Con el corazón atravesado por el dolor, pero con una fortaleza que ha conmovido a la opinión pública, el padre de Renato Solano, subdirector de la cárcel del municipio de Rivera (Huila), entregó un mensaje marcado por el perdón y la exigencia de justicia, tras el atentado que acabó con la vida de su hijo.
Sus palabras se han convertido en un llamado profundo a la reflexión sobre la violencia que golpea al país y sobre la necesidad de no responder al odio con más odio.
Alfredo Solano, padre de Renato Solano, aseguró que decidió perdonar a quienes participaron en el ataque que le arrebató a su hijo, dejando claro que su mensaje no nace de la resignación, sino de la convicción de que el perdón no excluye la justicia. Insistió en que las autoridades deben esclarecer los hechos y garantizar que este crimen no quede en la impunidad.
“Se murió mi hijo, la mano derecha, no tengo palabras para describir a ese hijo que he perdido y me ha dolido en la vida. Mi hijo valía mucho, incluso hablé con Dios, le dije que me llevara a mí y no a él, pero no me escuchó y eso me partió el alma. Cuando supimos de su muerte lloré mucho. Yo los perdono de corazón, mi Dios los va a juzgar y la justicia, porque todavía hay justicia en Colombia”, indicó con la voz entrecortada y en medio de las lágrimas, Alfredo Solano.
Pide que haya justicia
Para su familia, Renato Solano no solo fue un funcionario del sistema penitenciario, sino un hombre íntegro, cercano, protector y profundamente humano, cuya ausencia ha dejado un vacío imposible de llenar.
“Le pido a la justicia que haga la justicia como debe de ser, correcta. Él era mi hijo, lo quiero y siempre lo querré. Era un buen hijo, un buen papá, buen esposo y buen funcionario, hacía todo con el corazón”, agregó.
Sus palabras resonaron con fuerza entre quienes conocieron a Renato Solano a lo largo de su vida personal y profesional. Amigos, compañeros y subalternos han coincidido en resaltar su calidad humana y su forma respetuosa de ejercer la autoridad.
Uno de esos testimonios es el del coronel Jorge Patiño, amigo cercano durante más de 30 años. “Lo recordamos con mucho cariño, donde él estuvo siempre lo recuerdan con mucho afecto. Lamentamos mucho la forma en la que se nos va. Hoy cumplimos 30 años de ingresar a la escuela General Santander y desde ese momento somos amigos, somos como hermanos, lo sentía parte de mi familia”, dijo.
Para sus amigos, el atentado que le quitó la vida a Renato Solano y al menor Ismael Rodríguez de 11 años, no solo representa una enorme pérdida para sus familias, sino para toda la ciudad por la forma tan violenta en la que ocurrieron los hechos, en un departamento donde los homicidios para inicios de este año han superado ya los 34 homicidios.
Hoy, mientras su familia enfrenta el duelo más difícil, el mensaje de perdón expresado por su padre se levanta como un acto de enorme dignidad. No es un llamado al olvido, sino a la justicia, a la verdad y a la no repetición.
En el recuerdo de su padre, de sus amigos y de quienes trabajaron a su lado, Renato Solano seguirá siendo sinónimo de compromiso, humanidad y servicio. Su legado, marcado por la integridad, permanece como un testimonio silencioso de que incluso en medio del dolor más profundo, el perdón puede convertirse en un acto de valentía.