Con el aumento del salario mínimo decretado por el Gobierno nacional en 2.000.000 de pesos y una inflación anual que cerró en diciembre de 2025 en 5,10 %, según el Dane, muchas empresas y empleados se mantienen en sus labores por cuenta del aumento de la nómina en los reajustes presupuestarios.
Con una tasa de desempleo nacional de 7,0 % para solo noviembre de 2025, según datos oficiales, se ha incrementado la preocupación por cuenta de lo que se ha denominado despido silencioso, momento en el cual la alta presión interna hace que se tomen decisiones “por debajo de la mesa”.
¿Qué es el despido silencioso o quiet firing y cómo identificarlo en el trabajo?
El quiet firing es recurrente en América Latina; esta estrategia se establece a través de un superior que, en vez de hacer un despido formal, modifica o transforma progresivamente el entorno laboral en espacios hostiles y poco agradables, con el objetivo de que un colaborador decida renunciar por iniciativa propia.
Incluso, según una encuesta de la firma HROne, el 83 % de los trabajadores ha presentado casos de despido silencioso y un 35 % aseguró haberlo experimentado por cuenta propia.
De acuerdo con un informe del programa de Psicología de la Universidad de San Buenaventura Bogotá, el despido silencioso puede afectar el ambiente laboral.
“El riesgo está en que la persona empieza a interpretar señales contradictorias: se le exigen resultados, pero se le reducen herramientas, apoyo y espacios de participación, lo que genera incertidumbre y deterioro del clima emocional”, señaló Gustavo González, docente de ese programa.
¿Cómo saber si el jefe le está haciendo despido silencioso sin decirlo?
De acuerdo con los expertos, la clave está en reconocer acciones repetidas, ya que en muchas ocasiones estas reestructuraciones no presentan patrones claros que permitan identificar este tipo de despido.
Para poder identificarlo, tenga en cuenta estas seis señales:
Lo sacan de reuniones donde antes era clave
De un momento a otro, las decisiones se toman sin usted. No lo copian en correos importantes, no lo incluyen en espacios estratégicos o lo invitan cuando ya todo está decidido. Incluso, lo buscan cuando hay un problema urgente que resolver.
Según el análisis del docente, esta exclusión no es menor, ya que, al estar fuera de la conversación, pierde información crítica y se debilita su rol dentro del equipo.
Le quitan responsabilidades o lo ponen a hacer tareas irrelevantes
Una de las alertas más comunes es que proyectos que antes lideraba pasan a manos de otros. A usted le dejan tareas operativas, repetitivas o de bajo impacto.
No es una redistribución normal
Es una reducción del peso real del cargo. Para González, este tipo de recortes graduales no solo afectan la productividad, sino el sentido de pertenencia.
“La persona percibe que ya no es parte de lo importante. En la práctica, lo van volviendo prescindible: menos funciones hoy, menos argumentos mañana para sostener su rol”, destaca.
Su jefe deja de darle feedback
es considerada la señal más peligrosa, ya que, cuando desaparecen los espacios de seguimiento, se vuelve difuso qué esperan de usted. Nadie le da ruta, prioridades ni retroalimentación, y el contacto se limita a correcciones o mensajes fríos.
Para González, si no hay retroalimentación formal, se rompe la posibilidad de corregir, demostrar avances y sostener conversaciones objetivas sobre desempeño. El silencio, en estos casos, se vuelve una forma de desgaste.
Su crecimiento se congeló sin explicación
No hay ascensos, no hay ajustes, no hay nuevos retos. La conversación de carrera se apaga y usted se convierte en “el que cumple y ya”. Aquí el daño no es solo laboral, también emocional: el estancamiento prolongado desgasta, baja la motivación y hace que la persona se desconecte.
Cabe destacar que esta situación no solo afecta a los colombianos, pues, a nivel internacional, Gallup reportó que en Estados Unidos el compromiso laboral cayó a 31 % en 2024 y 17 % de los empleados estaban activamente desconectados.
El docente señala que “cuando se elimina la posibilidad de crecimiento sin explicación, la gente no solo pierde expectativas: pierde horizonte”.
Se siente invisible
Cuando no hay reconocimiento ni lo tienen en cuenta, González advierte que este aislamiento sostenido suele impactar el bienestar psicológico, porque combina inseguridad, ansiedad e incertidumbre. Cuando el patrón se prolonga, la persona puede terminar renunciando no porque quiera, sino porque siente que ya no tiene lugar dentro de la organización.
Ahora bien, no todo cambio es despido silencioso. Hay empresas que atraviesan reorganizaciones legítimas, recortes por presupuesto o cambios de estrategia.
La diferencia suele estar en la transparencia: cuando hay conversación clara, objetivos definidos y retroalimentación, existe un marco para adaptarse. Cuando lo único que crece es el silencio, vale la pena encender alarmas.