El juicio contra Lindsay Clancy, la mujer estadounidense acusada de asesinar a sus tres hijos, ha puesto nuevamente sobre la mesa el debate sobre la salud mental durante el posparto y las condiciones que pueden llevar a una persona a perder el contacto con la realidad.
En medio de la conversación sobre este caso, surgió una pregunta difícil de responder: ¿puede una madre perder el llamado “instinto maternal” y llegar a hacerle daño a sus propios hijos? Diego Vargas, presidente de la Asociación Colombiana de Psiquiatría, explicó en entrevista con La FM qué puede ocurrir cuando una mujer atraviesa una alteración psiquiátrica grave.
No se trata simplemente de perder el instinto maternal
Ante la pregunta sobre qué puede llevar a una madre a no proteger a sus hijos y, en casos extremos, hacerles daño, Vargas hizo una precisión: no necesariamente se trata de que desaparezca el llamado instinto maternal.
“No es tanto, digamos, que se pierda el instinto, sino esta alteración a nivel cerebral y del funcionamiento de todas las sustancias a nivel cerebral que se altera completamente”, explicó el especialista.
De acuerdo con el psiquiatra, esta alteración puede provocar que la persona llegue a desconectarse de la realidad y de lo que está ocurriendo a su alrededor.
“Hace que la persona se desconecte de la realidad y de lo que está viviendo en su entorno”, señaló.
Por eso, según su explicación, este tipo de situaciones no deberían analizarse únicamente desde la idea de que una madre dejó de sentir amor por sus hijos o perdió su capacidad de protegerlos.
¿Qué ocurre cuando una persona se desconecta de la realidad?
Vargas explicó que uno de los escenarios más graves que pueden presentarse durante el posparto es la psicosis posparto, una condición que implica una alteración importante de la percepción y del pensamiento.
El especialista mencionó la presencia de alucinaciones y delirios. Las primeras pueden llevar a una persona a ver, escuchar o sentir algo que realmente no existe, mientras que los delirios corresponden a pensamientos o creencias que no se ajustan a la realidad.
En medio de esta alteración pueden aparecer ideas relacionadas con que alguien quiere hacerle daño a la persona o con la posibilidad de hacerle daño a alguien más.
Vargas también señaló que pueden aparecer pensamientos relacionados con hacerle daño al bebé, una situación que requiere especial atención y valoración profesional.
La depresión posparto también puede presentar señales de alerta
Aunque la conversación surgió a partir de un caso extremo, el especialista insistió en que es importante identificar los primeros cambios emocionales y de comportamiento.
La tristeza persistente, el llanto frecuente, la angustia, la rabia, la desesperanza y las preocupaciones constantes pueden formar parte de un cuadro de depresión posparto cuando se mantienen y comienzan a afectar la cotidianidad.
También pueden aparecer cambios en el sueño y en la alimentación.
Para Vargas, una señal importante es observar cuándo una conducta que antes aparecía ocasionalmente comienza a convertirse en algo constante.
“Antes se presentaba de manera ocasional y ahora se presenta todos los días y todo el tiempo”, explicó al referirse a cambios emocionales como la tristeza, la angustia o la rabia.
La maternidad no siempre significa sentirse feliz
Vargas también llamó la atención sobre la manera en que culturalmente se ha idealizado la maternidad.
Convertirse en madre puede estar acompañado de cansancio, falta de sueño, cambios emocionales y dificultades para adaptarse a una nueva rutina. Estas experiencias no significan automáticamente que exista una enfermedad mental.
Sin embargo, el especialista señaló que es importante pedir ayuda cuando esos cambios empiezan a prolongarse y afectan las funciones de maternidad y la vida cotidiana.
Además, factores externos como los problemas de pareja, las dificultades económicas, las situaciones de pobreza y los conflictos con el entorno pueden aumentar las dificultades que enfrenta una mujer durante este periodo.
El apoyo de la pareja puede ser fundamental
Ante una situación de este tipo, la pareja y la familia pueden desempeñar un papel importante en la detección de cambios que quizá la propia madre no identifica.
La recomendación de Vargas es acompañar desde la escucha y evitar los juicios.
“Escucha con respeto y sin juzgar”, explicó el presidente de la Asociación Colombiana de Psiquiatría al hablar sobre la manera en que las parejas deberían acompañar a las mujeres durante esta etapa.
También recomendó conversar sobre aquello que puede estar generando preocupación o angustia y distribuir los cuidados del bebé, incluyendo turnarse durante la noche para evitar que toda la carga recaiga sobre una sola persona.
Pedir ayuda es clave cuando aparecen señales de alarma
El caso de Lindsay Clancy ha llevado la conversación pública hacia uno de los escenarios más extremos relacionados con la salud mental después del parto. Sin embargo, el mensaje del especialista apunta también a la importancia de reconocer los problemas mucho antes de llegar a una situación crítica.
Ante cambios persistentes en el comportamiento, aislamiento, abandono de los cuidados, alteraciones importantes del sueño o la alimentación, o pensamientos de hacerse daño o hacerle daño al bebé, es fundamental buscar valoración profesional.
Vargas insistió en que estas condiciones tienen tratamiento y que pedir ayuda permite intervenir oportunamente.
La maternidad no siempre está acompañada de felicidad permanente. Reconocer que una madre puede atravesar dificultades emocionales y permitirle hablar de ellas sin sentirse juzgada puede ser el primer paso para que reciba la atención que necesita.