Los dispositivos electrónicos de uso cotidiano, están transformando la manera en que las personas monitorean algunos indicadores de su salud cardiovascular. Relojes, pulseras y anillos inteligentes, que inicialmente fueron utilizados principalmente para contar pasos o medir el rendimiento deportivo, incorporan cada vez más funciones relacionadas con el seguimiento del corazón.
Uno de sus principales aportes en cardiología preventiva está relacionado con la posibilidad de identificar señales de arritmias que pueden permanecer sin síntomas, como la fibrilación auricular, una alteración del ritmo cardíaco que puede aumentar el riesgo de formación de coágulos y de sufrir un accidente cerebrovascular.
Aunque estas tecnologías continúan siendo objeto de investigación para establecer su impacto directo sobre desenlaces como la mortalidad global, su capacidad para recopilar información de manera continua puede contribuir a detectar cambios que, en otras circunstancias, podrían pasar inadvertidos.
“Hoy en día el impacto de los wearables ha generado un uso que ha sido fructífero, no solo para los pacientes, sino para los médicos, debido a que nos permiten detectar, vigilar y prevenir enfermedades cardiovasculares”, explica el doctor Giovanni de la Cruz, jefe del Servicio de Medicina Cardiovascular de las Clínicas del Country y Clínica La Colina.
Fibrilación auricular, uno de los principales focos
Entre las funciones relacionadas con la salud cardiovascular, la detección de fibrilación auricular representa uno de los avances de mayor interés clínico.
Esta arritmia puede favorecer la formación de trombos en el corazón. Si uno de estos coágulos llega al cerebro, puede producir un accidente cerebrovascular y generar consecuencias neurológicas importantes.
De acuerdo con la información suministrada, los dispositivos actuales pueden alcanzar una sensibilidad y especificidad superiores al 94 % para identificar esta arritmia, aunque una alerta de un dispositivo no equivale por sí misma a un diagnóstico médico.
La posibilidad de realizar mediciones de manera frecuente permite que algunos cambios en el ritmo cardíaco sean detectados incluso cuando la persona no presenta síntomas evidentes. En estos casos, la alerta puede convertirse en un motivo para realizar una valoración clínica y, de ser necesario, estudios complementarios.
Más allá del ritmo cardíaco
Las funciones de los nuevos dispositivos no se limitan a la identificación de posibles alteraciones del ritmo cardíaco. Sus sensores permiten recopilar diferentes indicadores relacionados con el descanso, la actividad física y la respuesta del organismo.
Uno de ellos es el monitoreo del sueño. Los dispositivos pueden estimar la eficiencia del descanso nocturno y generar información relacionada con posibles alteraciones del sueño. Según el material suministrado por el especialista, dormir menos de seis horas al día puede tener efectos negativos sobre la salud cardiovascular.
También permiten realizar seguimiento de variables como la variabilidad de la frecuencia cardíaca, la oxigenación, la capacidad aeróbica, los pasos realizados y los niveles de estrés.
Esta información puede ayudar a los usuarios a conocer su respuesta ante diferentes niveles de actividad física y establecer objetivos relacionados con hábitos saludables.
¿Qué no puede detectar un reloj inteligente?
A pesar de los avances tecnológicos, los dispositivos tienen limitaciones que es importante conocer. Una de ellas está relacionada con la forma en que registran la actividad eléctrica del corazón.
Habitualmente, estos dispositivos realizan registros equivalentes a una derivación electrocardiográfica, por lo que no cuentan con la capacidad de un electrocardiograma clínico completo para evaluar todas las condiciones cardíacas.
Por esta razón, no están diseñados para diagnosticar patologías cardiovasculares complejas, determinados bloqueos auriculoventriculares o un infarto.
“Uno puede tener un infarto y el dispositivo no les va a dar el diagnóstico de infarto, les puede parecer que el electrocardiograma es completamente normal, pero el paciente puede estar haciendo un síndrome coronario”, advierte el doctor de la Cruz.
Esto significa que la ausencia de una alerta en el reloj no garantiza que una persona esté libre de una enfermedad cardiovascular. Si existen síntomas o factores de riesgo, la valoración médica continúa siendo fundamental, independientemente de los datos que entregue el dispositivo.
Una alerta debe llevar a una consulta médica
Ante una alerta relacionada con el ritmo cardíaco, los especialistas recomiendan no asumir automáticamente que existe una enfermedad, pero tampoco ignorar el aviso.
El doctor de la Cruz señala que, si el dispositivo genera una alerta o si aparecen síntomas durante la práctica de ejercicio, es importante registrar la hora en que ocurrió el episodio y acudir a un médico o a un electrofisiólogo que pueda interpretar adecuadamente los datos obtenidos.
La información registrada por el dispositivo puede servir como un elemento adicional para orientar la valoración, especialmente cuando permite establecer cuándo ocurrió una alteración o relacionarla con síntomas específicos.
De esta manera, los dispositivos pueden convertirse en una herramienta complementaria para la vigilancia cardiovascular, pero no sustituyen los exámenes clínicos, el diagnóstico profesional ni el seguimiento médico.
Tecnología como herramienta de prevención
El crecimiento de los dispositivos inteligentes abre nuevas posibilidades para el seguimiento de la salud cardiovascular en la vida cotidiana. Su capacidad para recopilar información de manera continua puede facilitar la identificación de señales que antes solo podían detectarse durante una consulta o un examen puntual.
Sin embargo, el valor de esta tecnología depende de una interpretación adecuada de los datos. Por ello, la elección de un reloj, pulsera o anillo inteligente debe responder a las necesidades particulares de cada persona y, especialmente cuando existe una preocupación relacionada con la salud cardiovascular, contar con la orientación de un profesional.
Así, más que convertirse en un sustituto del cardiólogo, los dispositivos inteligentes pueden funcionar como una herramienta complementaria de monitoreo y detección temprana, capaz de generar información útil para que el paciente y el especialista tomen decisiones clínicas oportunas.
Claves del tema en cuatro preguntas:
¿Cómo pueden los dispositivos inteligentes ayudar a detectar arritmias?
Relojes, pulseras y anillos inteligentes cuentan con sensores que permiten monitorear de manera frecuente algunos indicadores cardiovasculares. Entre sus funciones está la identificación de señales compatibles con fibrilación auricular, una arritmia que puede permanecer sin síntomas y aumentar el riesgo de formación de coágulos y accidente cerebrovascular. Una alerta puede servir como señal para consultar oportunamente a un profesional de la salud.
¿Qué información cardiovascular pueden registrar estos dispositivos?
Además del ritmo cardíaco, los dispositivos pueden recopilar información sobre la variabilidad de la frecuencia cardíaca, oxigenación, capacidad aeróbica, actividad física, pasos realizados, niveles de estrés y características del sueño. Estos datos permiten al usuario hacer seguimiento de algunos hábitos y cambios en su organismo, aunque deben interpretarse como información complementaria y no como un diagnóstico médico.
¿Un reloj inteligente puede diagnosticar un infarto u otras enfermedades cardíacas complejas?
No. Estos dispositivos tienen limitaciones porque, habitualmente, realizan registros equivalentes a una sola derivación electrocardiográfica y no cuentan con la capacidad de un electrocardiograma clínico completo. Por ello, no están diseñados para diagnosticar condiciones como un infarto o determinados bloqueos cardíacos. Incluso si el dispositivo no genera una alerta, una persona con síntomas debe recibir valoración médica.
¿Qué debe hacer una persona si recibe una alerta de posible arritmia?
La recomendación es no asumir automáticamente que existe una enfermedad, pero tampoco ignorar la alerta. Es conveniente registrar la hora en que ocurrió el episodio y consultar con un médico o un electrofisiólogo, especialmente si también se presentan síntomas. Los datos registrados por el dispositivo pueden aportar información útil para orientar la valoración, pero no sustituyen los exámenes, el diagnóstico ni el seguimiento de un profesional de la salud.