La Tierra y la Luna se acompañan en su órbita al Sol. El gran choque entre un joven planeta y otro gran cuerpo celeste al que los científicos han llamado Theia hace 4.500 millones de años es tan solo parte de la historia geológica de nuestro hogar, que está rodeado de una infinidad de estrellas, cometas, meteoros y planetas en su no eterno girar (el Sol crecerá tanto que se tragará a nuestro hogar).
La luna terrícola tiene un diámetro radial de 3.474 kilómetros. Es una cuarta parte del tamaño que el planeta; de hecho, su extensión lateral es similar a la de Sudamérica. Sin embargo no es el único satélite natural que ronda nuestro hogar y la ciencia quiere estudiarlas, porque podrían revelar datos del sistema solar, su formación y componentes.
El espacio profundo está lleno de cuerpos que vagan por el planeta, a una velocidad suficiente para navegar entre fuerzas gravitacionales que componen nuestro sistema solar.
Los satélites temporales, o minilunas
Hay asteroides que, en su viaje interestelar, se cruzan con la órbita lunar y se quedan rondando un rato en ella (hasta nueve meses), acompañando a la Luna y la basura espacial en el viaje espacial. Por lo general, este tipo de rocas suelen dar tres vueltas a nuestro hogar antes de salir de regreso hacia el Sol.
Pero no es el tiempo lo que significa una dificultad para los científicos, es el tamaño de las rocas; porque las más grandes pueden tener un diámetro de 75 centímetros. Es decir, deben detectar objetos de apenas más grandes que un metro en el amplio espacio.
Un asteroide de tres metros solo podría ser detectado cada 10 o 20 años. Así que los científicos intentan estudiar aquellos que pasan y para ello pondrán una misión a un telescopio específico.
Los científicos las han visto, pero saben muy poco de ellas
Hay dos modelos de medición que están a prueba con estas rocas. Porque, para objetos celestes que miden menos de diez metros, los modelos de la población no coinciden con los registros que hay en la atmósfera terrestre. El hallazgo de las minilunas ayudaría a aclarar alguna de las predicciones que tiene la ciencia.
Asimismo, ayudaría a revelar cuánto material tiene origen lunar, porque, se considera que podría ser parte de los resultados de impactos del pasado.
Y tienen con qué sustentarlo, porque un fragmento analizado en 2025 tiene similitudes con la superficie lunar si se compara con otro tipo de cuerpos y meteoros.
El telescopio que será usado
El proyecto LSST, anagrama de Legacy Survey of Space anda Time, del Observatorio Vera C. Rubin, tiene una duración de 10 años. Y, según las proyecciones del equipo de análisis, debería ser capaz de observar más minilunas, gracias a su calidad; está funcional, pero aún tiene procesos de investigación.
Se estima que, por medio de configuraciones específicas, este objeto sea capaz de detectar minilunas con alertas por pasos. Los científicos esperan que sea posible observar más lunas temporales y detalles su composición, así como forma. Esto es importante para dar un paso extra en el conocimiento del espacio.