En medio de la Guerra de Corea, en la década de 1950, comenzó a aparecer una enfermedad que desconcertó a médicos y militares. Soldados estadounidenses y de fuerzas aliadas empezaron a tener fiebre alta, sangrados y problemas renales, sin que existiera una explicación sobre lo que estaba pasando.
El brote generó tanta preocupación que, en plena tensión de la Guerra Fría, algunos llegaron a pensar que podía tratarse de un arma biológica que se estaba utilizando durante el conflicto.
Entre 1951 y 1954, más de 3.000 militares fueron afectados por la enfermedad, que en ese momento fue llamada “fiebre hemorrágica coreana”. Según registros históricos y reportes médicos citados por medios internacionales, cerca de 250 personas murieron.
Lo más inquietante para las autoridades sanitarias era que nadie entendía cómo se transmitía ni por qué aparecía especialmente entre quienes permanecían en trincheras y zonas rurales.
Con el paso de los años, la teoría del arma biológica comenzó a perder fuerza. Las investigaciones apuntaron entonces a las condiciones en las que vivían los soldados durante la guerra. El contacto constante con terrenos infestados de roedores empezó a llamar la atención de los científicos, aunque todavía faltaban pruebas para confirmar qué estaba causando realmente la enfermedad.
El descubrimiento que resolvió el misterio
La respuesta llegó varias décadas después. En 1976, el médico surcoreano Ho-Wang Lee logró identificar el virus mientras estudiaba ratones de campo cerca del río Hantaan, en Corea del Sur. Allí encontró que los roedores portaban el agente infeccioso responsable de la enfermedad detectada años atrás en la guerra. Por esa razón, el virus terminó siendo llamado hantavirus.
El hallazgo permitió entender algo clave: la enfermedad se transmitía principalmente por contacto con orina, saliva o excrementos de roedores infectados. De acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC), las personas también pueden contagiarse al inhalar partículas contaminadas presentes en el ambiente, especialmente en lugares cerrados o poco ventilados.
Ese descubrimiento ayudó además a explicar por qué tantos soldados se enfermaron durante el conflicto. Las trincheras y campamentos improvisados facilitaban la presencia de ratones y otros roedores, mientras que las condiciones sanitarias eran muy limitadas. La convivencia constante con esos animales terminó siendo el escenario perfecto para la propagación del virus.
Qué se sabe actualmente del hantavirus
Hoy se sabe que el hantavirus pertenece a un grupo de virus transmitidos por roedores y presentes en distintas partes del mundo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) explica que algunas variantes afectan principalmente los pulmones y otras producen complicaciones renales severas.
En América, por ejemplo, los casos suelen relacionarse con el llamado síndrome pulmonar por hantavirus. Los síntomas iniciales pueden parecerse a los de una gripe fuerte: fiebre, cansancio, dolor muscular y malestar general. En los cuadros más graves aparecen dificultades respiratorias que requieren atención médica inmediata, según los CDC.
Aunque el virus sigue siendo vigilado por las autoridades sanitarias internacionales, los expertos aclaran que no tiene un comportamiento similar al de enfermedades altamente contagiosas como el COVID-19. En la mayoría de los casos, el contagio ocurre por exposición a roedores infectados y no por transmisión masiva entre personas.
Recientemente, el hantavirus volvió a aparecer en titulares internacionales luego de que se reportaran casos relacionados con viajeros que estuvieron en zonas de Sudamérica y la Antártida. Sin embargo, especialistas han insistido en que se trata de una enfermedad conocida desde hace décadas y bajo seguimiento permanente.
Claves del tema: Pensaban que el hantavirus era un arma biológica
¿Por qué pensaban que el hantavirus era un arma biológica?
Porque durante la Guerra de Corea la enfermedad apareció de forma repentina entre cientos de soldados y no existía una explicación médica clara. El contexto de tensión militar y política alimentó la sospecha de un posible ataque biológico, aunque años después se comprobó que el origen estaba relacionado con roedores infectados.
¿Cómo descubrieron el origen del hantavirus?
El médico surcoreano Ho-Wang Lee logró identificar el virus en 1976 tras estudiar ratones de campo cerca del río Hantaan. Las investigaciones demostraron que esos animales transmitían el virus, resolviendo el misterio que llevaba décadas sin respuesta.
¿Cómo se contagia el hantavirus?
La principal forma de contagio ocurre por contacto con saliva, orina o excrementos de roedores infectados. También puede transmitirse al inhalar partículas contaminadas en el aire. Las autoridades sanitarias recomiendan evitar la exposición a lugares infestados de ratones y mantener medidas de limpieza y ventilación.