Una joven de 20 años logró lo que hasta hace poco parecía improbable: llevar a juicio a dos gigantes tecnológicos y obtener un veredicto en su contra por el diseño de sus plataformas. El caso, considerado histórico en Estados Unidos, marca un punto de inflexión en la discusión global sobre el impacto de las redes sociales en la salud mental de los adolescentes.
El jurado determinó que Meta Platforms, propietaria de Instagram, y YouTube, operan productos negligentes al no advertir sobre los riesgos que sus aplicaciones representan para menores de edad. En consecuencia, ordenó el pago de 3 millones de dólares a la demandante, identificada como Kaley GM, quien aseguró que el uso intensivo de estas plataformas desde la infancia contribuyó a desarrollar ansiedad, depresión y dismorfia corporal.
Meta deberá asumir el 70% de la indemnización, mientras que YouTube cubrirá el 30% restante. Además, el jurado dejó abierta la puerta a una compensación adicional por daños punitivos, lo que podría elevar significativamente el costo total para las compañías en una fase judicial posterior.
Juicio centrado en el diseño, no en el contenido de las redes
Durante el juicio, que se extendió por siete semanas, la defensa de Kaley centró su estrategia en un aspecto clave: no cuestionar el contenido publicado en las plataformas, sino el diseño mismo de las aplicaciones. De esta manera, buscó sortear las protecciones legales de la Sección 230 de la Ley de Decencia en las Comunicaciones, que históricamente ha blindado a las empresas tecnológicas frente a responsabilidades por contenidos generados por usuarios.
La joven relató ante el jurado que comenzó a consumir videos en YouTube a los seis años y creó su primera cuenta de Instagram a los nueve. Según su testimonio, llegó a pasar hasta 16 horas en un solo día conectada a la plataforma, impulsada por mecanismos como notificaciones, “me gusta” y comentarios, que describió como generadores de una “subida de adrenalina”.
“Quería estar conectada todo el tiempo. Si no lo estaba, sentía que me iba a perder algo”, declaró.
La defensa de Mark Zuckerberg
Por su parte, las empresas defendieron que los problemas de la demandante podían explicarse por otros factores, como dificultades familiares o acoso escolar. En el estrado, Mark Zuckerberg aseguró que el objetivo de la compañía es ofrecer herramientas útiles, no generar adicción. En la misma línea, Adam Mosseri sostuvo que la aplicación no es “clínicamente adictiva”.
Meta reaccionó al fallo señalando: “Discrepamos respetuosamente con el veredicto y estamos evaluando nuestras opciones legales”. YouTube no emitió comentarios inmediatos.
El alcance del caso trasciende a la demandante. Los abogados de Kaley calificaron el fallo como “un referéndum contra toda la industria”, al considerar que expone prácticas sistemáticas de diseño orientadas a maximizar el tiempo de uso, especialmente entre menores.
El veredicto llega en un momento de creciente presión judicial sobre las plataformas digitales. Más de 3.000 demandas similares están en curso en tribunales de California contra empresas como Meta, YouTube, Snapchat y TikTok. Además, días antes, un jurado en Nuevo México declaró responsable a Meta en otro caso relacionado con la protección de menores en línea, imponiendo una sanción de 375 millones de dólares.