La Nasa ha realizado cientos de experimentos para comprender el funcionamiento del universo y sus orígenes, pero también ha centrado sus recursos en conocer el comportamiento animal en situaciones diferentes a su entorno natural para hacer semejanzas con el ser humano y proponer cómo se comportaría el cuerpo humano si tuviera la oportunidad de desarrollarse fuera del planeta Tierra.
En 1990 llevó a cabo uno de los experimentos más curiosos y con resultados contundentes que se hayan registrado. La Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio, envió fuera de la atmósfera más de dos mil medusas con el fin de conocer cómo se comportarían y poder hacer semejanzas con el cuerpo humano.
Pero la idea era responder una pregunta específica: ¿Qué pasaría con los seres humanos que nacieran fuera del planeta Tierra? Esta misión duró apenas una semana y los resultados dejaron sorprendidos a los científicos, aunque también respondió a su planteamiento inicial.
La Nasa envió a 2.500 medusas y regresaron 60.000: ¿Qué sucedió?
El equipo de investigaciones liderado por Dorothy Spangenberg, tenía su meta clara, pero determinar qué implicaciones tendría en el cuerpo de los nuevos animales era algo crucial: Si un día nacen seres humanos en el espacio, ¿cómo afectará la microgravedad a su sistema de equilibrio?
La microgravedad es un estado de caída libre perpetua en el espacio, en la que un cuerpo y objetos parecen no tener peso, porque aceleran bajo la misma influencia gravitacional. Según la Nasa, no es que no haya gravedad, sino que en este punto la inercia y la gravedad se equilibran, lo que permite flotar.
La Agencia envió medusas por una simple razón: poseen estructuras biológicas que les permiten detectar la gravedad y orientarse. Este rasgo, que comparten con el ser humano, les hace especiales para este tipo de experimentos. Por ello, la Nasa envió 2.500 especímenes pólipos (una edad temprana de medusa) durante una semana al espacio. Estos animales viajaron en bolsas con agua marina artificial y todo el tiempo fueron observadas.
Las medusas se desarrollaron y comenzaron a multiplicarse hasta rondar los 60.000 cuerpos. Su resistencia es conocida y lograron llegar hasta ese número. A simple vista, los científicos no determinaron que hubiera nada extraño en los animales nacidos fuera de la Tierra, tampoco se registraron complicaciones en el desarrollo de estos nuevos seres en el espacio exterior.
Un problema para las medusas nacidas en el espacio
Sin embargo, los problemas se reconocieron apenas retornaron al planeta Tierra, pues muchas medusas tenían dificultades para nadar con facilidad. Todo indicaba que el entorno en el que crecieron y desarrollaron afectó su evolución al regresar a casa de los primeros 2.500 especímenes.
Sus movimientos eran descoordinados y no podrían orientarse en el agua, algo que no ocurrió con los pólipos originales. Sus latidos en las campanas también cambiaron. Los científicos concluyeron que tenían algún tipo de vértigo dado el cambio de gravedad al entrar en órbita terrestre.
Como conclusión mayor, los científicos identificaron que nacer fuera del planeta Tierra puede tener problemas para los seres humanos, dado que si un organismo se desarrollar en microgravedad, desarrollan un sentido de la orientación diferente.