“Milagrosamente bien”: la historia de Julián Giraldo Mejía, el joven empresario que sobrevivió a un accidente cerebrovascular

El empresario reveló el devastador diagnóstico que recibió: "“El 70 % del lado izquierdo de mi cerebro estaba completamente muerto”.

El éxito, los premios y las grandes cuentas publicitarias parecían marcar el rumbo de la vida de Julián Giraldo Mejía. A los 27 años, era gerente de una de las agencias más reconocidas del país, lideraba proyectos internacionales y vivía con la convicción de que trabajar sin descanso era la única vía para triunfar. Sin embargo, en marzo de 2017, su historia dio un giro radical.

En entrevista con el programa Aquí y Ahora de La FM, Julián relató cómo un accidente cerebrovascular lo llevó a estar al borde de la muerte y lo obligó a reconstruir su vida desde cero. “Yo era un workaholic impresionante. Mi vida estaba tendiendo 100 % al trabajo”, confesó.

Una vida absorbida por el trabajo

Ingeniero industrial, especialista en finanzas corporativas y magíster en marketing, Julián fundó su empresa siendo apenas un adolescente. Con el paso de los años, el crecimiento fue acelerado, especialmente tras el traslado de la compañía a Bogotá.

Bogotá se lo absorbe a uno 24 horas. Yo vivía los 365 días del año en función del trabajo”, contó.
Las jornadas interminables, las reuniones constantes y la presión por mantener el éxito se convirtieron en su rutina diaria. “Yo sentía que levitaba. El ego se subió a la cabeza”, reconoció durante la conversación.

Los premios, el reconocimiento del sector y la expansión internacional reforzaron esa mentalidad. “Estábamos llenos de trabajo y llenos de ego”, dijo sin rodeos.

El accidente que lo cambió todo

En marzo de 2017, Julián viajó a Santa Marta para practicar buceo, una de las pocas actividades que le permitían desconectarse del trabajo. Tras cumplir las 18 horas recomendadas antes de volar de regreso a Bogotá, retomó su rutina habitual.

El 21 de marzo, al despertar en su apartamento, algo no estaba bien. “Me levanté y me caí. No entendía qué estaba pasando”.

Horas después, fue encontrado inconsciente y trasladado de urgencia a la Fundación Santa Fe. El diagnóstico fue devastador: “El 70 % del lado izquierdo de mi cerebro estaba completamente muerto”.

“Estaba muerto en vida”

Julián permaneció cerca de dos meses en la Unidad de Cuidados Intensivos y despertó 18 días después. No podía hablar, moverse ni alimentarse por sí mismo. “Todas las funciones motoras se me apagaron y se me volvieron a prender”, contó.

Durante ese tiempo, entendió que todo aquello que había construido parecía perder sentido. “Todos los premios, el reconocimiento y el trabajo no valían nada. Estaba en una cama, salvándole la vida a alguien”, afirmó.

Su proceso de recuperación fue largo y exigente: reaprender a hablar, a comer con cuchara, a coordinar movimientos y a comunicarse con el mundo. “Mi lenguaje estaba en ceros. Tuve que aprender absolutamente todo de nuevo”, recordó.

Un renacer espiritual

Más allá de la recuperación física, Julián vivió una transformación profunda. “Abrir los ojos y despertar es una oportunidad de vida tremenda”, dijo en La FM.

El accidente lo llevó a replantear sus prioridades y a entender el valor de lo cotidiano. “La vida no es nada si no es la salud primero”, aseguró.

Hoy, lejos del ritmo frenético que marcó su pasado, Julián comparte su experiencia como conferencista y autor del libro Milagrosamente bien. Su mensaje es claro: “La mente puede deprimirse o transformarse, y usted decide qué prefiere”.

De esa experiencia límite nació Milagrosamente bien, el libro en el que Julián Giraldo Mejía relata su proceso de recuperación y la transformación personal que vivió tras el accidente.

Según explicó en Aquí y Ahora de La FM, la obra no solo reconstruye los momentos más críticos de su hospitalización, sino que plantea una reflexión sobre el poder de la mente, la gratitud y la necesidad de replantear las prioridades. “La mente puede deprimirse o transformarse, y usted decide qué prefiere”, afirmó.