La muerte del fisicoculturista colombiano Juan Sebastián Anzola el pasado 5 de febrero en un gimnasio de Bogotá, dio pie para un debate sobre el uso de esteroides anabólicos, la automedicación y los riesgos cardiovasculares asociados a ciertas prácticas en el mundo del fitness, según lo expuesto en La FM, en el programa 'Habla con Ella', por el médico Juan González, especialista en nutrición y farmacología deportiva.
Durante la entrevista, las periodistas aclararon que no existe evidencia que relacione directamente la muerte de Anzola con el consumo de estas sustancias. No obstante, señalaron que su caso generó preguntas sobre por qué personas dedicadas al ejercicio, la alimentación y la actividad física pueden sufrir muertes tempranas, incluso dentro de un gimnasio.
González explicó que detrás de la búsqueda de mayor masa muscular y rendimiento existe un universo de medicamentos poco conocidos por el público general. Indicó que los esteroides anabólicos no son suplementos ni productos nutricionales, sino medicamentos con usos terapéuticos específicos y efectos secundarios. “El riesgo más silente es el cardiovascular”, afirmó durante la entrevista.
El especialista detalló que estos fármacos producen cambios progresivos en el organismo que no siempre generan síntomas inmediatos. A diferencia de otros efectos como la infertilidad o los cambios psiquiátricos, el daño cardiovascular puede avanzar sin señales claras hasta un desenlace grave. “Va poco a poco aumentando hasta que llega el desenlace fatal”, explicó.
Según González, los esteroides anabólicos alteran la sangre al aumentar la hemoglobina y el hematocrito, lo que la vuelve más espesa y eleva el riesgo de trombos, infartos y tromboembolismos pulmonares. También endurecen las arterias cardíacas y favorecen el aumento del colesterol. “Vemos pacientes con cuerpos muy desarrollados, pero con la salud cardiovascular de un hombre de 80 o 90 años”, señaló.
¿Cómo afectan los esteroides anabólicos al corazón?
El médico explicó que los esteroides son derivados sintéticos de la testosterona, desarrollados por laboratorios a partir de su estructura molecular. Existen presentaciones inyectables, orales e intramusculares, y su acción no se limita al crecimiento del músculo visible. “El corazón también es un músculo”, recordó.
González indicó que uno de los principales efectos es la hipertrofia cardíaca concéntrica, una condición en la que el corazón crece hacia adentro, reduciendo el espacio por donde circula la sangre. Esto limita su capacidad de contracción y disminuye la fracción de eyección, es decir, la cantidad de sangre que el corazón logra bombear al cuerpo.
A esto se suman alteraciones del perfil lipídico, con elevaciones marcadas del colesterol que favorecen la formación de placas en las arterias coronarias. También se incrementa la presión arterial, debido al aumento del volumen sanguíneo. “Es como si de repente le pusieran dos o tres litros más de sangre al cuerpo”, explicó.
Sobre el acceso a estas sustancias, el especialista afirmó que en Colombia son fáciles de conseguir, tanto en farmacias como a través del mercado negro. Señaló que la automedicación es frecuente y comparó esta práctica con “cambiarle uno mismo el aceite al carro sin saber dónde apretar”.
¿Cuál es la diferencia entre esteroides, suplementos y terapia hormonal?
González aclaró que no todos los productos asociados al rendimiento deportivo implican los mismos riesgos. La L-carnitina, por ejemplo, es un suplemento que puede apoyar la pérdida de grasa y es seguro. En contraste, sustancias como la testosterona, la oxandrolona, el estanozolol y el Primobolan son esteroides con efectos adversos potenciales.
Precisó que la testosterona solo puede aplicarse de forma intramuscular, mientras otros esteroides pueden consumirse por vía oral o inyectada. También diferenció un ciclo de esteroides de la terapia de reemplazo hormonal, cuyo objetivo es llevar los niveles hormonales a rangos normales. “Un ciclo triplica o cuadriplica esos niveles”, afirmó.
El médico explicó que, incluso con supervisión profesional, el riesgo nunca desaparece por completo. “Es como una cirugía: el riesgo siempre va a estar”, dijo. Sin embargo, señaló que exámenes como electrocardiogramas, ecocardiogramas y perfiles hormonales permiten identificar alertas antes de un evento grave.
Finalmente, González se refirió al sobreentrenamiento y al crecimiento cardíaco no detectado. Indicó que el ejercicio debe dosificarse según volumen, frecuencia e intensidad, y advirtió que entrenamientos extremos sin adaptación pueden ser peligrosos.
También mencionó la vigorexia, un trastorno de dismorfia corporal, que se manifiesta cuando existe una diferencia marcada entre cómo una persona se percibe y cómo la ven los demás. “Ahí hay un problema”, concluyó.