El último acuerdo vigente entre Estados Unidos y Rusia para limitar el despliegue de armas nucleares estratégicas expiró este jueves, marcando el cierre de una era de más de cuatro décadas de tratados bilaterales orientados al control armamentista entre las dos mayores potencias nucleares del mundo.
Se trata del Nuevo Tratado START, firmado en 2010, que establecía un tope de 1.550 ojivas nucleares estratégicas desplegadas por cada país, además de un sistema de inspecciones presenciales y notificaciones mutuas para verificar su cumplimiento. Durante más de una década, este mecanismo fue considerado la piedra angular de la estabilidad nuclear global.
Aunque Rusia suspendió las inspecciones y notificaciones durante la guerra en Ucrania, los informes oficiales indican que Moscú no habría superado significativamente los límites pactados.
Según el último reporte del Departamento de Estado estadounidense, publicado el mes pasado, ambas partes se mantuvieron en general dentro de los márgenes establecidos.
El desinterés de Trump
El tratado había sido prorrogado en 2021 por el entonces presidente Joe Biden por un período de cinco años, la última extensión posible. Sin embargo, el futuro del acuerdo quedó en entredicho desde el regreso de Donald Trump al poder.
En enero, el mandatario afirmó al New York Times: «Si caduca, caduca», sugiriendo que no impediría su vencimiento.
Un funcionario de la Casa Blanca declaró posteriormente a CBS News que Trump decidirá “a su propio ritmo” el rumbo de la política nuclear, aunque ha manifestado su interés en mantener límites y en involucrar a China en futuras negociaciones.
El secretario de Estado, Marco Rubio, reforzó esta posición al asegurar que es “imposible” un nuevo acuerdo sin Pekín, debido a su creciente poderío nuclear. El Pentágono estima que China podría contar con más de 1.000 ojivas para 2035, frente a las cerca de 200 que poseía en 2019.
No obstante, China ha reiterado su negativa a sumarse a las negociaciones. El portavoz del Ministerio de Exteriores, Lin Jian, declaró en Pekín: “Las fuerzas nucleares de China no son en absoluto comparables a las de Estados Unidos y Rusia”, y añadió que su país no participará en procesos de desarme “en la etapa actual”.
El acuerdo expirado era estrictamente bilateral. De acuerdo con la Federación de Científicos Estadounidenses, Estados Unidos posee alrededor de 4.300 ojivas nucleares y Rusia cerca de 3.700, cifras muy superiores a las del resto del mundo.
Rusia, libre de cualquier obligación nuclear
Desde Moscú, el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, lamentó el fin del tratado y aseguró que Rusia mantendrá un comportamiento responsable. “Moscú mantendrá su enfoque riguroso en materia de estabilidad nuclear, guiado principalmente por sus intereses nacionales”, señaló, según The Associated Press.
En un comunicado separado, el Ministerio de Exteriores ruso afirmó: “Las partes ya no están sujetas a ninguna obligación”, quedando libres para definir sus próximos pasos.
El presidente Vladimir Putin había propuesto en septiembre que ambos países respetaran voluntariamente los límites del tratado durante un año adicional, sin firmar un nuevo acuerdo.
La ex subsecretaria de Estado para el Control de Armas Rose Gottemoeller calificó esta opción como viable ante el Senado.
“En este caso, debería ser Donald Trump quien presida la paz nuclear, no Vladimir Putin”, sostuvo Gottemoeller, defendiendo una prórroga informal que permita restablecer la estabilidad estratégica.
Lin Jian respaldó esta iniciativa e instó a Washington a reanudar conversaciones con Moscú. Sin embargo, varios exfuncionarios estadounidenses discreparon. El exjefe del Comando Estratégico Charles Richard y el exasesor de seguridad Tim Morrison señalaron que el tratado no abordaba problemas clave, como las armas nucleares tácticas ni el ascenso chino.
Aun así, Gottemoeller sostuvo que el acuerdo, aunque imperfecto, era preferible a su ausencia. “Es mejor que nada”, afirmó ante los senadores.
Morrison advirtió además sobre el envejecimiento del arsenal estadounidense. “Para 2035, el 100 % de las armas nucleares estadounidenses habrán superado su vida útil de diseño”, indicó, subrayando la necesidad de inversión constante.
“No creo que se pueda subestimar el riesgo de proliferación”, alertó, al señalar que otros países podrían verse incentivados a desarrollar programas nucleares propios ante la falta de controles.
Los exfuncionarios coincidieron en que Estados Unidos debe fortalecer su base industrial de defensa, en particular para la construcción de submarinos de clase Columbia, pieza central de la tríada nuclear.
“Los efectivos son insuficientes en todas las partes de la tríada”, afirmó Richard. “Debemos considerar capacidades adicionales, más allá de la recapitalización actual”.
La expiración del Nuevo START deja, por primera vez desde el final de la Guerra Fría, a las dos principales potencias nucleares sin un marco formal que limite sus arsenales.