El robo a personas no siempre ocurre con violencia visible. En muchos casos se ejecuta en silencio, en medio de la multitud, y solo se detecta cuando la víctima revisa sus pertenencias.
Durante el 2025 se denunciaron 123.393 hurtos a personas en Bogotá, una frecuencia cercana a uno cada cuatro minutos, de acuerdo con cifras oficiales de la Secretaría de Seguridad de la ciudad.
La mayoría de los robos se cometen sin armas
El dato central de ese fenómeno es que la mayoría de estos delitos se comete sin armas. El 69 % de los hurtos registrados corresponde a 85.246 casos en los que no se usaron pistolas ni cuchillos, sino modalidades como el 'cosquilleo' y el 'raponazo', diseñadas para actuar en segundos y diluirse entre la gente.
El transporte público concentra una parte relevante del problema. El 46,6 % de los robos a personas en Transmilenio, se cometió mediante el denominado 'cosquilleo', según el Reporte Trimestral de Seguimiento al Plan Integral de Seguridad, Convivencia Ciudadana y Justicia del tercer trimestre de 2025.
En diálogo con La FM, Marcela Parra, directora del programa de Investigación Criminal de la Universidad Manuela Beltrán, la efectividad de esta modalidad no depende de la fuerza, sino del cuerpo humano. Dijo que en contextos de hacinamiento, el cerebro normaliza el contacto físico y deja de identificar el momento exacto en que se extrae un objeto.
Cosquilleo y percepción de seguridad
Con el fin de analizar las percepciones ciudadanas, esa institución realizó un grupo focal experimental. El ejercicio evidenció una paradoja: a mayor sensación de protección, mayor vulnerabilidad frente al cosquilleo, especialmente cuando se trata del celular, identificado como el objeto más valioso por el 70 % de los participantes.
Uno de los hallazgos más relevantes fue la llamada “trampa térmica”. El 40 % de los usuarios confía en el bolsillo interno de la chaqueta, pero el calor y la congestión obligan a relajar la postura o abrir la prenda, momento que es aprovechado por el delincuente.
El análisis también desmontó otros supuestos de autocuidado. El 30% de los consultados cree que portar el celular en la cadera o en el pecho reduce el riesgo, pero al levantar los brazos para sujetarse, estas zonas se transforman en puntos de acceso lateral.
Cansancio, horarios y alerta persistente
El factor cognitivo resulta determinante. Seis de cada diez personas admitieron que el cansancio o el afán reducen la atención, una condición asociada a que el 30 % de los hurtos ocurra en horarios nocturnos y de madrugada.
El impacto del delito se prolonga más allá del momento del robo. El estudio identificó una alerta residual, reflejada en conductas defensivas persistentes incluso en espacios privados o comerciales, lo que evidencia un cambio en la rutina cotidiana.
El análisis concluyó que aunque persisten robos con arma blanca y arma de fuego, predomina el hurto sin armas directo.