Un entrenamiento enfocado en la velocidad de procesamiento mental podría contribuir a disminuir el riesgo de recibir un diagnóstico de demencia en el largo plazo. Así lo concluye un estudio publicado en 2026 en la revista científica Alzheimer’s & Dementia: Translational Research & Clinical Interventions, que hizo seguimiento durante 20 años a más de 2.000 adultos mayores en Estados Unidos.
La investigación, titulada “Impacto del entrenamiento cognitivo en la demencia diagnosticada basada en reclamaciones durante 20 años: evidencia del estudio ACTIVE”, fue realizada por un equipo encabezado por Norma B. Coe y Marilyn S. Albert, junto con especialistas de la Universidad de Pensilvania, Johns Hopkins University y otras instituciones académicas. El trabajo utilizó datos del estudio clínico ACTIVE (Advanced Cognitive Training for Independent and Vital Elderly) y los vinculó con registros de Medicare entre 1999 y 2019.
Según el artículo, “el entrenamiento cognitivo que implica la velocidad del procesamiento cognitivo tiene el potencial de retrasar el diagnóstico de TDAH..
Entrenamiento cognitivo y riesgo de demencia
El ensayo clínico ACTIVE incluyó 2.802 adultos de 65 años o más, reclutados entre 1998 y 1999 en seis áreas metropolitanas de Estados Unidos. Para este análisis se evaluaron 2.021 participantes que cumplían criterios de seguimiento en Medicare.
Los voluntarios fueron asignados a cuatro grupos: entrenamiento en memoria, en razonamiento, en velocidad de procesamiento o un grupo control sin intervención. Cada programa incluyó hasta 10 sesiones iniciales de entre 60 y 75 minutos. Quienes completaron al menos ocho sesiones pudieron recibir entrenamientos de refuerzo a los 11 y 35 meses.
El desenlace principal fue la aparición de un diagnóstico de Alzheimer y demencias relacionadas (ADRD) en los registros de Medicare, medido mediante el algoritmo del Chronic Conditions Warehouse.
El ejercicio que mostró efecto a 20 años
Tras dos décadas de seguimiento, los investigadores encontraron que solo uno de los entrenamientos mostró asociación con menor riesgo de diagnóstico de demencia: el de velocidad de procesamiento, siempre que los participantes hubieran recibido sesiones de refuerzo.
En el grupo que realizó este entrenamiento y completó al menos un refuerzo, el riesgo fue significativamente menor (HR ajustado: 0,75; IC 95%: 0,59–0,95) en comparación con el grupo control. En cambio, quienes hicieron el entrenamiento sin sesiones adicionales no presentaron reducción del riesgo.
El artículo señala: “Los participantes asignados aleatoriamente al grupo de entrenamiento de velocidad que completaron una o más sesiones de refuerzo tuvieron un riesgo significativamente menor de diagnóstico de ADRD”.
En contraste, los programas de memoria y razonamiento no mostraron diferencias estadísticamente significativas en la probabilidad de diagnóstico durante el periodo analizado.
¿En qué consiste el entrenamiento de velocidad mental?
El programa de velocidad de procesamiento se enfocó en tareas visuales y de atención dividida. Los participantes debían identificar información presentada en intervalos cada vez más breves, con un sistema adaptativo que incrementaba la dificultad según el desempeño individual.
A diferencia de los otros entrenamientos, este método no enseñaba estrategias explícitas para recordar información, sino que exigía respuestas rápidas ante estímulos visuales. Según los autores, este enfoque podría estar relacionado con mecanismos distintos de activación cerebral.
El estudio indica que no se observaron efectos significativos del entrenamiento según la edad de inicio, ya que los resultados fueron consistentes en los distintos grupos etarios evaluados.
Alcances y límites del estudio
Durante los 20 años de seguimiento, cerca del 48,7 % de los participantes del grupo control recibió un diagnóstico de demencia. Los investigadores reconocen limitaciones, como la exclusión de personas inscritas en ciertos planes de Medicare y la dependencia de diagnósticos administrativos, aunque destacan la fortaleza de contar con registros independientes y acumulativos.
En sus conclusiones, los autores señalan que los hallazgos “subrayar los beneficios potenciales del entrenamiento cognitivo que implica tareas adaptativas, de atención dual y rápidas para retrasar el diagnóstico de TDAH”.
El estudio no plantea que este tipo de entrenamiento prevenga la demencia, pero sugiere que podría contribuir a retrasar el momento del diagnóstico en personas mayores. Nuevas investigaciones deberán determinar qué componentes específicos del programa explican el efecto observado y si pueden replicarse en otros contextos.