Salud mental: por qué los colombianos tardan en buscar ayuda psicológica

El estigma social, los prejuicios culturales y las barreras de acceso a los servicios de salud dificultan la atención oportuna.
¿Por qué aumenta la sensación de soledad en una sociedad conectada digitalmente? Crédito: Magnific

La salud mental continúa siendo uno de los grandes desafíos de la salud pública en Colombia y el mundo. Aunque cada vez se habla más de bienestar emocional, millones de personas siguen enfrentando sus problemas en silencio por miedo a ser juzgadas, desconocimiento de los síntomas o dificultades para acceder a atención profesional. De acuerdo con las cifras reveladas por el Dane apenas el 38,5 % de los adultos que presentan problemas de salud mental solicita ayuda médica.

Destaca que la salud mental no solo influye en el bienestar individual, sino también en las relaciones familiares, el desempeño laboral, la vida académica y la participación social. Por eso, reconocer el sufrimiento emocional, hablar abiertamente de él y buscar acompañamiento profesional cuando sea necesario son pasos esenciales para evitar que las dificultades se agraven.

El estigma, una de las principales barreras para pedir ayuda

Según los expertos sentir tristeza, miedo, angustia o incertidumbre forma parte de la experiencia humana. Estas emociones no representan, por sí mismas, una señal de debilidad. Sin embargo, los prejuicios culturales y las expectativas sociales pueden dificultar que las personas reconozcan cuándo necesitan apoyo.

El problema se evidencia especialmente en algunos modelos tradicionales de masculinidad, asociados con expresiones como “los hombres no lloran”, “hay que ser fuerte” o “uno resuelve sus problemas solo”.

El médico, José Manuel Santacruz Escudero, psiquiatra general y de enlace, especialista en psicogeriatría y doctor en psiquiatría, además de vicepresidente de la Asociación de Psiquiatras de América Latina (APAL), advierte que una mayor adhesión a estas normas se relaciona con un incremento del autoestigma y con actitudes más negativas frente a la búsqueda de ayuda psicológica.

No obstante, el especialista señala que esta problemática no afecta exclusivamente a los hombres. Sobre las mujeres también recaen expectativas culturales que las llevan a asumir responsabilidades de cuidado, tolerar sobrecargas y anteponer las necesidades familiares a las propias.

A estas presiones se suman prejuicios generalizados, como creer que acudir a un psiquiatra significa estar “loco”, que una persona con dificultades emocionales es menos competente o que debería resolver sus problemas únicamente con fuerza de voluntad.

“Estas creencias pueden retrasar la consulta y hacer que el sufrimiento se prolongue. Por ello, normalizar las conversaciones sobre salud mental y comprender que pedir ayuda es una decisión válida constituye un paso importante para reducir el estigma”, dijo.

Salud mental en Colombia: cifras que preocupan

Subrayó que en Colombia, los indicadores relacionados con el suicidio y los trastornos mentales muestran la necesidad de fortalecer las acciones de prevención y atención.

“Cerca del 80 % de las muertes por suicidio se presentan en hombres. Entre 2014 y 2023, la tasa de suicidio masculino pasó de 7,9 a 10 casos por cada 100.000 habitantes, mientras que en las mujeres aumentó de 1,6 a 2,8 por cada 100.000 habitantes”, manifestó.

La situación también es preocupante entre los adolescentes. Según los datos citados del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), correspondientes a un corte preliminar de 2025, el suicidio representó el 20,7 % de las defunciones en el grupo de 12 a 17 años. Por su parte, Medicina Legal registró 2.066 casos de suicidio en el país entre enero y septiembre de ese año.

El informe también señala que, para 2024, la tasa de suicidio entre adolescentes de este grupo poblacional se ubicó en 5,8 por cada 100.000 habitantes.

Estas cifras ponen de manifiesto la importancia de identificar oportunamente las señales de sufrimiento emocional, fortalecer las redes de apoyo y garantizar que niños, adolescentes y adultos puedan acceder a atención adecuada.

En cuanto a los trastornos mentales, la depresión y la ansiedad afectan a una proporción significativa de la población. En Colombia en 5,4 % y 2,1 %, respectivamente, aunque estas estimaciones deben interpretarse teniendo en cuenta el periodo y la población de referencia.

La brecha entre las necesidades de atención y la respuesta disponible constituye otro desafío. El informe indica que Colombia destina el 1,8 % de su gasto público a salud mental y que, en 2020, contaba con aproximadamente 2,5 psiquiatras por cada 100.000 habitantes.

La combinación de estos factores refleja las dificultades que enfrenta una parte de la población para recibir atención oportuna, especialmente cuando existen limitaciones económicas, escasez de profesionales o largos tiempos de espera.

Depresión y ansiedad: un desafío para la salud pública

La depresión también evidencia la magnitud del problema. Según los datos presentados en el informe, su prevalencia en Colombia alcanza el 4,7 %, frente al 3,8 % reportado a escala mundial.

Esta diferencia refuerza la importancia de fortalecer las políticas públicas, ampliar las estrategias de detección temprana y facilitar el acceso a servicios de salud mental, especialmente en comunidades y territorios con mayores condiciones de vulnerabilidad.

La OMS explica que las afecciones de salud mental comprenden trastornos mentales, discapacidades psicosociales y otros estados asociados con niveles elevados de angustia, limitaciones funcionales o riesgo de conductas autolesivas.

“Sus consecuencias pueden afectar todos los ámbitos de la vida, desde las relaciones personales hasta el desempeño en el colegio o el trabajo. Además, los trastornos mentales representan una carga importante de discapacidad y se asocian con una reducción de la esperanza de vida entre las personas que presentan afecciones graves”, manifestó.

El impacto también trasciende el ámbito individual. La pérdida de productividad, las dificultades para mantener relaciones sociales y familiares y los costos asociados a la atención convierten la salud mental en un asunto que requiere respuestas coordinadas entre el sistema sanitario, las instituciones educativas, las empresas, las familias y las autoridades.

¿Por qué muchas personas no buscan atención psicológica o psiquiátrica?

Para el médico, José Manuel Santacruz Escudero, las razones que llevan a una persona a guardar silencio son diversas y no deben interpretarse simplemente como falta de voluntad.

En algunos casos, la persona no identifica que está atravesando un problema de salud mental. Puede pensar que el malestar desaparecerá por sí solo o que se trata de una característica permanente de su personalidad.

En otros, el miedo a ser juzgada, perder el empleo, preocupar a sus familiares o ser considerada incapaz se convierte en un obstáculo para solicitar ayuda.

El especialista también explica que, en trastornos como la depresión, pueden disminuir la energía, la motivación, la esperanza y la capacidad para tomar decisiones. Estas dificultades pueden hacer todavía más complejo dar el primer paso hacia una consulta.

A lo anterior se suman barreras prácticas, como el costo de los servicios, la disponibilidad de profesionales, los tiempos de espera, el desconocimiento sobre dónde acudir y las experiencias negativas que algunas personas han tenido anteriormente.

“Por eso, promover la búsqueda de atención exige tanto transformar las creencias sociales como mejorar las condiciones de acceso a los servicios@, sostuvo.

Martín Javier Martínez, CEO de Aspen Clúster Andino, sostiene que el silencio es uno de los factores de riesgo menos atendidos en salud mental. En ese sentido, destaca la necesidad de impulsar conversaciones que sitúen este tema en el centro de las políticas públicas, contribuyan a normalizar la búsqueda de ayuda, favorezcan los diagnósticos tempranos y permitan derribar las barreras culturales.

Familia, trabajo y redes sociales: factores que pueden influir en el bienestar

El entorno cotidiano puede desempeñar un papel importante en la salud mental. La familia, los espacios laborales y las relaciones sociales pueden convertirse en fuentes de apoyo, pero también pueden aumentar el malestar cuando predominan la incomprensión, la sobrecarga o la discriminación.

Santacruz Escudero explica que una familia que identifica cambios en el comportamiento de uno de sus integrantes y pregunta sin juzgar puede facilitar una detección temprana y, cuando sea necesario, una consulta profesional.

Apuntó que por el contrario, expresiones como “eso son bobadas”, “tienes que poner de tu parte” o “no tienes razones para estar deprimido” pueden minimizar el sufrimiento y alejar a la persona de la ayuda que necesita.

“En el entorno laboral ocurre algo similar. Las condiciones favorables pueden aportar estructura, propósito, inclusión y relaciones sociales. Sin embargo, la sobrecarga de tareas, los horarios excesivos, el acoso, la discriminación, la falta de autonomía y la ausencia de apoyo pueden deteriorar el bienestar emocional”, agregó.

Destacó que las redes sociales también requieren una mirada equilibrada. Su impacto depende del uso que se les dé y de las circunstancias de cada persona. Pueden facilitar la conexión, el acceso a información y la búsqueda de apoyo, pero también exponer a los usuarios al acoso, la comparación social, los contenidos perjudiciales y la pérdida de horas de sueño o de interacción presencial, especialmente cuando su utilización se vuelve problemática.

¿Cómo acompañar a una persona que atraviesa una dificultad emocional?

Recalcó que acompañar a alguien que está sufriendo requiere empatía, escucha y respeto por sus decisiones.

“No siempre es necesario tener una respuesta inmediata; en muchas ocasiones, escuchar sin juzgar y ofrecer ayuda concreta puede marcar una diferencia”, dijo.

Entre las recomendaciones para apoyar a una persona con dificultades emocionales se encuentran:

  • Evitar minimizar su sufrimiento. Frases como “anímate”, “no pienses en eso” o “hay gente que está peor” pueden hacer que se sienta incomprendida.
  • No culpabilizar. Decirle que no se esfuerza lo suficiente o que todo depende de su actitud puede aumentar su malestar.
  • Escuchar sin presionar. Es importante permitir que la persona decida qué quiere compartir y cuándo desea hacerlo.
  • Ofrecer ayuda concreta. Se puede acompañarla a buscar información, solicitar una cita o identificar profesionales y servicios disponibles.
  • Respetar su autonomía. Acompañar no significa tomar todas las decisiones por la otra persona, sino facilitarle herramientas para que pueda recibir apoyo.
  • Facilitar la atención profesional. Cuando el malestar persiste, afecta la vida cotidiana o se intensifica, es importante promover una consulta con un profesional de la salud.

Hábitos cotidianos que pueden contribuir al cuidado de la salud mental

Aunque los hábitos saludables no sustituyen la atención profesional cuando esta es necesaria, pueden contribuir al bienestar emocional y ayudar a manejar el estrés cotidiano.

Entre las recomendaciones se destacan:

1. Realizar actividad física con regularidad. Caminar durante 30 minutos al día, según las condiciones y capacidades de cada persona, puede contribuir a mejorar el estado de ánimo y la salud general.

2. Mantener una alimentación equilibrada e hidratarse. Consumir alimentos variados, mantener horarios regulares para las comidas y beber suficiente agua ayuda a cuidar la salud física y el funcionamiento cotidiano.

3. Dar prioridad al sueño. Establecer horarios regulares de descanso y reducir el uso de pantallas antes de acostarse puede favorecer la conciliación del sueño.

4. Practicar actividades relajantes. La respiración consciente, la meditación, la lectura, escuchar música, pasar tiempo en la naturaleza o disfrutar de pasatiempos pueden ayudar a manejar el estrés.

5. Establecer metas y prioridades. Organizar las tareas, reconocer cuáles pueden esperar y aprender a decir “no” cuando la carga es excesiva ayuda a reducir la sobrecarga.

6. Practicar la gratitud. Identificar y recordar diariamente aspectos positivos de la vida puede contribuir al bienestar emocional, sin que esto implique ignorar los problemas o las emociones difíciles.

7. Reconocer los pensamientos negativos. Identificar ideas poco útiles y analizarlas de manera crítica puede ayudar a desarrollar una perspectiva más equilibrada frente a las dificultades.

8. Mantener el contacto con otras personas. Hablar con amigos, familiares o personas de confianza permite fortalecer las redes de apoyo y reducir el aislamiento.

Hablar de salud mental también es una forma de prevención

La salud mental requiere atención continua y un compromiso que involucre a toda la sociedad. Las familias, las instituciones educativas, los empleadores, los profesionales sanitarios y las autoridades pueden contribuir a construir entornos en los que las personas se sientan seguras para expresar sus emociones y buscar orientación.

Las cifras sobre suicidio, depresión y ansiedad, junto con el bajo porcentaje de personas que solicita atención, muestran que no basta con reconocer la existencia del problema: también es necesario facilitar el acceso a los servicios, fortalecer la prevención y combatir los prejuicios que todavía rodean a los trastornos mentales.

Pedir ayuda no es una señal de debilidad ni significa que una persona haya fracasado en resolver sus dificultades. Es una decisión que puede facilitar el reconocimiento del problema, la recuperación y la construcción de herramientas para afrontar las situaciones difíciles.

La pregunta, entonces, no es solamente por qué tardamos tanto en hablar de salud mental, sino qué puede hacer cada persona, familia, institución y autoridad para que nadie tenga que enfrentar su sufrimiento en silencio.

Claves del tema en cuatro preguntas:

¿Por qué muchas personas tardan en buscar ayuda para sus problemas de salud mental?

Muchas personas no buscan ayuda por miedo a ser juzgadas, vergüenza, prejuicios culturales o desconocimiento de los síntomas. También influyen las dificultades económicas, la falta de profesionales, los tiempos de espera y la creencia de que los problemas emocionales deben resolverse únicamente con fuerza de voluntad. Según el texto, solo el 38,5 % de los adultos con problemas de salud mental solicita atención médica.

¿Cuál es la situación de la salud mental en Colombia y qué revelan las cifras de suicidio?

Colombia enfrenta importantes desafíos en prevención y atención. Entre 2014 y 2023, la tasa de suicidio en hombres aumentó de 7,9 a 10 casos por cada 100.000 habitantes, mientras que en mujeres pasó de 1,6 a 2,8. Además, el suicidio representa una preocupación especial entre los adolescentes de 12 a 17 años, lo que evidencia la necesidad de fortalecer la detección temprana y las redes de apoyo.

¿Cómo pueden la familia y el entorno laboral contribuir al cuidado de la salud mental?

La familia puede ayudar escuchando sin juzgar, reconociendo los cambios emocionales y facilitando el acceso a atención profesional. En el trabajo, unas condiciones laborales favorables promueven el bienestar, mientras que la sobrecarga, el acoso, la discriminación y los horarios excesivos pueden afectar la salud mental. El acompañamiento y la comprensión son fundamentales para evitar que las personas enfrenten su sufrimiento en silencio.

¿Qué hábitos pueden ayudar a cuidar la salud mental y cuándo es importante buscar ayuda profesional?

Realizar actividad física, mantener una alimentación equilibrada, dormir lo suficiente, practicar actividades relajantes, establecer prioridades y conservar el contacto con familiares y amigos son hábitos que contribuyen al bienestar emocional. Sin embargo, si el malestar persiste, afecta la vida cotidiana o se intensifica, es importante consultar a un profesional de la salud. Si una persona expresa deseos de hacerse daño o de no seguir viviendo, se debe tomar en serio su situación y buscar ayuda inmediata.