La dermatitis atópica es una enfermedad inflamatoria crónica caracterizada por periodos de mejoría y exacerbación. Aunque sus manifestaciones más reconocibles aparecen en la piel, su impacto puede extenderse al sueño, el estado de ánimo, las relaciones sociales y las actividades cotidianas.
De hecho, la enfermedad y el estrés pueden formar un círculo difícil de romper: la picazón favorece el rascado, el rascado deteriora aún más la barrera de la piel y la persistencia de los síntomas interrumpe el descanso y afecta el bienestar emocional. A su vez, el estrés puede aumentar la percepción del prurito y contribuir a intensificar el rascado y las exacerbaciones en algunas personas.
La evidencia científica describe una interacción entre el sistema nervioso, el sistema inmunológico y la piel. Ante situaciones estresantes, distintos mediadores neuroendocrinos y neurológicos pueden influir en la respuesta inflamatoria, la función de la barrera cutánea y los mecanismos relacionados con la picazón. Esto no significa que las emociones sean la causa de la dermatitis atópica, sino que pueden actuar como uno de los factores que influyen en su evolución.
Esta relación cobra especial importancia durante situaciones de emergencia o tensión colectiva. Después de un terremoto, por ejemplo, el temor a nuevas réplicas, la incertidumbre, los cambios en las rutinas y las dificultades para dormir pueden representar una carga adicional para las personas que viven con enfermedades crónicas.
“Un sismo no producirá necesariamente una exacerbación en todas las personas con dermatitis atópica. Sin embargo, ante situaciones que generan un alto nivel de estrés, es importante observar tanto el bienestar emocional como los cambios en la piel, mantener las rutinas de cuidado y seguir el manejo indicado por el profesional de la salud”, afirmó Julieth Sánchez, gerente médica de Sanofi.
Un antecedente que ayuda a comprender la relación
La asociación entre estrés y exacerbación de la dermatitis atópica ha sido observada en contextos de desastre. Una investigación realizada con 1.457 pacientes después del Gran Terremoto de Hanshin, ocurrido en Japón en 1995, encontró exacerbación de los síntomas cutáneos en el 38 % de quienes vivían en zonas con daños severos y en el 34 % de quienes se encontraban en áreas con daños leves. En las zonas no afectadas, la proporción fue del 7 %.
El análisis identificó el distrés percibido como el factor más estrechamente asociado con el empeoramiento de los síntomas. Las personas que reportaron mayor afectación emocional tuvieron cerca de tres veces más probabilidades de presentar exacerbaciones que aquellas con menor distrés.
Aunque la investigación fue publicada en 1999 y sus resultados no permiten anticipar lo que sucederá en Colombia, constituye un antecedente para comprender por qué una situación altamente estresante puede repercutir en la evolución de la enfermedad.
Investigaciones posteriores han aportado nuevos elementos sobre este mecanismo. En un estudio experimental con pacientes con dermatitis atópica, la exposición a una situación de estrés agudo aumentó significativamente el comportamiento espontáneo de rascado. Los investigadores también encontraron una relación entre la respuesta al estrés y la gravedad clínica de la enfermedad.
“Estos hallazgos no establecen que todas las personas responderán de la misma manera ni permiten atribuir automáticamente una exacerbación a un evento emocional, pero sí refuerzan la importancia de reconocer el estrés como uno de los factores que deben evaluarse dentro de un abordaje integral”, agregó Julieth Sánchez, gerente médica de Sanofi.
Cuando la piel afecta las emociones
La relación también funciona en sentido contrario. La picazón persistente, las lesiones visibles, el dolor, la sensación de no poder controlar los síntomas y las interrupciones del sueño pueden producir una carga emocional considerable.
Una revisión sistemática y metaanálisis de 37 estudios, que reunió información de más de dos millones de niños y adolescentes, encontró que quienes tenían dermatitis atópica presentaban un riesgo significativamente mayor de trastornos mentales en comparación con quienes no vivían con la enfermedad.
En adultos también se ha documentado esta asociación. Un estudio poblacional publicado en 2020 encontró que las personas con dermatitis atópica tenían un riesgo 14 % mayor de desarrollar depresión y 17 % mayor de presentar ansiedad frente a quienes no tenían la enfermedad. Estos resultados muestran asociaciones estadísticas y no significan que todas las personas con dermatitis atópica desarrollarán alguno de estos trastornos.
El sueño ocupa un lugar central dentro de este círculo. La picazón y el rascado nocturno pueden dificultar conciliar o mantener el sueño; a su vez, la falta de descanso puede afectar el estado de ánimo, la capacidad para afrontar el estrés y la calidad de vida. Una revisión sobre dermatitis atópica y sueño señaló que las alteraciones del descanso pueden presentarse hasta en el 83 % de los pacientes durante las exacerbaciones.
En Colombia, diferentes investigaciones han mostrado una carga relevante de la enfermedad. Estudios realizados en Barranquilla estimaron una prevalencia del 20,9 % entre los niños de 6 a 7 años y del 24,6 % entre los adolescentes. Debido a que corresponden a una ciudad específica, estas cifras no deben interpretarse como prevalencias nacionales, pero sí permiten dimensionar la presencia de la enfermedad en población infantil y adolescente.
“Que la dermatitis atópica pueda afectar la piel, el sueño, las emociones y la vida cotidiana nos indica que el seguimiento no debería limitarse a observar las lesiones. La forma como duerme y se siente el paciente también debe hacer parte de la conversación durante la consulta”, concluyó Julieth Sánchez, gerente médica de Sanofi.
¿Cuándo consultar?
Después de una situación de alto estrés, las personas con dermatitis atópica y sus cuidadores deberían prestar atención a señales como aumento persistente de la picazón o del rascado, aparición de nuevas lesiones o empeoramiento de las existentes, dolor, secreción, costras o signos que puedan sugerir una infección, dificultad frecuente para conciliar o mantener el sueño, ansiedad, tristeza, aislamiento o irritabilidad persistentes, expresiones relacionadas con desesperanza, autolesión o deseo de morir.
En el marco del Día Mundial de la Dermatitis Atópica, que se conmemora cada 14 de septiembre, el llamado es a no normalizar la picazón ni reducir la enfermedad a sus manifestaciones visibles. Cuidar la piel también implica prestar atención al descanso, las emociones y la calidad de vida.