Farmacia callejera en Quindío reparte medicamentos donados a quienes no logran obtenerlos a través del sistema de salud

Cada sábado, Cesar Augusto Holguín Sepúlveda beneficia a entre 30 y 50 personas con su acción humanitaria.
Líder social dona medicinas en improvisada farmacia callejera a quienes no les entregan los medicamentos en dispensarios . Crédito: Cortesía César Holguín

Un pequeño puesto improvisado en un andén del municipio de Circasia (Quindío) se ha convertido en un punto solidario donde cada sábado se entregan medicamentos donados a quienes no han logrado obtenerlos en el sistema de salud.

Cada sábado, entre las ocho y las diez de la mañana, algunas cajas de cartón aparecen en un andén frente a la Casa Museo de esta municipalidad.

Cajas acomodadas como mostrador donde se alinean pastillas, inhaladores, gotas y algunos insumos médicos. No es una droguería ni un programa institucional.

Es la iniciativa de César Augusto Holguín Sepúlveda, un líder social que decidió llevar los medicamentos a la calle para quienes no logran recibirlos a través de las EPS. 

De las donaciones en casa a una caja de cartón en la calle

Según cuenta Holguín, la idea nació cuando hace cerca de dos años cuando empezó a reunir medicamentos donados por ciudadanos que ya no los utilizaban pero que seguían vigentes.

Con el tiempo, aquella recolección se convirtió en una forma de ayuda directa para personas que llegaban con recetas médicas en la mano.

Explicó que con el paso de los meses, su trabajo social empezó a concentrarse en un problema cada vez más visible.

“Vimos las largas filas de personas esperando fármacos que muchas veces no aparecen en los dispensarios. Entonces decidimos llevar los medicamentos donados directamente a donde la gente los está necesitando”, relató.

El funcionamiento de esta “farmacia callejera” es sencillo. Los medicamentos provienen principalmente de donaciones de ciudadanos que tienen fármacos vigentes en casa y ya no los utilizan.

“Todo se entrega completamente gratis. La idea es que los medicamentos que están guardados en las casas puedan beneficiar a otras personas que hoy los necesitan”, afirma.

En algunos casos, cuando no logra conseguir un medicamento urgente, incluso recurre a recursos propios o a la ayuda de conocidos para comprarlo.

Cada sábado atiende entre 30 y 50 personas, muchas de ellas pacientes con enfermedades crónicas. Entre los medicamentos más solicitados aparecen la metformina, la atorvastatina, la rosuvastatina, inhaladores, gotas oftálmicas y algunos tratamientos psiquiátricos.

Cuando la solidaridad intenta llenar el vacío del sistema

Sin embargo, Holguín establece ciertos límites. Por ejemplo, no recibe ni entrega insulina debido a las condiciones especiales de refrigeración que requiere este medicamento.

A pesar de la satisfacción de ayudar, reconoce que su labor también refleja una realidad preocupante. “Es satisfactorio poder ayudar, pero también genera preocupación ver que el sistema de salud no está respondiendo como debería”, dice.

La “farmacia callejera”, como algunos ciudadanos la han bautizado, no tiene registro formal ni nombre oficial. Funciona con una mesa en un andén, varias cajas llenas de medicamentos y la convicción de que la solidaridad puede aliviar, al menos por un momento, la angustia de quienes no han podido obtener sus tratamientos.

Por ahora, la iniciativa se mantiene todos los sábados frente a la Casa Museo de Circasia, entre las 8:00 y las 10:30 de la mañana, mientras insiste en un llamado sencillo a la comunidad:

“Si en sus casas tienen medicamentos vigentes que ya no consumen, pueden donarlos. Con esos medicamentos podemos ayudar a muchas personas que hoy los están necesitando”.