El descollante Cementerio del Sur, que se alza sobre la gris localidad Antonio Nariño, en Bogotá, nuevamente es epicentro de la interrupción del descanso de sus huéspedes. La Unidad de Búsqueda de personas dadas por Desaparecidas (UBPD) regresó al camposanto, esta vez para recuperar al menos diecisiete cuerpos.
La intervención va hasta el 8 de mayo. La idea, enmarcada en el Plan Regional de Búsqueda de Bogotá —que cubre a la capital colombiana, Cundinamarca y Amazonas—, es valorar 77 cuerpos para identificar a, cuando menos, diecisiete que corresponden a personas no identificadas desaparecidas en el conflicto armado.
No es una maniobra sencilla. Varias bóvedas en el cementerio son colectivas, pues acumulan en un mismo espacio a más de dos cuerpos. Hasta ahora, la labor ha distinguido más de 2.500 protocolos de necropsia de personas inhumadas entre 1996 y 2012, seis años especialmente críticos entre la guerra.
Al frente del pabellón veintinueve, Santa Rosita, hay una capilla. A su izquierda, una modesta reja blanca con un letrero de acceso restringido divide el sendero que guía a una carpa, también blanca, que funciona como refugio de la lluvia o el sol. Un equipo forense estudia los cuerpos bajo el toldo para conocerlos mejor.
Junto al año de la muerte de cada persona examinada aparece el número de su autopsia, la marca que certifica su partida sin que necesariamente confirme su identidad. Las fichas de los decesos deben compararse con un universo de más de 135 mil personas desaparecidas, la cifra que maneja la UBPD.
Santa Rosita está lleno de bóvedas cuyos dolientes son carpetas apiladas en bodegas desidiosas. “Bolsa sin información”, se lee en una de ellas, al lado de “NN Hombre 3141/02”, “NN Femenino 3181/02” y “NN Hombre 3208/02”. El violento trasegar de la historia colombiana abre posibilidades para ellos al tiempo que las cierra.
La sombra del holocausto del Palacio de Justicia
En 2024 la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) decretó medidas cautelares sobre el Cementerio del Sur. El Tribunal prohibió la exhumación, reubicación o manipulación de los cuerpos no identificados y los identificados no reconocidos. Desde entonces, la Unidad de Búsqueda escarba, excepto los lunes.
La JEP respondió así a una solicitud del Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado (Movice), que rastrea a víctimas de desaparición forzada tras la toma y retoma del Palacio de Justicia. La Rama Judicial estima que 94 personas murieron en el asalto guerrillero y la ulterior operación militar, y Medicina Legal identificó a 68.
Todos los empleados de la cafetería del edificio de piedra caliza ingresaron con vida aquel 6 de noviembre de 1985, y todos resultaron con un paradero desconocido, igual que varios visitantes. Entre los cadáveres sin identificar y las personas a las que el Ejército condujo sin informarles un rumbo, las familias no terminan de escudriñar.
Pilar Navarrete buscó por 31 años. Su esposo, Héctor Jaime Beltrán Fuentes, tenía veintiocho cuando un comando del M-19 convirtió en un acto terrorista la consigna de llamar a juicio al entonces presidente, Belisario Betancur. Evelyn, hija de Pilar y Héctor, tenía cinco meses; Dayana, dos años; Stephany, tres, y Bibiana Karina, cinco.
En 2014 la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) condenó al Estado colombiano por la desaparición de diez personas, las detenciones y torturas de otras cuatro, y la ejecución extrajudicial de un magistrado. Como medida de reparación, ordenó revisar las entregas erróneas de cuerpos a varios buscadores.
Errores, duelos y búsquedas cruzadas
La determinación llevó a Pilar y su familia a notar que los restos de Héctor terminaron en el hogar del magistrado Julio César Andrade Andrade, en Atlántico. La identificación solo tuvo en cuenta el trozo de un pantalón y una cédula calcinada. “Ahora él es el desaparecido”, le dijo Navarrete a La FM, refiriéndose al togado.
“Creo que nos ha unido un lazo como de amor y de compromiso con Gabriel, con Julio César, con Diana”, tres hijos del magistrado, “que siguen en esta labor”. También con la esposa del jurista, Fanny Esther Sulbarán, “que es una mujer con muchos años encima y ha sufrido mucho todo este dolor, revictimización tras revictimización”.
Héctor Jaime y Julio César salieron vivos del Palacio de Justicia. Pilar presume que el Ejército torturó a su esposo, y el alivio de haberlo recibido no obsta para que siga su tarea de buscadora. “Lo que me impulsa a seguir esto es que lo viví, y lo viví muy fuerte. Quedé muy sola con cuatro niñas, con la esperanza todos los días”, expresó.
Navarrete estuvo el 24 de febrero en el Cementerio del Sur, cuando habló con esta emisora. La UBPD empezó el 17 una intervención que por diez días revisó bóvedas con potencial forense, con la vigilancia del Movice. La Unidad ha intervenido, incluyendo las jornadas de inicio de mayo, cinco veces al camposanto.
Los diez días de febrero abarcaron la tercera fase de un proceso de escarbadura en medio de un plan regional de búsqueda de más de siete mil personas dadas por desaparecidas en Bogotá y Cundinamarca. Un equipo de cuatro mujeres forenses y un coordinador abrió entonces dos bóvedas para revisar catorce inhumaciones.
Un “microuniverso” del conflicto armado
“Muchos” cuerpos en el Cementerio del Sur pueden ser de personas dadas por desaparecidas, explica la Unidad de Búsqueda en su página web. Sin embargo, por el desorden de las yacijas, los cadáveres “se encuentran” con los de personas “que fallecieron en circunstancias que no es posible asociar claramente al conflicto”.
Por ejemplo, habitantes de calle, muertes de accidentes de tránsito, suicidios, entre otros sucesos propios de la compleja “dinámica capitalina”. En una primera fase de análisis documental, la UBPD identificó un universo de “más de 1.500 bóvedas y miles de registros asociados a cuerpos no identificados o no reclamados”.
En octubre de 2024, dos meses después de las medidas cautelares que ordenó la JEP, la Unidad lanzó una fase piloto junto a la Corporación Humanitaria Reencuentros, una oenegé de firmantes de paz que busca de forma humanitaria a personas que en muchos casos ellos desaparecieron. La alianza recuperó tres cuerpos.
Luego, en 2025, vinieron otras dos fases, y la tercera se desarrolló en febrero de 2026. La recuperación de catorce cuerpos era necesaria para separar seis en particular. “Encontramos cinco”, narró Alberto Moreno, coordinador del grupo de trabajo de la UBPD en Bogotá y Cundinamarca. “Eso nos abre dos líneas de trabajo”, señaló.
Una, “seguir investigando dónde está el sexto cuerpo”, y otra, la “verificación de correspondencia”, que significa explorar si sus datos concuerdan con los que Medicina Legal anotó en sus informes. Las expediciones en el camposanto a veces chocan con restos revueltos entre sí y confusiones como la que padeció Pilar Navarrete.
El Cementerio del Sur es “un microuniverso del conflicto armado”, describió Moreno para La FM. Las personas sepultadas no son solo de Bogotá. Los pabellones Virgen del Milagro, San Martín y Santa Rosita son fosas comunes estatales. En la carpa blanca las forenses toman notas. Las flores, alrededor, no figuran en los informes.
Claves del tema, en cuatro preguntas:
¿Qué hace la Unidad de Búsqueda en el Cementerio del Sur?
La UBPD retomó las exhumaciones en el camposanto de Bogotá para recuperar y analizar al menos 77 cuerpos, con el objetivo de identificar, como mínimo, a diecisiete personas dadas por desaparecidas en el conflicto armado. La intervención, que va hasta el 8 de mayo, enfrenta un escenario complejo por la existencia de bóvedas colectivas y restos mezclados.
¿Por qué el Cementerio del Sur es clave en la búsqueda de desaparecidos?
El Cementerio del Sur concentra miles de registros de cuerpos no identificados o no reclamados, inhumados en años críticos del conflicto armado. La UBPD ha identificado más de 2.500 protocolos de necropsia de entre 1996 y 2012, en un universo que dialoga con más de 135.000 personas desaparecidas en Colombia, lo que lo convierte en un “microuniverso” de la guerra.
¿Qué papel juegan los errores forenses y las decisiones judiciales?
Las labores están atravesadas por fallas históricas en la identificación de cuerpos, como entregas erróneas a familias, y por las medidas cautelares de la JEP, que buscan proteger los restos mientras se esclarecen casos, como el del Palacio de Justicia. Las decisiones obligan a que las intervenciones sean cuidadosas, bajo supervisión y con restricciones.
¿Qué desafíos enfrenta la identificación de las víctimas en el Cementerio del Sur?
Los equipos forenses lidian con restos mezclados, bóvedas compartidas y registros incompletos que dificultan establecer identidades. Además, los cuerpos pueden corresponder tanto a víctimas del conflicto como a muertes por otras causas, lo que exige cruces documentales y científicos complejos para evitar confusiones y revictimizaciones.