Un estudio realizado por investigadores chilenos identificó alteraciones en la actividad cerebral y en la sustancia blanca asociadas a problemas cognitivos en personas que se recuperaron del COVID-19, incluso después de cuadros respiratorios leves o moderados.
La investigación, publicada en la revista Scientific Reports bajo el título “Coupling between neural oscillations and white matter integrity reveals cognitive computational profiles following COVID-19”, analizó la relación entre actividad eléctrica cerebral, estructura de las conexiones neuronales y desempeño cognitivo.
COVID-19 y alteraciones cognitivas
El estudio incluyó a 96 personas de entre 19 y 66 años: 70 habían tenido COVID-19 y 26 habían sufrido otras infecciones respiratorias. Los participantes con COVID-19 presentaron cuadros leves o moderados y ninguno había requerido ventilación mecánica.
Los investigadores evaluaron memoria de trabajo, control cognitivo, inhibición de respuestas y toma de decisiones. También utilizaron electroencefalografía (EEG) y resonancia magnética por difusión para analizar la actividad cerebral y la integridad de la sustancia blanca.
Los resultados mostraron que las personas que habían tenido COVID-19 presentaban alteraciones en oscilaciones cerebrales de baja frecuencia y un peor desempeño en determinadas tareas cognitivas. En particular, las dificultades aumentaban cuando las tareas exigían mayor carga de memoria de trabajo.
Cambios en la sustancia blanca
Uno de los principales hallazgos fue la relación entre las alteraciones eléctricas y cambios en la integridad de determinados tractos de sustancia blanca.
Estas estructuras funcionan como vías de comunicación entre distintas regiones cerebrales. El estudio encontró asociaciones especialmente relevantes en el cíngulo y en vías tálamo-occipitales, dependiendo del proceso cognitivo analizado.
Para los investigadores, esta relación puede ayudar a explicar por qué algunas personas experimentan dificultades de memoria, atención o control cognitivo después de una infección por SARS-CoV-2.
El trabajo no plantea que exista una única lesión responsable de la llamada “niebla mental”. Por el contrario, sus resultados apuntan a que pueden existir diferentes alteraciones en las redes cerebrales.
Dos perfiles de alteración cognitiva
Otro resultado destacado fue la identificación de dos perfiles neurofisiológicos diferentes entre los participantes que habían tenido COVID-19.
Los perfiles combinaban de manera distinta alteraciones de la actividad cerebral, integridad de la sustancia blanca y procesos cognitivos. Esto sugiere que los síntomas posteriores al COVID-19 no necesariamente responden a un mecanismo idéntico en todas las personas.
Además, estos perfiles no se explicaron únicamente por la gravedad de la infección inicial ni por antecedentes de pérdida del olfato.
Los autores plantean que identificar estos patrones podría contribuir, en el futuro, al desarrollo de estrategias de evaluación y rehabilitación cognitiva más personalizadas. Sin embargo, esa aplicación todavía requiere estudios adicionales.
¿El COVID-19 provoca daño cerebral permanente?
Los resultados aportan evidencia de una asociación entre antecedentes de COVID-19, cambios en determinadas redes cerebrales y alteraciones cognitivas. Sin embargo, el estudio no demuestra que todas las personas que tuvieron COVID-19 presenten daño cerebral permanente.
Tampoco demuestra que la infección provoque enfermedades neurodegenerativas como Alzheimer o Parkinson. Los posibles mecanismos incluyen procesos inflamatorios, alteraciones de la conectividad neuronal y cambios en la barrera que protege al cerebro, pero estas hipótesis continúan en investigación.
Además, se trata de un estudio observacional con una muestra relativamente pequeña, por lo que sus resultados deben interpretarse dentro de sus limitaciones.
Una nueva mirada a la niebla mental post-COVID
El trabajo de Figueroa-Vargas y colaboradores aporta una perspectiva más detallada sobre la niebla mental después del COVID-19. En lugar de considerarla un único trastorno, los resultados sugieren que puede incluir diferentes patrones de alteración cognitiva y neurofisiológica.
Comprender esas diferencias podría ser relevante para desarrollar herramientas capaces de identificar qué procesos cerebrales están afectados en cada paciente y orientar futuras intervenciones.
Por ahora, los investigadores consideran sus resultados una base para continuar estudiando las consecuencias neurológicas del COVID-19 y determinar cuánto tiempo pueden persistir estos cambios y si son reversibles.