El 24 de febrero de 2022 marcó el inicio de la invasión rusa a Ucrania, un conflicto en el que cientos de exmilitares colombianos fueron convencidos de integrar las filas de combate y luchar por una patria ubicada a miles de kilómetros de su lugar de nacimiento.
Ante las atractivas propuestas económicas, muchos de estos connacionales tomaron la decisión de viajar a un país con otro idioma y un clima extremadamente frío para enfrentar una lucha que no era propia.
Según datos compartidos por la Cancillería de Colombia, cerca de 670 exmilitares colombianos han sido reportados como desaparecidos en medio del conflicto en Europa, mientras que se estima que 173 han fallecido.
Sin embargo, una cifra entregada por el presidente Gustavo Petro, citando al exministro de Desarrollo Económico y Comercio de Ucrania, Tymofiy Mylovanov, señala que alrededor de 7.000 exmilitares colombianos habrían viajado siguiendo ofertas económicas para participar en el conflicto. El mandatario se refirió a ellos como personas que están “luchando en una guerra ajena y muriendo sin causa en Ucrania”.
Incertidumbre de las familias de los exmilitares santandereanos
A esta situación preocupante, por tratarse de una guerra, se suma el clamor de las familias de los hombres que se enlistaron siguiendo lo que sus seres queridos califican como propuestas engañosas.
Las historias de un santandereano y un nortesantandereano se unen por las fechas y el modus operandi mediante el cual fueron convencidos de viajar y combatir.
Luis Carlos Carreño Rojas, oriundo de Girón, Santander, habría sido reclutado por intermediarios para integrar las fuerzas de la Federación Rusa, firmando un contrato el 23 de octubre de 2025. Su esposa, Lorena del Pilar Gómez Rangel, aseguró que la última comunicación con él ocurrió el 11 de enero.
“Fue muy duro porque les quitan los celulares, el pasaporte y les botan la ropa. No les importa si tienen familia. Duré un mes y medio sin hablar con él. Durante el entrenamiento aguantó muchísima hambre; estaba tomando solo agua hervida”.
Gómez Rangel habló sobre la última ubicación que conoció de su esposo:
“El entrenamiento fue en territorio ucraniano porque ellos atacan las bases ucranianas. Él estaba en Rusia, pero cuando firmó el contrato fue trasladado”.
Según su esposa, Carreño tomó la decisión motivado por su experiencia como soldado profesional durante seis años y por la promesa de altos ingresos económicos, además de la posibilidad de obtener la nacionalidad rusa.
Para convencer a los exmilitares, les habrían prometido un bono cercano a los $80 millones y una mensualidad de aproximadamente $12 millones.
“Durante muchos meses estuve escribiendo a la unidad militar por Telegram y me notificaron que estaba desaparecido”, aseguró Gómez Rangel.
Por su parte, María Isabel Leal Mesa llegó desde Cúcuta tras completar más de cinco meses sin saber de su esposo, Pedro Alexander Gutiérrez Rojas, quien trabajaba como vigilante en Bogotá cuando fue convencido de viajar a Rusia.
“Les prometen un bono y salarios atractivos. Ellos piensan en la familia, en comprar una casa y en muchas otras cosas”.
Gutiérrez Rojas viajó el 23 de octubre. Llegó a Rusia, firmó el contrato el 30 de octubre y durante las primeras semanas mantuvo comunicación constante con su familia.
“Pero después, cuando entra a entrenamiento, le quitan los celulares, le quitan la ropa, le quitan todo. Los dejan allá cerca de un mes, tiempo durante el cual estuvo incomunicado. Después logró comunicarse porque se enfermó, le dio neumonía y lo trasladaron a un hospital. Allí duró cerca de 20 días. Durante ese tiempo hubo comunicación porque un enfermero ruso le colaboraba prestándole un celular”, aseguró Leal Mesa.
Según su esposa, tras recibir el alta médica fue trasladado nuevamente a la zona de conflicto, donde permanecía en un área destinada a personal en recuperación. Allí realizaba labores de excavación y construcción de trincheras. Desde el 10 de enero no volvió a comunicarse con su familia.
“Hasta la fecha no se sabe nada de él. Me comuniqué con la unidad militar y también me enviaron un certificado de desaparecido en combate”.
La mujer asegura que enfrenta sola la situación:
“Yo allá en Cúcuta estoy sola. La gente, por miedo, no habla, no dice nada. Por eso estoy con el resto de familias a nivel nacional. Hay familias de Bogotá, Villavicencio y Bucaramanga”.
Llamado al Gobierno nacional
En una iniciativa promovida por un grupo de veteranos y abogados, las esposas y demás familiares de los exmilitares viajarán al Congreso de la República para visibilizar su situación y solicitar apoyo institucional.
“Por favor, señor gobernador de Santander, respáldenos porque somos de acá. Que, por favor, no nos deje solas. Necesito saber qué pasó con él o qué está pasando. Él también fue militar, igual que usted. También le pido al señor presidente Gustavo Petro que me colabore en esta búsqueda. ¿Cómo es posible que se lleven a los colombianos y no respondan por ellos? Se los llevan y ya, no pasa nada. Llevo cinco meses sin saber de él. También le pido al embajador de Rusia que, por favor, nos dé respuestas”, concluyó Gómez Rangel.
Las familias aseguran que han intentado gestionar apoyo a través de diferentes entidades.
“Estamos en un grupo en el que nos apoyamos mutuamente. En mi caso, he enviado muchos correos a la Cancillería. Lo único que recibimos son respuestas automáticas. No recibimos nada concreto. En el certificado de desaparecido nos pidieron una prueba biológica; ya se envió también, pero tampoco hemos recibido respuesta de ninguna entidad”, advirtió Leal Mesa.
Los dos exmilitares colombianos dejaron a sus esposas e hijos sumidos en la incertidumbre tras aceptar promesas de un mejor futuro económico que hoy se han transformado en una búsqueda constante de respuestas por parte de sus familiares.
Mientras continúa la guerra entre Rusia y Ucrania, sus familias esperan conocer el paradero de sus seres queridos y obtener información oficial sobre su situación.