Son ya más de dos meses desde que Nicolás Maduro fue capturado por Estados Unidos y recluido en el Centro Metropolitano de Detención de Brooklyn (MDC). Poco se sabe sobre los detalles de su estancia en la famosa prisión. Desde allí, según el diario ABC de Españo, lanza gritos en español que rompen la noche: "¡Yo soy el presidente de Venezuela! ¡Díganle a mi país que he sido secuestrado, que aquí se nos maltrata!" Nadie responde. Solo el eco metálico de las puertas.
Maduro ingresó en el MDC el 3 de enero, tras ser capturado y trasladado a Nueva York en circunstancias que sus abogados califican de "abducción militar". Dos días después, el 5 de enero, compareció ante el juez Alvin Hellerstein en Manhattan.
Se presentó como presidente legítimo de Venezuela, reiteró que había sido secuestrado en su propia casa de Caracas y se declaró inocente de los cargos que pesan contra él: narcoterrorismo, conspiración para introducir cocaína en Estados Unidos y posesión de armamento ilegal. El magistrado le dijo que habría "un momento y un lugar" para debatir la legalidad de su captura. Ese momento, advirtió, no era ese. Maduro quedó en prisión preventiva.
Una prisión sin ornamentos
El MDC es un cubo de hormigón brutalista construido en una zona industrial junto a la bahía de Brooklyn. No hay nada en su fachada que suavice lo que ocurre dentro. El consultor penitenciario Sam Mangel, que ha trabajado con reclusos en centros federales durante años, no necesita rodeos para describirlo: "Es el infierno en la tierra. Está en unas condiciones de abandono total, con falta de financiación y sin suficiente personal. Es un lugar donde a nadie le gustaría pasar un minuto".
Por sus módulos han pasado perfiles tan dispares como el rapero Sean 'Diddy' Combs, Ghislaine Maxwell (condenada por tráfico sexual), el expresidente hondureño Juan Orlando Hernández, el exjefe de la inteligencia chavista Hugo 'el Pollo' Carvajal o el narcotraficante Ismael 'el Mayo' Zambada. Maduro es, con toda probabilidad, el recluso de mayor perfil político en la historia del centro.
Aislamiento casi permanente
Según las mismas fuentes, Maduro ha sido ubicado en la Unidad de Alojamiento Especial, conocida por sus siglas en inglés como SHU: el módulo de confinamiento solitario. Su celda cuenta con una cama metálica fijada al muro, un retrete, un lavabo y una ventana por la que apenas penetra luz natural. La rutina es estricta: tres salidas semanales de una hora, siempre esposado de pies y manos y escoltado por dos guardias. En ese tiempo puede ducharse, hacer llamadas telefónicas dentro de un límite mensual, utilizar el correo electrónico supervisado o acceder a un pequeño patio enrejado al exterior.
Las autoridades justifican el aislamiento como medida de seguridad para un interno de alto perfil. «Una situación miserable, deshumanizante», resume Mangel, que conoce bien el régimen de la SHU.
La defensa no puede pagarse sola
El proceso judicial avanza con lentitud calculada. La defensa ha anunciado una litigación "voluminosa y complicada" cuyo eje central es impugnar la legalidad de la captura. Pero hay un problema más prosaico: el dinero. Los abogados solicitaron al Departamento del Tesoro licencias para cobrar sus honorarios con fondos procedentes del Gobierno venezolano, argumentando que la ley venezolana obliga al Estado a costear la representación legal de su presidente. La autorización inicial fue modificada para bloquear esa vía de financiación directa. La defensa sostiene que Maduro no puede asumir por sí mismo los costes de su representación.
Desde el lado diplomático, Venezuela ha designado a Félix Plasencia —exministro de Relaciones Exteriores entre 2021 y 2022— como representante ante Estados Unidos. Su destino inicial no ha sido Washington, sino Nueva York, para estar cerca del proceso judicial y participar en los encuentros consulares. El 30 de enero se produjo la primera visita consular al recluso, uno de los escasos contactos formales desde su ingreso en el centro.
Un invierno largo en Brooklyn
El MDC arrastra una reputación de condiciones deficientes: calefacción irregular en invierno, presencia de roedores y atención médica limitada. En diciembre murió un recluso por fallos en el diagnóstico de un cáncer de pulmón, según consta en registros públicos. En la primera audiencia judicial, los abogados de Maduro informaron al juez de que su cliente tenía asuntos médicos pendientes de atención. No se detallaron las dolencias. El magistrado ordenó coordinarlos con la Fiscalía.
Afuera, Nueva York ha soportado uno de los inviernos más duros que se recuerdan en la costa este. Dentro del MDC, el tiempo no se mide en estaciones sino en turnos de comida y minutos de llamada. La prioridad de las autoridades es que no ocurra nada antes del juicio. El juicio, en cambio, podría tardar meses o incluso años en celebrarse.