En una ranchería de la Alta Guajira, una mujer wayúu falleció sin ver cumplida la promesa que esperó durante décadas: la llegada de agua potable a su comunidad. A pesar de los compromisos de distintos gobiernos, el servicio nunca se materializó.
Su historia es relatada por su hijo, Esaú Hernández, quien manifestó en La FM que, aunque su madre murió hace siete meses, hará lo posible por honrar su memoria y persistir en la búsqueda del recurso. “Mi mamá siempre decía que algún día el agua iba a llegar, que tuviéramos paciencia. Se ilusionaba con cada proyecto que anunciaban, pero murió… y aquí seguimos igual”, lamentó Hernández.
En esta zona del país, el acceso al agua no es un derecho garantizado, sino una ardua tarea diaria. Las comunidades deben recorrer largas distancias para abastecerse, dependiendo de fuentes no seguras o de la llegada esporádica de carrotanques.
Proyectos que llegan, pero no permanecen
A lo largo de los años, el Estado colombiano ha invertido recursos significativos en diversas soluciones, desde la perforación de pozos profundos y la instalación de plantas desalinizadoras, hasta la construcción de tanques de almacenamiento. Sin embargo, el problema persiste.
Expertos coinciden en que la principal falla radica en la falta de sostenibilidad. En múltiples casos, la infraestructura opera por un tiempo limitado y termina en el abandono debido a la falta de mantenimiento, fallas técnicas o la ausencia de seguimiento institucional.
“El problema no es que no se hayan hecho intervenciones, sino que no se mantienen. Se instalan sistemas sin recursos para operarlos de forma continua; terminan siendo soluciones temporales para un problema permanente”, explicó un técnico de la región.
Infraestructura inactiva y soluciones paliativas
El paisaje de la Alta Guajira está marcado por evidencias de proyectos fallidos: molinos de viento detenidos, pozos fuera de servicio y tanques sin conexión. Esta inactividad obliga a los habitantes a depender de medidas precarias.
“Hay semanas en que el carrotanque no llega y nos toca salir a buscar. Caminamos horas para encontrar un poco de agua que no siempre está limpia. Con eso cocinamos y bebemos porque no hay otra opción”, relató una habitante del corregimiento de Karasúa.
Impacto en la salud y la niñez
La crisis hídrica tiene un efecto directo en la mortalidad infantil y la desnutrición. Especialistas advierten que el consumo de agua no apta es un factor determinante en la proliferación de enfermedades que agravan la situación humanitaria en el departamento.
“Es muy triste que los niños deban interrumpir sus clases para buscar agua bajo el sol inclemente, cargando pimpinas en la espalda para lavar sus uniformes o para beber. Aquí el agua es oro”, afirmó una docente de la zona.
Una deuda histórica
Pese a las inversiones, la crisis en La Guajira sigue sin resolverse. Si bien la aridez del territorio es un factor natural influyente, las fallas en la planificación y ejecución de los proyectos han profundizado la carencia. La historia de la mujer que murió esperando el servicio evidencia que, para las comunidades wayúu, el agua potable sigue siendo una deuda pendiente y urgente.
Preguntas clave:
¿Por qué, pese a las inversiones, La Guajira sigue sin agua potable?
Aunque durante años se han ejecutado proyectos como pozos, plantas desalinizadoras y el envío de carrotanques, muchos no han sido sostenibles en el tiempo. La falta de mantenimiento, el abandono institucional y problemas en la ejecución han hecho que varias de estas soluciones dejen de funcionar. Esto ha generado un ciclo repetitivo en el que las obras se anuncian, se implementan parcialmente y luego quedan inactivas, sin resolver de fondo el acceso al agua.
¿Qué papel juega la represa El Cercado en esta crisis?
La represa construida sobre el río Ranchería, fue concebida como una solución para abastecer de agua a varias zonas del departamento. Sin embargo, su impacto en la Alta Guajira ha sido limitado debido a la distancia, la falta de infraestructura de distribución y la dispersión de las comunidades. Esto ha generado un contraste: mientras el agua se almacena en el sur, muchas poblaciones del norte siguen sin acceso.
¿Qué soluciones proponen las comunidades wayúu?
Plantean alternativas basadas en su conocimiento del territorio, como la recuperación de jagüeyes (reservorios de agua lluvia), el fortalecimiento de pozos comunitarios y sistemas de captación adaptados a zonas dispersas. Consideran que el error ha sido depender de soluciones externas y centralizadas, y proponen modelos sostenibles que permitan que el agua se quede en las comunidades y pueda ser gestionada por ellas mismas.