La Unidad de Búsqueda entregó los restos del cura Camilo Torres

En una ceremonia privada, el sacerdote que lo buscó recibió un cofre con las muestras que las entidades forenses revisaron por varias semanas.
La Universidad Nacional, donde el padre Camilo Torres fue capellán, docente y fundador del departamento de Sociología, le ha rendido varios homenajes al religioso. Crédito: Universidad Nacional

El sacerdote Juan Camilo Torres Restrepo murió en combate en San Vicente de Chucurí, en Santander, el 15 de febrero de 1966. En el aniversario sesenta de su muerte, el país vuelve a hablar de él, pues su búsqueda llegó a una conclusión.

La Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) encontró los restos del padre. La entidad, creada tras el Acuerdo de Paz y encargada de procedimientos extrajudiciales, lo incluyó en su universo de más de 135 mil personas desaparecidas en el marco del conflicto armado.

El domingo 15 de febrero de 2026, en un acto reservado presidido por la directora de la entidad —la médica Luz Janeth Forero—, la Unidad entregó las piezas del cuerpo al sacerdote jesuita Javier Giraldo, quien solicitó en 2019 poner en marcha la búsqueda. La UBPD entregará más detalles este lunes en una rueda de prensa.

Giraldo participó el mismo día en una eucaristía en honor a Torres en la capilla Cristo Maestro, en la sede bogotana de la Universidad Nacional. El plan inicial era inhumar el cofre con los restos de Torres en la ermita, pero las dificultades en su identificación lo retrasaron.

La ceremonia religiosa no se vio interrumpida ni siquiera por el ingreso masivo y no autorizado de más de setecientos manifestantes afro y campesinos al campus universitario. Los protestantes se instalaron en la Concha Acústica, a metros de la capilla.

Danilo Rueda, excomisionado de paz, estuvo en el acto simbólico de entrega, igual que un puñado de personas que, según videos del encuentro, aplaudieron luego de la recepción de los restos óseos. La idea de enterrar lo que queda del padre en la bóveda de la capilla universitaria se mantiene firme.

Las certezas estuvieron divididas antes de la entrega

Un día antes de la entrega, el Instituto de Medicina Legal, que no tenía custodia de los restos pero que colabora activamente con la Unidad en la identificación de cuerpos exhumados, aseguró que no había culminado los cotejos forenses del cura, “por dificultades en el estado de los restos óseos”.

El director del Instituto, Ariel Emilio Cortés, informó sin embargo que “una muestra biológica” parecía ser concluyente. La Unidad, que ya contaba con otros análisis técnicos que confirmaban el hallazgo del religioso Torres, decidió en todo caso concluir los deseos del sacerdote Giraldo y de familiares de Torres.

Tres semanas atrás, la UBPD no confirmaba que el hallazgo correspondía indudablemente al bogotano, pero sí lo presumía. "Los datos recabados con la investigación humanitaria, extrajudicial, neutral e imparcial", describió en su momento, condujeron a "la presunta localización" del cadáver.

De acuerdo con una comunicación del 23 de enero, la solicitud de encontrar a Torres llegó a los despachos de la Unidad en 2019. "Desde ese momento, en el marco de la búsqueda masiva y relacional, se inició la investigación, la cual ha logrado avances significativos", añadió el ente humanitario.

El cura murió a los 37 años, en su primer combate tras unirse a la guerrilla Ejército de Liberación Nacional, el grupo armado ilegal más longevo de América, transformado actualmente en un cartel narcotraficante. Los militares que le dieron muerte ocultaron su cuerpo, y el ELN lo reclamaba cada vez que iniciaba un proceso de paz.

Un símbolo distorsionado

La investigación, que la directora Forero ha recalcado como neutral e imparcial, llevó a contrastar fuentes, documentos históricos, testimonios y técnicas geomáticas, antropológicas y forenses. El paso siguiente era precisar la identidad de los restos hallados y verificar las hipótesis del caso.

El equipo de antropólogos forenses que dio con los restos en Santander buscó en el nororiente del país por dos años. Lo que quedó será inhumado en la sede principal de la Universidad Nacional, en Bogotá, donde Torres, compañero de Gabriel García Márquez, cofundó la facultad de sociología.

Los huesos del cura fueron untados con formol, lo que progresivamente dañó el material genético que la UBPD y Medicina Legal podían distinguir. La Universidad Nacional limitó el ingreso de visitantes durante la misa del domingo. El trabajo forense de la Unidad ha logrado la recuperación de más de 4,3 mil cuerpos en nueve años.

"Han sido dos años de esfuerzos significativos en materia de recolección de información, de triangulación, de fuentes documentales y de otros tipos de fuentes que nos permiten tener unas hipótesis muy serias, no solo frente a su localización, sino frente a su identidad", indicó Forero a finales de enero.

Torres se convirtió en un ícono para el ELN. En Colombia fue pionero de la teología de la liberación, una corriente de pensamiento que difundió la iglesia católica entre los cincuenta y los sesenta que buscaba anclar la religión a la realidad social y la superación de las desigualdades.

Su paradero fue un dilema porque nunca hubo señales claras de sepultura o de entrega a su familia. La guerrilla transformó su efigie en un imaginario que con los años tergiversó para sustentar una interminable lucha armada que le dio paso al narcotráfico, la extorsión y los secuestros.