En la carrera 16 entre calles 6 y 7 del barrio 20 de Julio, en medio de talleres de mecánica, puestos de comida y estaderos de salsa, durante más de un siglo se levantó uno de los árboles más conocidos del sector: una ceiba bonga que durante décadas fue punto de referencia para quienes transitaban por esta zona de Santa Marta.
Muchos vecinos utilizaban el árbol para orientarse en el barrio. “Llega a la bonga y camina dos cuadras”, decían algunos. Con el paso del tiempo, la frondosa ceiba se convirtió en parte del paisaje del sector y fue testigo de celebraciones familiares, reuniones de vecinos y de la vida cotidiana de quienes crecieron alrededor de su sombra.
A pocos metros del árbol vive María Criado, una mujer de 102 años que ha visto pasar generaciones frente a su casa. Según recuerda, cuando ella nació el árbol ya estaba en el lugar, aunque entonces era apenas un tronco delgado que con los años fue creciendo hasta convertirse en uno de los más grandes del sector.
Con el paso del tiempo, el árbol empezó a generar preocupación entre algunos residentes del barrio. Vecinos señalaron que con las fuertes brisas que se registran en la ciudad temían que alguna de sus ramas o parte del tronco pudiera caer sobre las viviendas cercanas.
La decisión judicial sobre el árbol
Varias familias del sector acudieron a la vía judicial para solicitar una revisión del estado del árbol. El caso llegó al Juzgado Primero Penal del Circuito Especializado de Santa Marta, que ordenó realizar una evaluación técnica del ejemplar.
Los estudios fueron adelantados por el Departamento Administrativo Distrital de Sostenibilidad Ambiental, entidad encargada de la autoridad ambiental en la ciudad.
Según explicó su directora, Paola Gómez, el árbol presentaba deterioro estructural severo en la base del tronco, lo que comprometía su estabilidad mecánica.
Los informes también señalaron que el ejemplar registraba alto riesgo estructural, además de encontrarse muy cerca de viviendas, cableado y zonas de tránsito peatonal.
Preocupación entre los residentes
Para varios residentes del barrio, el árbol dejó de ser únicamente un símbolo del sector. Algunos aseguraron que la situación comenzó a generar preocupación por los posibles riesgos.
Juana Josefa Jiménez, habitante de la zona, afirmó que el temor aumentó con el paso del tiempo, especialmente por el tamaño del árbol y su cercanía con las viviendas del sector.
Ecologistas piden revisar la decisión
El caso también generó reacciones entre colectivos ambientalistas de la ciudad. Algunos defensores del medioambiente manifestaron su desacuerdo con la tala de la bonga, al considerar que se trata de un árbol con valor ambiental e histórico para Santa Marta.
Claudia María Valencia, ecologista de la ciudad, señaló que el árbol forma parte del patrimonio natural del sector y pidió que se evalúen alternativas antes de su eliminación.
Entre las propuestas planteadas está la conformación de una mesa de diálogo con autoridades, expertos en arborización urbana y la comunidad para analizar posibles intervenciones técnicas.
Una decisión ya tomada
Tras revisar los estudios técnicos y las solicitudes presentadas por los residentes, el juzgado determinó que el árbol debía ser sometido a una tala controlada, con protocolos de seguridad para evitar afectaciones a las viviendas cercanas.
La decisión judicial marcó el cierre de un proceso que durante semanas generó discusión entre vecinos y ambientalistas en esta zona de Santa Marta. La bonga del barrio 20 de Julio, que durante décadas fue punto de referencia en la zona, entra así en su última etapa tras más de cien años en el mismo lugar.