Colombia y Estados Unidos llegan a la Casa Blanca con el ceño fruncido. El 3 de febrero, Gustavo Petro y Donald Trump se verán cara a cara en Washington, después de semanas de tensión, acusaciones cruzadas y una diplomacia que ha preferido el altavoz de la calle y las redes sociales antes que el lenguaje de oficina, y el contexto no ayuda.
En las últimas horas, Ecuador impuso aranceles a Colombia, acusando falta de resultados en la lucha contra las organizaciones criminales y el narcotráfico en la frontera. Un gesto que no solo golpea el comercio, sino que refuerza una narrativa peligrosa: la de un país desbordado por economías ilegales.
A eso se suma lo sabido: Petro protestó contra Trump en las calles de Nueva York, lo ha llamado con frases duras en público, y Trump —a su estilo— le ha respondido con advertencias, sobre todo en el marco de la persecución contra Nicolás Maduro.
No es precisamente una relación de amigos.
Con ese telón de fondo, tres escenarios posibles:
Escenario A — El pragmatismo forzado —
Es el escenario más probable.
Petro baja el tono, Trump pone condiciones.
En este escenario, la reunión se centra en lo que realmente le importa a Washington: lucha antidrogas, crecimiento de cultivos ilícitos y cooperación comercial.
Habrá exigencias claras, métricas, plazos y advertencias, pero se mantiene la relación. No hay aplausos, pero tampoco ruptura.
Escenario B — El choque contenido —
Un escenario posible, pero menos fluido.
La reunión es fría.
Trump saca a relucir cultivos ilegales, resultados pobres y presión regional —incluida la señal que envió Ecuador—.
Petro insiste en el enfoque social, en la soberanía y en no arrodillarse.
No hay ruptura, pero sí un deterioro visible y mensajes duros hacia afuera.
Escenario C — El descarrilamiento —
Es el escenario menos probable, pero no imposible.
El choque personal se impone.
Las frases pasadas, la protesta en Nueva York y las advertencias de Trump por el caso Maduro reaparecen en la conversación.
La cita termina mal y el impacto se siente en comercio, cooperación y en la región.
El 3 de febrero no se juega una foto diplomática: Se juega la relación bilateral, la confianza regional y la capacidad de Colombia para contener el relato de un país sin control sobre las economías ilegales.
Punto de quiebre: tres escenarios, una sola historia en movimiento.