El mercado laboral argentino muestra señales de recuperación desde la llegada al poder de Javier Milei, pero con una transformación profunda en la calidad del empleo. Detrás de los números que reflejan estabilidad en la cantidad de ocupados, emerge un fenómeno marcado por el crecimiento del cuentapropismo, la informalidad y los ingresos más bajos.
Un informe de la consultora Econviews, elaborado por el economista Rafael Aguilar en base a microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares, revela que el sector de hoteles y restaurantes lideró la generación de empleo desde fines de 2023, con 141.000 nuevos ocupados hacia el cierre de 2025.
Sin embargo, la composición de esos puestos refleja un deterioro en la calidad laboral. De ese total, 101.000 trabajadores desempeñan sus tareas en la calle, en vehículos o desde sus hogares, mayoritariamente como independientes, lo que evidencia un cambio estructural en la forma de inserción laboral.
El impacto de Rappi en el mercado laboral
Este fenómeno ha sido definido como la “revolución Rappi”, en alusión a la plataforma colombiana Rappi, y describe el auge de actividades como el domicilio o la venta de comida casera a través de redes sociales. Solo este último rubro explicó la creación de 80.000 empleos en dos años, consolidando el avance de microemprendimientos de baja escala.
El peso de estas modalidades casi se duplicó, pasando de representar el 0,7% del total de ocupados antes de 2023 al 1,3% en 2025. A su vez, se trata de empleos con ingresos significativamente menores: promediaron $500.000 mensuales, frente a los casi $800.000 de quienes trabajan en relación de dependencia en el mismo sector.
Otros sectores generadores de empleo
La tendencia no se limita a la gastronomía. Transporte y almacenamiento sumaron 89.000 nuevos trabajadores —con mayor presencia de empleo asalariado—, mientras que en salud y servicios sociales, que incorporaron 65.000 personas, también se observa un crecimiento del cuentapropismo.
Los datos surgen de la EPH, que permite captar el universo del empleo informal —unos 5,8 millones de trabajadores no registrados—, aunque presenta limitaciones metodológicas. Según explicó Daniel Schteingart, existe “una zona gris” en la medición del empleo, donde un trabajador puede ser informal y al mismo tiempo facturar como monotributista, lo que dificulta clasificar con precisión su situación laboral.
¿Y el empleo formal?
En paralelo, el empleo formal muestra un deterioro significativo. De acuerdo con el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), se perdieron 185.000 puestos asalariados privados y 72.000 públicos desde fines de 2023. Esta caída fue compensada por el aumento del empleo independiente e informal, lo que explica la estabilidad general en el número total de ocupados.
Al cierre de 2025, la Argentina registraba 13,5 millones de ocupados en los principales centros urbanos, apenas 15.000 menos que dos años antes. No obstante, en el último año se perdieron 93.000 puestos, lo que sugiere una desaceleración en la recomposición del empleo.
El ajuste también impacta en las estrategias de los hogares. Un informe de la Fundación Encuentro indica que 1,6 millones de personas tienen más de un trabajo, equivalente al 12,2% de los ocupados, uno de los niveles más altos registrados. En la mayoría de los casos, se trata de jefes de hogar que combinan empleos no como ingreso adicional, sino como una necesidad para sostener su nivel de vida.
El fenómeno del pluriempleo refleja además una creciente fragmentación: mientras en sectores de bajos ingresos funciona como estrategia de subsistencia, en segmentos medios y altos responde a una intensificación del trabajo.
Un análisis de GMA Capital describe este escenario como una economía en forma de “K”. Los sectores dinámicos —agro, energía, minería y finanzas— crecen en promedio un 14%, mientras que industria, comercio y construcción acumulan una caída cercana al 8%.
La asimetría es clave en términos laborales: los sectores en expansión concentran apenas el 9% del empleo registrado, mientras que los más rezagados explican más de un tercio de los puestos. Si se incluye el empleo informal, la brecha se amplía aún más.
El resultado es un desajuste estructural: los sectores que crecen no generan suficiente empleo, y los que más empleo generan están en retroceso.