Señales para detectar a un mitómano, según experta en salud mental

La mitomanía no es un trastorno independiente, sino una conducta asociada a ciertos trastornos de personalidad.

La mentira hace parte de la vida cotidiana. Desde las llamadas “mentiras piadosas” hasta las omisiones para evitar conflictos, la mayoría de las personas ha recurrido alguna vez a distorsionar la verdad. Sin embargo, cuando mentir deja de ser un recurso ocasional y se convierte en una conducta repetitiva, elaborada y sin culpa aparente, puede estar manifestándose un problema más profundo.

Ese fue el tema central del programa Siempre Contigo, de La FM, donde la periodista Silvia Corzo conversó con la psicóloga María Andrea Rincón Araque, magíster en sexología clínica, docente e investigadora, sobre la llamada mitomanía y sus implicaciones emocionales y relacionales.

¿Qué es realmente la mitomanía?

Durante la entrevista, María Andrea Rincón explicó que, desde la psicología clínica, la mitomanía no se considera un trastorno en sí mismo, sino una conducta que puede aparecer dentro de otros diagnósticos.

“Cuando hablamos de mitomanía, hablamos de una conducta compulsiva. Son acciones reiterativas que, en algunos momentos, pueden ser incluso involuntarias”, señaló la especialista.

La psicóloga aclaró que no se trata simplemente de decir mentiras con frecuencia. La clave está en el patrón persistente y compulsivo, donde la persona elabora historias detalladas, fantasiosas y con una intención clara de ser creída.

“La mentira en la mitomanía es demasiado elaborada, demasiado detallada. La persona llega a creerse su propia historia, por eso es tan difícil detectarla”, explicó.

Mentira piadosa vs. mentira patológica

Uno de los puntos centrales de la conversación fue diferenciar entre la mentira cotidiana y la conducta patológica.

Según Rincón, la mentira común suele estar acompañada de culpa y ansiedad.

“En la mentira piadosa hay culpa. La persona siente que hizo algo incorrecto. En el mitómano, la culpa no se vive de manera tan devastadora, porque siente que su historia es real”.

Mientras alguien que miente ocasionalmente puede experimentar angustia o temor a ser descubierto, en la mitomanía la persona integra la mentira dentro de su narrativa personal.

¿Está relacionada con otros trastornos?

La experta indicó que la conducta mitómana puede aparecer en el contexto de:

  • Trastorno de personalidad narcisista.
  • Trastorno de personalidad histriónico.

En estos casos, la mentira puede tener una finalidad específica: mantener una imagen, manipular la percepción del otro o sostener una narrativa que otorgue estatus o validación.

“Aquí tenemos que ver la intencionalidad. Yo quiero que tú creas en lo que te estoy diciendo. Por eso la elaboración”, afirmó.

En el caso del narcisismo, por ejemplo, la mentira puede formar parte de una estrategia para conservar control o admiración.

Señales que pueden alertar

Rincón advirtió que no se trata de señalar ni diagnosticar a otros sin criterio profesional, pero mencionó algunas características frecuentes:

  • Explicaciones excesivamente detalladas sin que se hayan pedido.
  • Historias con dramatización intensa.
  • Relatos que cambian con el tiempo o se expanden progresivamente.
  • Conducta repetitiva en distintas áreas de la vida (laboral, familiar, social).

“Cuando la explicación no es necesaria y aun así se elabora demasiado, ahí hay una señal. La verdad no necesita convencer”, sostuvo.

Además, señaló que el mitómano suele desarrollar habilidades de seducción y persuasión.

“El mitómano es un excelente seductor. Necesita hacer creer al otro que es importante, que lo ama, que está comprometido, aunque después continúe mintiendo”.

¿Se puede ayudar a una persona mitómana?

Uno de los puntos más complejos abordados en el programa fue la posibilidad de intervención.

La psicóloga fue clara:

“Si no nos piden ayuda, es difícil que la persona busque tratamiento. Hay una negación frente a su condición”.

Sin reconocimiento del problema, cualquier intento externo puede generar confrontación, defensividad o incluso mayor manipulación. En ese sentido, la recomendación es establecer límites claros y expresar cómo la conducta afecta la relación.

¿La mitomanía nace o se desarrolla?

Frente a la pregunta sobre si una persona “nace” mitómana, la especialista explicó que no es tan simple.

“En la infancia no es tan marcado. En la adolescencia empiezan a estructurarse rasgos de personalidad. Hay predisposición biológica, psicológica y contextual”.

Es decir, factores del entorno, experiencias tempranas, autoestima y dinámicas familiares pueden influir en la consolidación de estos patrones.

Más allá de la etiqueta clínica, el programa puso el foco en el impacto humano.

La mentira sostenida puede:

  • Deteriorar la confianza.
  • Generar dependencia emocional en la pareja.
  • Provocar aislamiento cuando la red social descubre inconsistencias.
  • Desencadenar crisis personales al quedar expuesta la verdad.