Máxima tensión: Rusia llevó a cabo una operación secreta con un submarino en aguas británicas

La operación rusa buscaría inspeccionar cables submarinos de datos y energía y en oleoductos.
Submarino ruso Krasnodar, de la clase Kilo, en alta mar Crédito: AFP

El Gobierno británico reveló que ha estado siguiendo de cerca una operación encubierta de submarinos rusos en aguas cercanas al Reino Unido, en un episodio que elevó la preocupación por la seguridad de infraestructuras críticas como cables submarinos de energía y telecomunicaciones.

El secretario de Defensa, John Healey, aseguró que durante un mes las fuerzas británicas monitorearon un submarino de ataque ruso y dos buques especializados en espionaje en el Mar del Norte. Según explicó, estas embarcaciones habrían operado cerca de cables submarinos clave para el transporte de datos y energía entre países.

El foco de la preocupación: la infraestructura submarina. Healey indicó que la Marina Real desplegó boyas de sonar como medida disuasoria para alertar a los submarinos de que estaban siendo vigilados. Aunque afirmó estar “seguro” de que no se produjeron daños, advirtió que la verificación final dependerá de aliados regionales.

Entre los activos rusos detectados se encontraba el submarino Krasnodar, así como unidades vinculadas al programa GUGI, una iniciativa del Ministerio de Defensa ruso orientada a operaciones en aguas profundas. Según Londres, uno de los submarinos actuó como señuelo, mientras otros se posicionaron sobre infraestructuras sensibles.

Escalada simbólica en el Canal de la Mancha

El episodio coincidió con una demostración de fuerza de Moscú en el Canal de la Mancha, donde la fragata rusa Admiral Grigorovich escoltó a dos petroleros sancionados, en lo que fue interpretado como un desafío directo a las advertencias del primer ministro Keir Starmer sobre la llamada “flota en la sombra” de Rusia.

Buques británicos siguieron de cerca la flotilla, en una operación de vigilancia que incluyó al patrullero HMS Mersey y helicópteros militares. En paralelo, la fragata HMS Somerset interceptó otras embarcaciones rusas cerca de la costa francesa, en coordinación con aliados europeos.

Desde Downing Street, Healey lanzó una advertencia explícita al presidente Vladimir Putin: “Vemos su actividad en nuestros cables y oleoductos, y cualquier intento de dañarlos no será tolerado y tendrá graves consecuencias”.

Las autoridades británicas subrayan que estas infraestructuras submarinas son esenciales para el funcionamiento de la economía global, ya que transportan enormes volúmenes de datos y energía.

Críticas internas y presión internacional

El incidente también reavivó el debate sobre el estado de las Fuerzas Armadas del Reino Unido. Figuras como el exjefe naval Lord West han advertido que el sistema de defensa se encuentra en una situación “precaria”, mientras que el actual liderazgo militar reconoce que aún hay limitaciones operativas.

Las críticas han llegado incluso desde Estados Unidos. El presidente Donald Trump calificó a los portaaviones británicos como “juguetes”, mientras que su secretario de Defensa cuestionó la capacidad de la Marina Real.

Pese a ello, el Gobierno británico insiste en que mantiene una vigilancia constante. El Ministerio de Defensa confirmó que en los últimos días se han completado al menos diez jornadas de seguimiento continuo a buques y submarinos rusos en la región.

Como parte de la respuesta, la HMS Somerset iniciará ahora un despliegue de cuatro meses en el Atlántico Norte, con el objetivo de vigilar movimientos submarinos y proteger la infraestructura crítica.