Karmata Rúa, el resguardo indígena que abre su corazón y su memoria al mundo

La FM se adentró hasta la casa madre de esa comunidad y conoció su historia y rituales.
Karmata Rúa, el resguardo indígena que abre su corazón y su memoria al mundo Crédito: LA FM Medellín.

El aire en la montaña es fresco y cargado de historia. No es solo la brisa del suroeste antioqueño; también es el susurro de los ancestros que según la comunidad embera chamí, saludan y acompañan a cada visitante que llega a su territorio sagrado.

En el resguardo indígena Karmata Rúa, ubicado entre los municipios de Jardín y Andes, Antioquia, y con más de 202 años de existencia, la bienvenida no es un simple saludo: es un ritual de gratitud y protección, una medicina espiritual preparada con plantas dulces por el médico tradicional.

Olga, una de las anfitrionas, expresa con calidez el sentir colectivo. “Para nosotros recibir a los visitantes es una alegría. Llegan a un espacio sagrado donde nuestros ancestros les saludan”, dijo.

Su énfasis no está en el turismo de curiosidad, sino en aquel que llega “con amor, con acogimiento de mirarnos, de saber nuestras historias, con mucho respeto”.

Ese respeto es el puente que la comunidad ha decidido tender hacia el mundo exterior, abriendo las puertas de su Centro de Memoria con ingreso autorizado.

No se trata de un capricho, sino de una medida de protección para sus tierras, sus cultivos y la esencia misma de un pueblo que lucha por mantener viva su identidad frente a la occidentalización.

La memoria viva, tejida en la piel y en la tierra

Leidy Yagarí Carupia, con su vestimenta tradicional y pintura facial, se convierte en un testimonio de esa resistencia.

“Nosotros fuimos colonizados; a partir de eso, esa memoria viva todavía está”, afirmó.

Su atuendo no es un disfraz folclórico: explica que cada tejido narra una historia, cada símbolo es un legado que viaja de generación en generación.

“Hoy tengo con mucho orgullo mi vestimenta tradicional. Estamos muy occidentalizados, sí, pero la memoria todavía la llevamos acá y acá (señalando su mente y corazón). Para mantener la cultura viva son las prácticas”, manifestó Leidy.

Esas prácticas son el núcleo de la primera ruta ‘etnoturística’ que ofrecen. En la “Casa Madre”, el punto de llegada, no solo se explica la historia; se vive. Los visitantes son conducidos desde la vía principal por líderes de la comunidad hacia la zona rural, donde les espera una experiencia de sensibilización en torno al cuidado de la ‘Madre Tierra’ y del propio ser, a través de su cosmogonía, gastronomía ancestral y rituales de armonización.

Una economía tejida con las manos y el café, no con la mendicidad

La comunidad hace énfasis en desmentir un estigma: no son una comunidad que vive de la mendicidad. Por el contrario, muestran con orgullo su faceta laboral. Su economía se sostiene sobre el café, los cultivos y, de manera destacada, los tejidos.

“Desde este proceso es una iniciativa que también económicamente estamos fortaleciendo”, explicó Leidy, mientras acalró que “no estamos por interés. Lo hacemos porque somos indígenas y lo hacemos de corazón”.

Sin embargo, el modelo enfrenta el desafío del espacio. Karmata Rúa, con 1.960 habitantes, se contiene en un resguardo de 390 hectáreas, donde habitan 670 familias. “Carecemos ya de tierra”, admite Leidy Yagarí Carupia.

Por eso, muchas familias complementan su sustento trabajando en fincas vecinas no indígenas. La organización interna es clave: las autoridades asignan pequeños lotes para cultivos familiares, un sistema comunitario que les permite persistir.

Organización y sanación: el protocolo sagrado de la visita

Amanda González detalla la meticulosa organización detrás de cada grupo visitante. Un equipo de 40 personas se reúne una semana antes para preparar cada tema. El servicio se estructura en “paquetes”, como el de la sastrería, donde se enseña a tejer con materiales recolectados previamente.

“Todo tiene un tiempo limitado, somos duros con el horario”, comenta Amanda.

Cada visita, tanto al ingresar como al salir, está enmarcada por una ceremonia de sanación espiritual dirigida por el médico tradicional.

“El visitante muchas veces no se da cuenta porque eso es muy espiritual”, indicó.

La tierra recuperada y los nombres que la defendieron

El territorio mismo es un símbolo de lucha. “Karmata Rúa, para esta tierra, fue invadida, pero fue recuperada”, relatan los integrantes de esta comunidad.

La memoria honra a quienes pagaron el precio, como Aníbal Tascón, el primer abogado indígena de la comunidad, a quien atribuyen gran parte de la posibilidad de estar hoy en estas tierras. “Algunos perdieron hasta la vida”, recuerdan los habitantes de este lugar.

Al final, el mensaje de Karmata Rúa es claro y potente. No son un museo, ni un espectáculo, sino un pueblo que desde la fortaleza de una memoria viva tejida en el corazón, la mente y las manos, extiende una invitación a conocer, respetar y caminar, aunque sea por un día, bajo la protección de sus ancestros y la sombra sagrada de su territorio recuperado.