principal sostén militar e ideológico del régimen. Grajewski advierte que, sin divisiones en la cúpula política y en las instituciones coercitivas, las protestas masivas por sí solas difícilmente serán suficientes.
En el plano económico, la crisis actúa como un catalizador del descontento. Las manifestaciones comenzaron en Teherán por el alto costo de vida y se extendieron a las regiones más pobres del oeste del país. Millones de iraníes, incluidos sectores de la clase media, enfrentan una inflación que ha erosionado su capacidad de subsistencia. Therme describe esta dinámica como un círculo vicioso, en el que la represión agrava la crisis económica y profundiza el rechazo social.
En cuanto a los factores externos, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha amenazado con responder con dureza si el régimen intensifica la represión, mientras se especula sobre el papel de Estados Unidos e Israel. Para Arash Azizi, académico de la Universidad de Yale, la combinación de presión interna y amenazas externas podría llevar a sectores del poder a impulsar un cambio abrupto desde dentro, incluso mediante una acción similar a un golpe de Estado, lo que también implicaría la caída del régimen actual.