“Un descuido de un minuto”: el incendio en Cartagena que mató a un niño de cinco años

El relato de una familia reconstruye el incendio en el que murió un menor tras quedarse solo en casa por un breve instante.
El fuego se propagó en minutos dentro de la vivienda donde se encontraban dos niños. Crédito: Comunidad del barrio Flor del Campo | Cuerpo de Bomberos de Cartagena

“Esto es algo que nadie desea, pero que a cualquiera le puede pasar”. Así comienza el relato de Kevin José Sáenz Hernández, tío del niño de cinco años que murió en medio de un incendio registrado en una vivienda de Cartagena.

Su voz, todavía quebrada, reconstruye una escena marcada por el miedo, la desesperación y una decisión infantil que terminó en tragedia.

Aquella tarde, el padre del menor salió por un momento a una tienda cercana. “La tienda estaba a la vista, no estaba lejos", describe. “Fue un descuido de un minuto. Ojalá hubiera sido menos”, repite Kevin. "Uno pensaría que no pasa nada. Pero cuando las cosas van a pasar, pasan", remata.

Dentro de la casa quedaron los dos niños: Jesús, de cinco años, y su hermana menor, de seis. Según el testimonio, el fuego no comenzó por una estufa encendida ni por velas. La familia utilizaba un encendedor eléctrico que el niño, al verse solo, utilizó de forma juguetona y encendió un papel.

El fuego tomó fuerza rápidamente. “El cuarto estaba lleno de ropa, muebles de madera, eso es combustible puro”, explica. Al notar las llamas, el niño entró en pánico. No gritó, no salió corriendo.

Un desesperado intento de rescate

“Cuando vio que todo se estaba prendiendo, creo que se asustó, y se escondió debajo de la cama". Pensó que ahí iba a estar a salvo, pero no fue así.

Fue entonces cuando el padre regresó y encontró la casa envuelta en humo. “Mi hermano entró desesperado. Alcanzó a sacar a la niña y le preguntó por el niño, pero ella no sabía decirle dónde estaba”.

Sin saber que el pequeño se había ocultado bajo la cama, el hombre siguió buscándolo entre el humo y las llamas.

“Él se tiró adentro una y otra vez, buscando a su hijo. El humo lo desmayó”, narra Kevin. Fue la comunidad la que lo sacó del lugar, con quemaduras en el rostro, los brazos y las manos. Hoy permanece hospitalizado, en delicado estado de salud.

Las secuelas de la tragedia

Kevin llegó poco después. “Cuando yo llegué, todo estaba negro, incinerado. Ayudé a apagar lo que quedaba del fuego, pero el que vivió todo fue mi hermano”.

Más tarde, cuando lograron entrar nuevamente, comprendieron lo ocurrido. “La niña nos dijo que José había corrido y se había metido debajo de la cama, ahí fue cuando supimos”.

El cuerpo del menor fue hallado sin vida, completamente incinerado. “Era huesito… huesito”, dice el tío, con la voz entrecortada. La casa, construida en material, evitó que el incendio se propagara, pero el daño ya era irreparable.

La madre del niño, que trabaja fuera de la ciudad, regresó de inmediato al conocer la noticia. El sepelio se realizará en los próximos días, mientras la familia intenta asimilar una pérdida que no tiene explicación.

“No buscamos culpables, solo que no se especule”, pide Kevin. “Son cosas que pasan y que nadie quiere que pasen. La vida no la podemos regresar. Eso solo lo decide Dios”.