El 3 de febrero de 1966, la misión soviética Luna 9 se convirtió en el primer artefacto humano en lograr un aterrizaje suave sobre la superficie de la Luna. La cápsula, de 58 centímetros de diámetro y cerca de 100 kilogramos de peso, descendió poco antes de que la nave principal impactara a distancia segura. Tras rebotar varias veces con amortiguadores inflables, desplegó cuatro paneles en forma de pétalo y comenzó a transmitir imágenes, según reseña un artículo publicado el 9 de febrero de 2026.
Aunque la misión operó solo tres días, envió datos que aportaron información sobre la resistencia del suelo lunar. Sin embargo, la ubicación exacta del módulo nunca fue confirmada. Ahora, dos investigaciones independientes plantean posibles sitios de aterrizaje, con resultados que no coinciden.
Luna 9 y el algoritmo YOLO-ETA de la University College London
Un equipo liderado por Lewis Pinault, de la University College London, desarrolló un algoritmo de visión computacional denominado "You-Only-Look-Once–Extraterrestrial Artifact" (YOLO-ETA), diseñado para detectar rastros de artefactos humanos en imágenes del Lunar Reconnaissance Orbiter Camera (LROC).
Según el estudio publicado en la revista científica npj Space Exploration, el sistema fue entrenado para reconocer características clave de módulos lunares y luego aplicado a una región de 5 por 5 kilómetros alrededor de las coordenadas difundidas en 1966 por el diario soviético Pravda.
El modelo también fue probado con imágenes de la misión soviética Luna 16, alunizada en 1970, donde logró identificar correctamente el sitio conocido, lo que reforzó la confianza en su desempeño. Al analizar la zona asociada a Luna 9, el algoritmo identificó varios puntos candidatos que muestran señales compatibles con alteraciones provocadas por un descenso artificial.
Los autores señalaron que estas ubicaciones presentan indicios coherentes bajo diferentes condiciones de iluminación y podrían corresponder a restos del módulo.
Coordenadas históricas y margen de error en Luna 9
Tras el aterrizaje en 1966, las coordenadas del sitio fueron publicadas oficialmente en Pravda. Sin embargo, el nivel de incertidumbre en los cálculos originales implicaba que el punto real podía encontrarse a decenas de kilómetros de la ubicación divulgada.
Esa imprecisión explica por qué la cápsula de Luna 9 no ha sido identificada de forma concluyente desde que, en 2009, el LROC comenzó a enviar imágenes de alta resolución de la superficie lunar.
De manera paralela, el divulgador científico Vitaly Egorov propuso otro posible emplazamiento tras comparar el horizonte visible en las imágenes originales con recreaciones topográficas modernas. En declaraciones recogidas por The New York Times, afirmó: "Un día, el paisaje me resultó familiar. Miré a mi alrededor y me di cuenta de que era el mismo lugar que había visto la Luna 9". Aunque sostuvo estar "bastante seguro", reconoció que existe un margen de error de varios metros.
Por su parte, Mark Robinson, investigador principal de la cámara del LROC, indicó al mismo medio: "Puedes mirar fijamente una imagen y tal vez sea eso, pero no puedes estar seguro".
Nuevas imágenes podrían confirmar el sitio de Luna 9
El equipo de Pinault prevé que el orbitador indio Chandrayaan-2 capture nuevas imágenes de la región en marzo de 2026. Estas observaciones permitirían evaluar con mayor precisión los puntos detectados por el algoritmo.
Si alguno de los sitios candidatos es confirmado, se resolvería una incógnita que se mantiene desde hace casi 60 años. Además del valor histórico, la identificación permitiría estudiar cómo se han degradado los materiales tras décadas de exposición directa al entorno lunar.
Mientras continúan los análisis comparativos entre modelos digitales y datos orbitales, la localización definitiva de Luna 9 depende de nuevas observaciones y validaciones independientes.