Las claves de Artemis II, la misión que llevará al ser humano a la Luna después de 50 años

Cuatro tripulantes durarán diez días en una cápsula del tamaño de un minibús y regresarán tras observar por tres horas el lado oscuro de la Luna
Misión Artemis II de la NASA Crédito: AFP

Más de cinco décadas después de las misiones Apolo, la humanidad está a punto de regresar al entorno lunar con una operación que combina ambición científica, riesgos técnicos y un profundo desafío humano. La misión Artemis II, liderada por la NASA, enviará a cuatro astronautas en un viaje de más de 800.000 kilómetros alrededor de la Luna y de regreso a la Tierra, en lo que será el primer vuelo tripulado del programa Artemis.

Se trata de una misión clave, no solo por su simbolismo histórico, sino porque sentará las bases para el regreso permanente del ser humano al satélite natural y la futura construcción de una base lunar. En palabras del comandante Reid Wiseman: “Es una misión de prueba y estamos preparados para cualquier escenario… Va a ser increíble”.

Un lanzamiento crítico: el poder del SLS

El viaje comenzará en el Centro Espacial Kennedy, desde donde despegará el gigantesco Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS), el cohete más potente jamás construido por la NASA. Con 98 metros de altura, este vehículo solo ha sido probado una vez, durante la misión Artemis I en 2022.

El SLS está compuesto por dos enormes propulsores laterales y cuatro motores principales, alimentados por más de tres millones de litros de hidrógeno y oxígeno líquidos. Su misión es impulsar la cápsula Orión fuera de la órbita terrestre.

El lanzamiento es considerado uno de los momentos más peligrosos de toda la misión. Por ello, el sistema incorpora un mecanismo de escape de emergencia que, en caso de fallo, puede separar la cápsula y alejar a los astronautas del cohete en segundos.

El piloto Victor Glover lo resumió con claridad: “El lanzamiento puede ser un momento fantástico y aterrador al mismo tiempo”.

La tripulación: experiencia, diversidad y coordinación total

La misión está integrada por cuatro astronautas altamente entrenados:

  • Reid Wiseman (comandante), veterano de la Marina con seis meses en el espacio.
  • Victor Glover (piloto), ex piloto de pruebas con experiencia en la Estación Espacial Internacional.
  • Christina Koch (especialista de misión), ingeniera eléctrica que pasó un año en el espacio y participó en la primera caminata espacial exclusivamente femenina.
  • Jeremy Hansen (especialista), piloto de combate canadiense que realizará su primer vuelo espacial.

Los cuatro llevan más de dos años entrenando juntos, desarrollando una sincronización que, según Wiseman, les permite operar casi sin comunicarse: “No necesitamos hablar, simplemente sabemos lo que está pasando”.

Vida en Orión: 10 días en un espacio mínimo

Durante la misión, los astronautas vivirán en la cápsula Orión, un módulo de aproximadamente 5 metros de ancho por 3 de alto, comparable al tamaño de un minibús.

Dentro de este espacio reducido deberán realizar todas sus actividades: trabajar, dormir, comer y ejercitarse. La microgravedad permitirá usar cualquier superficie como “suelo” o “techo”, pero también implicará desafíos de adaptación, especialmente para Hansen, quien nunca ha estado en el espacio.

La vida a bordo incluye detalles tan técnicos como humanos:

  • Un sistema de agua para hidratar alimentos.
  • Entrenamiento diario con una máquina de resistencia.
  • Un inodoro diseñado especialmente para funcionar en gravedad cero.

“Estamos todos apretados… cualquier ruido, todos lo oirán”, bromeó Koch sobre la falta de privacidad.

El viaje: decisiones críticas y riesgos constantes

El primer día, la tripulación orbitará la Tierra a unos 70.000 km de altura —muy por encima de la Estación Espacial Internacional— mientras verifica sistemas y se adapta a la ingravidez.

Luego llegará una de las decisiones más importantes: la inyección translunar, el encendido que permitirá a Orión escapar de la gravedad terrestre y dirigirse hacia la Luna.

A partir de ese momento, regresar ya no será sencillo.

Durante el trayecto, los astronautas:

  • Evaluarán sistemas de soporte vital.
  • Pilotarán manualmente la nave.
  • Participarán en experimentos sobre el cuerpo humano en el espacio.

Uno de los mayores riesgos es la radiación solar. Para ello, contarán con dosímetros y un refugio especial dentro de la nave en caso de tormentas solares.

Cara oculta de la Luna: el momento histórico

El punto culminante llegará cuando la nave sobrevuele la cara oculta de la Luna, a una distancia de entre 6.500 y 9.500 km.

Durante este momento, la comunicación con la Tierra se perderá entre 30 y 50 minutos, generando una de las fases más tensas de la misión.

“Me encantaría que todo el mundo esperara y rezara para que volvamos a estar en contacto”, dijo Glover.

La tripulación dedicará horas a observar y fotografiar la superficie lunar, aportando datos clave para futuras misiones. Koch destacó que podrían ver zonas nunca antes observadas directamente por humanos.

El regreso: calor extremo y alta velocidad

El retorno será igual de desafiante. La cápsula deberá reingresar a la atmósfera terrestre a 40.000 km/h, soportando temperaturas de hasta 2.700 °C.

Tras el reingreso:

  • Se desplegarán paracaídas.
  • La nave amerizará en el océano Pacífico.
  • Equipos de rescate recuperarán a la tripulación.

“El momento más especial será ver los paracaídas y saber que volvemos a casa”, afirmó Glover.

Más allá de la misión: el inicio de una nueva era

Solo 24 astronautas han orbitado la Luna en la historia, y esta misión ampliará ese exclusivo grupo.

Los datos obtenidos serán fundamentales para futuras misiones que buscarán no solo regresar a la superficie lunar, sino establecer una presencia humana sostenida.