Dos soldados antioqueños, entre las víctimas del Hércules C-130 en Putumayo

Desde el Ejército Nacional de Colombia y la Fuerza Aeroespacial se anunció el acompañamiento a las familias de las víctimas.
Avión Hércules C - 130 accidentado en Putumayo. Crédito: Ejército Nacional.

Durante horas, el tiempo pareció detenerse. En medio de la incertidumbre, Edna Luz Payares solo tenía una esperanza: que su hijo no estuviera en la lista. Su voz, entrecortada, reflejaba la angustia de una madre que buscaba aferrarse a cualquier noticia sobre Jesús Eduardo Hernández, joven soldado oriundo de Chigorodó.

"Subió un estado en el celular en donde ya iban a despegar de Putumayo. Que hagan lo posible y me den información porque es una angustia que no se le desea a nadie, no soy yo sola, somos muchas madres que vivimos la misma angustia. Ya hay mamás que saben noticias, yo no he sabido nada de mi hijo".

Pero la espera terminó de la forma más dura.

Este miércoles 25 de marzo, las autoridades confirmaron los nombres de los uniformados que perdieron la vida en el accidente aéreo ocurrido en inmediaciones de Puerto Leguízamo, en Putumayo.

Con la lista oficial llegó también el silencio en muchos hogares y una certeza imposible de asimilar: son nombres que ya no volverán.

Entre ellos estaban dos antioqueños. Jesús Eduardo Hernández y Benjamín Esteban Pérez Torres, nacido en Medellín, forman parte de las víctimas del siniestro del avión Hércules C-130 de la Fuerza Aeroespacial Colombiana, en el que viajaban 126 personas: tripulación, militares del Ejército y miembros de la Policía.

Detrás de cada nombre hay una historia que hoy se corta de golpe. En Chigorodó, una madre llora a su hijo. En Medellín, otra familia enfrenta el vacío que deja una despedida inesperada. Y como ellas, decenas de familias han pasado noches en vela, revisando listas, esperando llamadas, buscando una confirmación que nunca quisieron recibir.

La tragedia no solo dejó cifras. Dejó habitaciones vacías, conversaciones pendientes y proyectos que se quedaron en el camino. Dejó también la imagen de madres, padres y hermanos enfrentando una realidad que llegó sin aviso.

Desde el Ejército Nacional de Colombia y la Fuerza Aeroespacial se anunció el acompañamiento a las familias, con apoyo psicológico y social para intentar aliviar, en algo, el peso de la pérdida.

Pero en lugares como Chigorodó, las palabras no alcanzan. Allí, donde Edna Luz esperaba un milagro, hoy solo queda el recuerdo de su hijo y una pregunta que no tiene respuesta: por qué.