Un mes después de las inundaciones sin precedentes que golpearon a Córdoba y dejaron miles de damnificados, en la zona rural de Montería aún se cuentan historias que parecen sacadas de una película. Una de ellas es la de Beatriz Martínez Díaz, una campesina que convirtió una nevera vieja en una lancha y su única opción para salvar la vida de su familia en medio de la creciente.
La madrugada que lo cambió todo
A la 1:00 de la madrugada del primero de febrero, la lluvia arreció sobre el corregimiento de Las Palomas. Beatriz recuerda que el agua comenzó a meterse en su vivienda sin dar tiempo para reaccionar. En cuestión de minutos, las corrientes rodearon la casa y obligaron a la familia a tomar una decisión que no admite dudas: salvar la vida o intentar rescatar las pertenencias.
“Logramos alzar algunas cosas, pero la creciente fue tan fuerte que se nos fue todo: colchones, sillas, lo de la cocina. Quedamos sin nada”, relata.
La salida estaba bloqueada. No había camino para entrar ni para salir. Entonces miraron la nevera vieja que tenían en la casa y encontraron allí una posibilidad. Subieron la moto de un familiar, acomodaron a la niña y aseguraron algunas bolsas. Entre todos sostuvieron el electrodoméstico para evitar que se hundiera y comenzaron a avanzar en medio del agua.
Dos horas y media contra la corriente
La travesía se extendió durante dos horas y media. El agua les llegaba a la cintura y arrastraba todo a su paso. Beatriz recuerda que encontraron serpientes que nadaban entre los escombros, animales muertos y huecos invisibles bajo la superficie. Cada paso representaba un riesgo.
“El agua corría fuerte por las calles de La Paloma. Yo grababa porque no lo podía creer. Decía: Dios mío, ¿de dónde sale tanta agua?”, cuenta.
El temor a morir ahogados estuvo presente en todo el recorrido. La familia avanzó con dificultad, empujando la nevera, deteniéndose cuando el cansancio los vencía y retomando fuerzas para seguir.
El rescate y las pérdidas
Al llegar a una zona más firme encontraron un camión que buscaba a otras personas de la vereda. Pidieron ayuda y lograron que los trasladaran hasta un punto seguro, donde recibieron atención.
La emergencia dejó pérdidas muy importantes para ellos. Dos gatos murieron ahogados, varias gallinas y pollos no resistieron la creciente. La vivienda quedó destruida. “Lo más importante es que tenemos vida y salud”, afirma Beatriz, aunque reconoce que el miedo persiste.
Un futuro incierto
Hoy, un mes después, Beatriz Martínez Díaz y su familia enfrentan un panorama complejo. Perdieron todo lo que habían construido y temen regresar a la zona por la posibilidad de nuevas inundaciones. Piden apoyo institucional para reconstruir su vivienda y garantizar condiciones seguras.