Aunque el refrigerador es clave para conservar la comida, no detiene su deterioro. Expertos advierten que el frío puede alterar sabor, textura y reducir las vitaminas, si los alimentos permanecen demasiado tiempo almacenados.
En los hogares de Colombia, donde la alimentación representa uno de los principales gastos, la nevera es vista como un aliado indispensable.
Sin embargo, no conserva los alimentos intactos aunque retrase su deterioro. Con el paso de los días, frutas, verduras y otros productos continúan cambiando su composición, incluso bajo refrigeración.
Los especialistas señalan que el principio es simple: el frío ralentiza los procesos biológicos, pero no los detiene.
Por esa razón, almacenar alimentos durante largos periodos puede traducirse en pérdida de sabor, cambios de textura y disminución de nutrientes clave como la vitamina C.
Verduras: cambios invisibles que sí afectan
En diálogo con Bienestar FM, Diana Sandoval, magister en Salud Pública de la universidad Manuela Beltrán, advirtió que algunos de los efectos más notorios ocurren en alimentos básicos.
La especialista señaló que la papa, por ejemplo, sufre un proceso conocido como “edulcoramiento por frío”, cuando se guarda a temperaturas inferiores a 4 °C.
En ese escenario, explicó que el almidón se transforma en azúcares simples, lo que altera tanto su sabor como su comportamiento al cocinarla.
Aseguró que la yuca enfrenta otro problema: su deterioro comienza pocas horas después de la cosecha y la refrigeración no logra frenarlo por completo.
Dijo que en el caso de hojas verdes como la espinaca o la lechuga, el frío ayuda a conservarlas, pero no evita que con el tiempo, pierdan parte de sus vitaminas.
“Los alimentos siguen siendo tejidos vivos. La nevera ayuda, pero no detiene su evolución”, explicó Sandoval.
Frutas: el error más común en casa
Uno de los fallos más frecuentes ocurre con las frutas tropicales. Productos como el tomate, el banano o el plátano pueden sufrir “daño por frío” si se refrigeran antes de madurar, o a temperaturas demasiado bajas.
Las consecuencias son claras:
- Pérdida de aroma.
- Cambios en la textura.
- Disminución del sabor.
Estudios científicos han demostrado que tras varios días en refrigeración, algunas frutas y verduras pueden perder una parte significativa de su vitamina C.
En ciertos casos, las reducciones pueden superar el 70 %, lo que impacta directamente su valor nutricional.
¿Qué frutas sí van a la nevera y cuáles no?
No todas las frutas reaccionan igual al frío. Algunas necesitan refrigeración para conservarse mejor, mientras que otras pierden sabor, aroma y textura si se enfrían antes de tiempo.
Algunas de las frutas que no deben ir a la nevera son:
- Banano.
- Plátano.
- Tomate.
- Mango.
- Papaya.
- Piña.
- Aguacate (cuando está verde).
Frutas que sí deben ir a la nevera
- Fresas.
- Uvas.
- Moras.
- Arándanos.
- Cerezas.
- Manzanas.
- Peras.
Lo que guardas mal (sin saberlo)
No todos los alimentos deberían pasar por la nevera. El pan, por ejemplo, se endurece más rápido cuando se refrigera, debido a un proceso llamado retrogradación del almidón. Aunque no pierde nutrientes, sí pierde calidad.
Por su parte, el chocolate puede desarrollar manchas blancas y cambiar su textura al enfriarse, afectando la experiencia al consumirlo, aunque siga siendo seguro.
La especialista indicó que el problema no es usar la nevera, sino cómo se usa. Explicó que almacenar en exceso o por periodos prolongados, reduce la calidad de los alimentos.
Algunas recomendaciones clave son:
- Comprar en cantidades adecuadas.
- Consumir los alimentos lo más frescos posible.
- Evitar almacenamientos prolongados innecesarios.
“Algunos micronutrientes disminuyen progresivamente con el tiempo. La clave está en acortar la distancia entre la compra y el consumo”, concluyó.